El vivero de Tamames

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El toreo tiene que sembrar una semilla cada día para asegurar un mañana digno con la magia que encierra. Y en estos tiempos cuando tantas trabas existen para organizar novilladas, la villa charra de Tamames es un ejemplo. Porque allí, taurinamente, se organizan las cosas para sembrar la semilla del futuro.

Ocurrió el domingo con la exitosa ‘sin caballos’ y hoy con la picada. La mejor prueba era ver cómo estaba la plaza, completamente llena y con muchos profesionales entre el público. A pesar del habitual ‘reventón’ del martes de las fiestas de Tamames, siempre se esfuerzan para no apagar la llama de la afición gracias a tantos alicientes como ofrece la villa pucherera en una tarde de toros. Y en esta ocasión con la solidaridad a favor de Caritas, gracias al impulso de Carlos Navarro de invitar a cada niño que aportase un kilo de alimentos.

Comenzó la novillada con la gente resguardándose de la tormenta que llegó por la sierra y descargó desde momentos antes del paseíllo, dejando a partir de entonces un tempero frío. Con toda la ilusión de triunfar ante sus paisanos, Carlos Navarro, se fue a portagayola en su primero y resultó arrollado, saliendo magullado y con la chaquetilla destrozada. Allí salió al quite su compañero Alberto Escudero y entre tanta confusión de capotes el novillo le echó mano para inferirle una cornada en la axila derecha (con abundante hemorragia), otra en el escroto, junto a la conmoción cerebral que se produjo al caer contra el suelo. Lo llevaron a la enfermería y allí fue operado en la UVI móvil por el magnífico equipo médico que estaba contratado.

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La novillada recién comenzada quedó en un mano a mano y a todos nos sobrecogió la mala suerte de Escudero, quien tenía también la importante cita de Arnedo el jueves. Ojalá se recupere pronto y vuelva a su senda como una ilusión de esta tierra, siempre con su sonrisa franca y sincera que guarda en su extraordinaria humanidad.

Fruto del percance y en un gesto de toreros, al finalizar el festejo, Navarro y Valencia, salieron de la plaza -ya en medio de las primeras sombras de la noche- caminando por respeto al compañero herido, después de que ambos cortasen dos orejas a su último novillo. El local Navarro, que aún pudo pasear más trofeos de no ser por la espada, dejó la tarjeta de su gran valor, también el aroma de sus series templadas y las ganas que demostró en todo momento.

De igual manera fue muy interesante la labor del colombiano Guillermo Valencia, variado y con recursos, queriendo siempre, sin dejarse ganar la partida y yendo a más. Todo en el escenario de la tarde fresca marcada por el triste percance de Escudero nada más comenzar el festejo y al que se desea ver pronto de nuevo en los ruedos, junto a sus dos compañeros que ayer salieron a darlo todo en la plaza de Tamames. De ese pueblo que siempre organiza sus festejos taurinos del Cristo del Amparo sembrando la semilla en la besana del futuro.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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