¡Siguen los disfraces en el ruedo!

Y no ante la próxima llegada del Carnaval. No, porque en el toreo a pesar de los sucesivos ridículos que han supuesto las corridas que se hacen del decorado habitual, siguen anunciándose festejos de esa índole. Como ocurre ahora con la denominada ‘Cervantina’ que se ha programado en la plaza de en Alcalá de Henares.

Bajo la inspiración de Antonio Ordóñez se comenzó a celebrar la goyesca de Ronda, convertida en uno de los grandes eventos taurinos del año y en la que se cuidan todos los detalles. Al igual ocurría con la tradicional corrida goyesca del 2 de mayo en Madrid, en la que incluso se ponía en práctica el salto con la garrocha que tantos años protagonizó aquel banderillero alcarreño -que antes fue Guardia Civil- llamado Aurelio Calatayud.

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Hasta ahí bien, sobre todo porque se cuidaba la coreografía y se respetaban los detalles de la época que llamó en sus pinceles don Francisco de Goya. Sin embargo la proliferación actual ha llegado muchas veces al absurdo y la falta de respeto al hacerse sin ningún criterio y convertir los ruedos en auténticas salas de disfraces a la que, en ocasiones, hasta se prestan toreros de postín. Lo hemos visto en goyescas celebradas en otros puntos del país. En la picassiana de Málaga con un Talavante ataviado de hortera y lejos del vestido que le diseñó el genial de Pablo Picasso a Dominguín para su vuelta a os ruedos a principios de la pasada década de los 70. En las pinzianianas, que son una pantomima e insulto al clasicismo de la Tauromaquia. Y ya no digamos de la teresiana que acogió el pasado año Ávila y tuvo su extensión en Alba de Tormes. O tantas otras que intentan buscar un gancho y, al ser organizadas por manos chapuzas que desconocen la historia, no acaban más que siendo un desastre y una tomadura de pelo para un aficionado harto y del que nadie se preocupa.

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La corrida, con toda su puesta a punto, es un cumulo de colorido, belleza, historia y tradición que se debe respetar. Todo lo demás es prostituirla y ahora no es tiempo de jugar con ella, como pretenden hacer en Alcalá de Henares con la ‘cervantina’ en la nueva continuación de los disfraces en el ruedo.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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