Prohibitivos precios de Salamanca

En Salamanca son días de conclusiones. Atrás queda la feria taurina y todas sus definiciones, donde ahora mimo lo más importante y feliz es que Miguel Ángel Perera se recupera con asombrosa rapidez de su gravísima cornada, al igual que el excelente peón Agustín Serrano, quien ya va camino de su casa madrileña para continuar la recuperación.

Son también jornadas de analizar los pormenores de un ciclo ferial que fue azotada por el frío y la lluvia, lo que restó público, no cabe duda. Sin embargo, Salamanca arrastra otra problema gravísimo que no se acaba de atajar y de ahí radican las pobres entradas de La Glorieta. Se trata de los altísimos precios de las localidades de la plaza, impropios par una provincia carente de industria y con una población tan envejecida como Salamanca.

Ahí la empresa no ha sabido atajar el mal. Bien cierto es que han llevado adelante la ‘grada joven’ que es un éxito y algunas otras cosas, pero el verdadero problema no lo han resuelto. Porque la feria de Salamanca tiene unos precios prohibitivos para un bolsillo normal, razón por la que cientos de aficionados se quedan sin ir a la plaza. Por más que la prensa se lamente que es una pena ver así los tendidos y que el entorno de la empresa no sepa tocar la tecla, en la feria charra, no hay otra solución que rebajar drásticamente las entradas.Y ahí está el futuro. O la semilla para sembrar un futuro más digno. De no hacerlo está condenada a morir. Porque en condiciones normales y visto el resultado de este año, de seguir con su política, ahora mismo, sobra otra tarde en la feria.

El precios de una localidad en el coso salmantino cuesta como en Sevilla, Ronda, Bilbao… que son las más caras del país y en casos más del doble que Valladolid, Albacete, Zaragoza, Granada, Valencia, Santander, Burgos, Francia en su totalidad, Badajoz…

Reconozco que hablar del dinero son temas tabús y muy espinosos, críticas que duelen como un aguijón envenenado. Porque a un profesional de cualquier ámbito le rebajan la nómina y literalmente bufa. Eso mismo le ocurre al actual empresario de Salamanca y antes a su pariente José Antonio, el actual empresario de Madrid que perdía sus habituales buenas formas si le preguntaban por los precios tan abusivos cuando organizaba el ciclo. Pero la realidad es esa, si quieren que esa feria vuelva a resplandecer todo pasa por una gran bajada del precio de las localidades, porque las de ahora son impropias para los bolsillos. Y es que si algo cuesta, pongamos el ejemplo, 15 no se pueden pagar 35, que es lo que ocurre en la feria de Salamanca.Alguien preguntará a qué se debe el alto precio de ver las corridas en La Glorieta. La cuestión del encarecimiento no es más que fruto de la época de oro del toreo charro, es decir de la década de los 70, cuando la gente se pegaban por ver torear al Viti, Capea y Robles, junto a la excelente nómina de toreros existente que eran acartelados en la feria. Pero lo cierto es que desde hace 20 años no solamente se mantuvieron aquellos precios, sino que se le añadía el IPC e incluso algún incremento, con lo que acabaron de echar a la gente de la plaza.

Y esa es la realidad y sobre la que deben ponerse a trabajar. No hay otra para recuperar la feria. Normalizar los precios.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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