Eso que hace Urdiales, eso es el toreo

Entre la genialidad y lo sorprendente queda un largo camino que lo separa de la cantidad, o sea del número. Entonces surge el arte, que son los dictados que trae el alma, los que no tienen orden establecido y abren sus puertas cuando llega la inspiración. Lo decía Curro Romero, el arte nunca sabe de números. Y esa fe de la leyenda del Faraón de Camas ha encontrado en Diego Urdiales su verdadera respuesta. En el genial torero de Arnedo, que resplandece en esta temporada de 2015 con los rayos de su pureza.

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Diego Urdiales refleja la verdad de lo que es el toreo y él es uno de los pilares que representa la verdadera senda por la que el aficionado se emociona en la plaza. Porque torear es lo que hace este menudo riojano, ya herrado con el sello de torero de aficionados. De quien lo sigue para huir de la cantidad como ha impuesto un sistema un tanto huérfano de toreros puros y que transmite que  bebe de las aguas más limpias de la torería. Como es el caso de Diego Urdiales, quien, junto al maestro Juan Mora, los dos últimos lujos del toreo.

Urdiales ha sido el mejor antídoto contra la crisis de la Fiesta gracias a la corrida de su éxito de Bilbao y el reciente mano a mano en Logroño, en la que emocionó por sus andares, por la manera de citar, de llevar al toro, de templar tras el embroque y siempre con el aura de su empaque. Por su concepción tan pura y ese elegancia natural que le dan el sello de torero de toreros y también de torero de aficionados, que es lo que todo aquel que se viste de luces quiere lucir como bandera de orgullo artístico.

Porque en esta época de tan buenos toreros, como ese genio de Morante, el creativo Talavante, el artista de Morenito de Aranda –a quien no le da el sitio que merece- es un lujo disfrutar con este riojano de Arnedo que es la última ilusión de los aficionados. Con este Diego Urdiales, que es junto a Juan Mora los dos últimos lujos del toreo puro y eterno. El de verdad y que nunca muere. Porque la diferencia con el resto es que entre la genialidad y lo sorprendente queda el largo camino que los separa de la cantidad.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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