El ‘día del toro’, en Buenamadre

El Campo Charro celebra esta tarde y durante toda la jornada de mañana su romería más tradicional, la más querida y enraizada entre sus gentes. La que honra a la Virgen de los Remedios en la ermita del mismo nombre, situada en el término de Buenamadre, muy cerca del río Huebra y en medio de un privilegiado teso sobre el que se domina parte de la llanada charra.

La romería tiene su día grande, el de los ‘tiros largos’, en la jornada de mañana, el ‘Lunes de Aguas’, aunque los nativos de la comarca, le supieron dar un toque de distinción y, desde épocas añejas, en esos pueblos se conoce como el ‘día del toro’, gracias a un festejo taurino que, hasta hace muy pocos años, se celebraba en su preciosa plaza de toros.

En la ermita, a partir de esta tarde dominguera comienzan los actos religiosos, con la llegada de cientos de romeros, muchos los cuales cumplen el ritual de velar durante toda la noche en la ermita para agradecer promesas o hacer algún voto, puesto que, la Virgen de los Remedios goza de mucho fervor en el Campo Charro, sobre todo entre el pueblo llano, que tras los actos religiosos disfruta de una fiesta hermosa, arraigada y que convoca a miles de personas llegadas de toda la provincia.

Precisamente, ahora que se despejan las nieblas de la memoria, a uno se le agolpan los recuerdos que tienen como escenario esa romería, como el sucedido una tarde soleada mediada la década de los 70, cuando la Unión Deportiva Salamanca disfrutaba de la élite futbolística, precisamente después de la que la jornada anterior hubiera puesto un broche de oro a su palmares, tras vencer al Real Madrid en el Bernabéu con el histórico gol de Alves. Aquel ‘día del toro’, en la ermita de los Remedios, el portero Jorge D’Alessandro, una de las legítimas figuras del aquel equipo, ante la insistencia de los aficionados, hizo una improvisada portería con dos cantos y durante más de una hora, la chavalería estuvo tirándole tiros, chut, ‘penaltis’, con la consiguiente expectación entre quienes seguían, plenos de entusiasmo, la improvisada demostración de aquella figura.

Ahora, los tiempos han cambiado y han fenecido muchos valores que nunca debió perder esa romería, como su aspecto tan tradicional y de sabor añejo, pues a la misa y procesión mañanera seguía la comida, que cuando finalizaba, con la panza llena de hornazo y vino, era más o menos al comienzo de un típico festival taurino, que tenía como escenario una de las plazas más bonitas y asoleradas de toda la charrería, la misma que, lentamente se pierde, a merced de lluvias y vientos sin que, hasta ahora, nadie sea capaz de tramitar la documentación para que sea declarada Bien de Interés Cultural y con ello poder restaurarla.

La plaza, es un coso de piedra berroqueña donde actuó lo más granado del toreo, desde Jumillano, El Viti, Camino, Antonio Bienvenida, Pallarés, Juan José, Capea, Robles, El Yiyo…, hasta muchos más que allí escribieron páginas de oro en su biografía, como los venezolanos hermanos Girón, que precisamente, cuando actuaron por primera vez en España, lo hicieron en el escenario de esa plaza un ‘día del toro’, tarde en la que a César, antes de hacer el paseíllo le debieron arrojar una herrada de agua a la cabeza para espabilar la borrachera que llevaba y poder entusiasmar con su toreo valiente y espectacular. César, poco después sería uno de los ídolos de la Tauromaquia.

Por eso, esta tarde y mañana, lo mejor es perderse por Buenamadre y disfrutar de esa romería, la más tradicional de nuestra tierra.

 

 

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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