Y Pallarés aplaudía desde el cielo

Llegó el lunes de feria y con el cielo encapotado la mañana se tiñó del color ocre de los recuerdos. Del color de otoño, en medio de la nostalgia y las emociones que hurgaban en el alma bajo la rememoranza de Paco Pallarés. Del exquisito torero de La Fuente de San Esteban que tal día como ayer de hace medio siglo, tras enamorar en los escalafones inferiores, llegó a Salamanca para hacerse matador de manos de El Viti y con José Fuentesde testigo. Fue todo en un sencillo homenaje bajo el paraguas de la solemnidad hacía quien fue un torero sensacional alrededor de la pasión de su alternativa junto a un Viti que bajo su cabellera plateada desgranaba vivencias y un Fuentes que vino desde su casa de Las Pajanosas para volver a estar presente en la memoria de quien fue más que un compañero. De un hermano del alma, que fue su particular ‘pareja de baile’ novilleril en los ruedos de la mano de El Pipo y que se emocionó cuando volvió a repetir su nombre de quien quedó para siempre unido a él.

Fue el homenaje a uno de los más grandes toreros de la tierra en la fecha especial del 50 aniversario de la alternativa y que ayer se asomó a su palco celestial para saludar a todos los toreros de la eternidad en ese día que los aficionados tienen enmarcado en oro en el corazón de sus sentimientos.

Fue un 14 de septiembre, fecha que la plaza de Salamanca ha escrito tantas páginas para la historia, aunque ninguna con la trascendencia de aquella. De la alternativa de Pallarés bajo cuyos ecos uno creció escuchando a los aficionados de su pueblo y a quienes disfrutaron del acontecimiento. Impregnados de la sabiduría torera y humana de Pallarés encaminamos a La Glorieta inmersos en disfrutar de una tarde que sobre el papel tenía interés en un festejo denominado mixto, hoy tan de moda. Y que contaba como gran revulsivo con Juan del Álamo, quien debía ratificar en Salamanca las buenas vibraciones que dejó en numerosas ferias. Por eso era el momento de dejar claro que él quiere sentarse en el trono de la torería charra, vacío desde hace tiempo y ser el rey de los toreros de esta tierra.

Ser el torero de Salamanca, que siempre fue un signo de distinción y sobre todo conlleva la responsabilidad de estar a la altura de tan alto legado. De dar honores a la Tauromaquia, como lo hicieron quienes respiraron estos aires y alcanzaron nombradía en el toreo. Del Álamo sabe que es su momento para dar ese paso y con esa mentalidad pisó las arenas de La Glorieta. Arreando, como dicen los antiguos. Y no se arredró cuando lanceó a su primero con vistosidad en la capa, fue un toro que se mostró reservón en banderillas y se llevó por delante al peón Agustín Serrano cuando se disponía a parear, a quien hirió. Brinda a El Viti, siempre con las ovaciones que despierta el maestro y el torero salió muy dispuesto aprovechando la condición del toro con una magnífica interpretación, mejor por la diestra, donde hubo un toreo largo y poderoso que llegó rápido a un público que siguió desde la pasión su importante trasteo. Al mismo que puso fin con una estocada un pelín caída, en el llamado ‘rincón de Ordóñez’ -como bautizó Cañabate a las estocadas ligeramente caídas del coloso de Ronda- que no le privó de cortar las dos orejas.

Con la puerta grande amarrada, pero como si se jugase todo a una carta en el sexto y su carrera fuera un ser o no ser, Del Álamo salió a matacaballo y lo recibió con jaleadas verónicas. Después lo toreó en la faena de muleta principalmente sobre la diestra, donde su toreo por momentos se ralentizó para lograr una nueva oreja.

Por delante de Juan del Álamo fue Sebastián Castella quien firmó una larga faena a su desclasado primero, larga y vulgar. Pero fue en el quinto, un manso que en los primeros no quería pelea, al que toreó con suavidad y mimo, con temple. En las cercanías donde se engolosinó el toro de la muleta que manejó con ritmo y sandunguería el francés, sobre todo en una serie al natural. Mató con el grave hecho de hacerlo perdiendo la muleta y como en estos tiempos de incultura taurina donde predomina el ‘todo vale’ lo premiaron con las dos orejas. ¿Dónde está el valor de la suerte suprema?

Y por delante el veterano Hermoso de Mendoza, ya aburrido de tantos años y sin la frescura con la que escribió su leyenda como uno de los más grandes. Y que el navarro tuvo una tarde gris y muy lejos de lo que ha sido. Triste seguir cabalgando sobre la plaza para sumar un poco más, sobre todo cuando se ha sido una figura de época, sin reconocer la decadencia y la falta de motivación de la que hizo gala.

Fue el punto negro. Porque el verde, que es el color de la esperanza, fue el que tiñó la tarde que coronó a Del Álamo. Porque cuando lo sacaban en hombros por la puerta grande y la gente gritaba ¡torero, torero! hasta Paco Pallarés se asomó a su balcón de la eternidad para aplaudir a quien acababan de coronar como nuevo rey de la torería salmantina.

FICHA DEL FESTEJO

Ganadería: Se lidiaron dos toros de San Pelayo, para rejones. El primero sin fuerzas y falto de raza; el segundo con más clase. Y cuatro de Montalvo para la lidia a pie. El lidiado en segundo lugar flojo; el tercero con clase; manso el quinto, aunque rompió en la muleta y bueno el sexto.

Pablo Hermoso de Mendoza: Palmas y ovación con saludos y silencio.

Sebastián Castella: Ovación tras dos avisos y dos orejas.

Juan del Álamo: Dos orejas y una oreja.

Entrada: Poco más de media en tarde agradable, aunque ventosa.

Cuadrillas: En la lidia del tercer toro fue cogido el peón Agustín Serrano cuando se disponía a colocar un par de banderillas. Fue trasladado a la enfermería2015914221627_DD2jWRb.jpg

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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