La lenta agonía del Tren del Duero

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Hace varios años la villa lusa de Barca D’Alva acogió por todo lo alto la presentación del proyecto que presentaba Portugal para rehabilitar el trazado del Tren del Duero que discurre en su país. Se trata de los 24 kilómetros que salvan la propia Barca hasta la estación de Pocinho, todos una maravilla, como lo es la línea en su totalidad.

En aquel acto, según los políticos españoles asistentes, el camino para la reapertura del tramo que discurría en España, el que va desde la cabecera de la línea en la estación de La Fuente de San Esteban hasta la propia Barca D’Alva, se encontraba muy avanzado, tanto que, según ellos, en poco tiempo sería un realidad el comienzo de las obras que rehabilitarían el tramo cerrado en 1984. El mismo que desde su clausura, los distintos gobiernos, cuando les ha interesado, han prometido su vuelta a la actividad.

Al final ninguno se ha comprometido en firme a la rehabilitación del viejo camino de hierro, con la excepción de José Francisco Bautista, el alcalde de Hinojosa de Duero, quien vive pendiente de que no se duerman los proyectos de reapertura. Y siempre busca activar a los pueblos por donde discurre para pregonar a los cuatro vientos que el futuro de esa zona y del parque natural pasa por la futura actividad de esa joya que es el Tren del Duero. Esa joya, cuyos raíles siguen oxidándose porque ningún político ha tenido a bien conocer tanto su historia como todos sus encantos. El mismo que, vergonzosamente, está muy próximo a perderse si nadie acaba de dar el paso adelante y encender la ansiada luz definitiva. La definitiva. La que lleva esperando esa zona desde hace más de 25 años.

Porque toda esa zona sueña con recuperar ese tren que los políticos utilizan para engañar el pueblo llano, hurgando en la sensibilidad de sus gentes con un montón de promesas que se convierten en embustes. Y así una y otra vez.

Por ejemplo, cada vez que llegan elecciones el discurso es el mismo, el de aburrir literalmente los políticos con sus falsas palabras de reapertura, aunque entre ellos se lanzaban dardos envenenados cuando los gobiernos regional y provincial acusaban al Ejecutivo nacional del abandono. Mientras que los responsables del Ministerio de Fomento y los políticos socialistas acusaban a la Junta de que la línea siguiese cerrada. O sea, un barullo en el que, como Poncio Pilato, todos se lavaban las manos, pero aun así intentaban arañar algún voto con sus mentiras y sus falsas promesas de reconvertir el entrañable tramo férreo del Duero en un tren turístico.

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Mientras, todavía el pueblo espera que alguna promesa se convierta en realidad. Bien las del PP o también la de quienes votaron al PSOE, porque tanto como otro prometían la definitiva puesta en servicio para fines turísticos de la línea. ¿Y la vio usted?

Por eso ya está bien de escuchar mentiras, y la solución que uno ve es que después de tantas falsas promesas, la zona forme una gran coordinadora popular para reivindicar la joya de su tren. Una coordinadora que les saque los colores a los políticos (me da igual a los socialistas que a los populares) por ser los artífices de hundir ese tramo férreo han ido siempre de la mano) y que puede tener su origen en Todavi@, ese conjuntos de voluntaios que cada fín se semana se dedican a desbrozar la vía..

Además, como lo que de verdad acojona a los políticos es ver al pueblo defendiendo su legado y su historia y visto que ellos sólo venden humo, hoy por hoy el camino es el del movimiento de la comarca. Y que tiemblen, porque ese tren no puede seguir más tiempo oxidándose en el andén de la desidia quienes lo han condenado por el conocimiento de la tierra a cargo de quien debe defender a esta provincia.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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