Suerte, Jiménez Fortes

A Saúl Jiménez Fortes, que ha vuelto a nacer en pleno ferragosto, le mando mi mejor deseo y me descubro ante él con toda la admiración. Con la admiración que se ha hecho ganar quien sale a la plaza a darlo todo. A entregarse por tan noble causa como la de ser torero en la que no hay que dejar nada guardado. Porque el toreo es entrega, pasión y emoción, lo que él mamó de pequeño en su casa de Málaga porque su madre, Mary Fortes, en sus tiempos de novillera conquistó a los públicos con ello.

Hoy, tras saltar todas las alarmas a raíz de la brutal cornada sufrida en Vitigudino y cuando se recupera en un hospital de Salamanca solo queda el deseo de volver de nuevo a disfrutar con su torería. Con ese capote largo del que fluyen magníficas verónicas; o de su muleta, cada vez más sentida y mandona. Porque Jiménez Fortes merece mucho más del arte del toreo, al que ahora ha tributado su sangre con tanta dureza y del que queda la ‘herencia’ de un montón de cicatrices que luce su cuerpo. Que las luce con el orgullo de los soldados triunfantes que llegan del frente y le llenan la pechera de condecoraciones.

Pero de aquí para adelante tiene que cambiar y dejar en la cuneta tan mala suerte como se ha abrazado a él cuando se viste de luces y que va a cambiar. Porque con su entrega es necesario en esta Fiesta tan necesitada de emoción, que es donde está su sitio. No donde lo quieren mandar quienes ignoran su tesoro y desconocen la grandeza de la Tauromaquia, ignorantes de tantos ejemplo de toreros que pagaron un duro peaje inicial antes de ser figuras

No olvidemos que la historia está llena de toreros que también fueron heridos con frecuencia y alcanzaron altos techos, lo que merece Jiménez Fortes. Como aquel Ricardo Torres ‘Bombita’,que pasó a la historia entre otras cosas por fundar el Montepío de Toreros y en sus primeros años a la hora de hacer el paseíllo sus propios compañeros en vez de suerte le decían: “Que no sea ‘ná’, Ricardo”. Junto a otros y más reciente en el tiempo está el caso de Diego Puerta,aquel torero que enarboló la bandera del valor y a quien herían tanto los toros en sus primeros años que también le sugerían que se retirase. Como hacen ahora algunos con Jiménez Fortes.Más cercano aún hay otro ejemplo como es el de Víctor Mendes, quien en su esplendor como torero de ferias tuvo un par de temporadas que lo cogían muchísimo los toros. Pero con la gran suerte que casi nunca lo hirieron (luego de retirado sufrió dos cornalones en festivales).

Ahora a desearle lo mejor a este espigado torero malagueño que es hijo del cuerpo, como llamaba Curro Fetén a los profesionales con sangre torera. El mismo que desde año y medio encontró la horma de su zapato en la persona de Nemesio Matías, un empresario del automóvil natural del pueblo charro de Sancti Spíritus, que siempre fue un entusiasta aficionado y ha sido la persona que mejor lo ha comprendido. Quien siempre está ahí para empujarlo cuando era necesario, para alentarlo en la ocasión y defender su carrera con la dignidad que se sabe ganar en el ruedo.

Desde hoy quedará el recuerdo de esa nueva cornada de espejo sufrida en el cuello. Esa cornada que encogió a todos el corazón en el pueblo del maestro El Viti, quien presenciaba la corrida desde una barrera. Pero sobre todo va a ser la que definitivamente cambie la moneda para que Jiménez Fortes encuentra lo que deseé. Y cuando lo logre será para bien de la Fiesta, porque él trae entrega, pasión y emoción, que es lo que mueve y engrandece la Tauromaquia.

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