Lo llamaban Juanito ‘ginebra’

Juan Díaz ’Juanito’ recaló en la Unión Deportiva Salamanca a finales de los 70 en la época que llegaron varios jugadores del Barcelona, con el sello de su calidad, pero sin acabar de triunfar sobre el césped del Camp Nou. Fue el caso del contundente Corominas, del entregado Manolo Tomé, del elegante Martínez, del fino Pérez, del sorprendente Albadalejo y del técnico Amarillo. De aquí ficharon a un magnífico central de barbas llamado Juanjo, quien al poco recaló en el Atlético de Madrid, colores con los que acabó triunfando.

Todos dejaron huella en la mejor Unión, la que tuteó a todos los grandes de la máxima categoría bajo la sabia batuta de García Traid. Fue la Unión de la añoranza donde el delantero tiñerfeño Juanito dejó impronta de su calidad como extremo a la antigua usanza. De los que corría la banda y dejaba sentados a los defensas con su exquisito regate y su preciso toque de balón, siempre al encuentro de la portería rival y buscando al ariete para dejarle al balón en los pies o en la misma cabeza y que solo tuviera que rematar a la red. Ese era Juanito, hoy llorado por su muerte, quien además fue autor de muchos goles, incluso algunos históricos para la leyenda de nuestra querida Unión.

Tras despuntar en el Tenerife de su tierra fichó por el Barcelona de Cruyff, de Neeskens, de Rexach, de Asensi, de Migueli…, en el que estuvo a punto de triunfar, pero a la par que se aclimató al equipo lo hizo también a la calidez de las noches barcelonesas y en las salas el Paralelo y las discotecas de la Gran Vía se hizo famosa, muchas veces hasta las primeras claras, la presencia de este brillantísimo jugador que lo apodaron, inicialmente, como ‘el vieja’. Después como ‘Cantinflas’ por el gran parecido que tenía con el genial cómico mexicano, pero éste último mote como le hacía poca gracia optó por dejarle crecer el pelo a lo afro y un bigotón, muy a la moda de la época, para despistar. Sin embargo la fama de noctámbulo le ganó el fenomenal jugador y acabó en el Hércules, donde tampoco triunfó y de ahí se vino al Salamanca, cuando la Unión tenía un talento especial para fichar jugadores, que ya nadie quería y aquí acabaron convertidos en leyenda.

Fue el gran Juanito, el canario que protagonizó inolvidables tardes en el Hemántico y en todos los campos de España vestido de blanquinegro, querido siempre por la grada y aplaudidas todas sus acciones, porque era un jugador que siempre caía bien a la afición. Artista del balón y futbolista elegante que pudo haber sido una de las grandes figuras de sus época, en Salamanca también se enamoró de las noches, aunque eso no fuera obstáculo para dejar de rendir, aunque pronto la chasca charruna lo bautizó como Juanito ‘ginebra’ y ya con ese remoquete fue conocido en esta tierra de la que un día se marchó para regresar a su Tenerife del alma a poner punto y final a su brillante carrera deportiva. Pero siempre quedo la huella de hombre simpático, bromista y con un corazón de oro.

Desde entonces, en cada tertulia de aficionados añorantes de la mejor Unión siempre se recuerda al gran Juanito, con su clase y talento, corriendo como un gamo la banda del Helmántico en tardes que contribuyó a escribir la historia más hermosa de ese club.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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