El doble rasero de Santiago López

Al taurino Santiago López le encanta el populismo y sobre todo saber venderse para quedar bien con los principales medios de comunicación taurinos. Ocurre con asiduidad en el espacio radiofónico dominical de Manolo Molés, en el que es frecuente escucharlo con sus particulares ‘aportaciones’ para engrandecer la Fiesta. O sacar pecho de sus actividades (como la cornada sufrida por José Tomás en México y él resulta que sabía más de cirugía que el doctor que lo iba a intervenir). Sin embargo, Molés, nunca le pregunta el motivo por el cual todos los toreros que ha apoderado desertan de él tras vivir una dura pesadilla. Ocurrió con José Tomás, El Fandi, Urdiales, Víctor Puerto, Román, Pinar… y otros que quedan en el tintero. Porque a Santiago López si algo le encanta de verdad de su oficio es salir en la televisión y hacer las cosas de cara a la galería, por lo que más allá de los círculos profesionales apenas se conocen las numerosas víctimas que han quedado en la cunetas de sus labores.

Fruto de su populismo fue esa forma, esperpéntica por su forma de llamar la atención, de apoderar a Román en la novillada de Fallas que enamoró a Valencia. Ese día, Santiago López urdó un plan, siempre con la tele por medio, para buscar el impacto de un apoderamiento acordado como siempre, tras llamar al periodista de Canal Plus con la finalidad de captar el momento de dirigirse al novillero, “Román, ¿quieres torear el segundo novillo con apoderado?”. Hoy, pasados tres años, dicen que Román ya no lo ve tan bonito como se lo pintaron y si tiene que tragar es porque Santiago López está en la empresa de Valencia y en caso de romper se queda sin la posibilidad de torear en el coso de la calle de Xátiva, su particular plataforma. Y sería un caso como el de otros toreros que tras pasar por las manos de Santiago López después se dedicó a destrozarlos desde la sombra.

Triste fue la época que apoderó a Urdiales y después de no cumplir siquiera las labores de apoderado al no presentarse en varias corridas sí lo hizo cuando llegó Bilbao, más que nada porque allí estaban las cámaras de Canal Plus. Ese día el torero harto de lo mal que lo había llevado decidió poner tierra por medio y decir que si quería estar se sacase la entrada y se fuera al tendido. O la de El Fandi al hacerse figura y no ver el muchacho  dinero alguno tras jugarse la vida y estar en todas las ferias. O el de José Tomás, alegando siempre que se rompió al querer dejar el mito de Galapagar a Emilio Miranda, socio en el apoderamiento y él se solidarizó con el colega. Sin embargo el entorno de José Tomás siempre ha dicho otra cosa.

Y no digamos en su labor empresarial. En esta labor nadie olvida lo sucio que jugó en Granada, su tierra natal. Desde entonces lo quieren correr a gorrazos. Allí tras un año de explotación del coso de Los Cármenes y aún con contrato por cumplir desertó de seguir rigiendo la plaza, que llevo junto a un socio, el ínclito Simón Casas –sin palabra mala, ni hecho bueno-.

Todas estas cuestiones de los haceres -cada ves más sucios- de Santiago López, los desconoce la opinión pública. Además entre el gremio molesta su afición a ’radiar’ las corridas dando voces desde el callejón, situación que le ha originado diferencias entre distintos diestros que apoderó. Una cosa es orientar de un cambio de terrenos o algún detalle de la lidia y otra muy distinta ’radiar’ cada momento para indicar lo que debe hacer. Aunque lo hace de forma distinta si está en un pueblo o si se encuentra delante las cámaras de Canal Plus o un medio importante.

Porque Santiago López siempre ha buscado el populismo por encima de todo. Y ahí están las pruebas, que como el algodón de no engañan.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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