Una tarde de oro y fracaso

Llama la atención la escasa cultura taurina que existe. Hoy la mayoría de los medios analizan la tarde de ayer con rimbombantes frases tales como ‘llenazo histórico’, ‘lo nuca visto’… en medio de una maquinaría que barre a favor de José Tomás y con la finalidad de tapar el fracaso. No se si lo hacen de manera interesada o por desconocimiento. Porque La México hasta la pasada década de los 90 en la que dejó de estar en manos de Curro Leal colgaba muchos domingos el ‘no hay billetes’.

Tampoco saben que La Monumental –también conocido ‘el embudo’ de Insurgentes- se construyó con ese aforo tan gigantesco porque las dos plazas que había en México –El Torero de Cuatro Caminos y el Toreo de la Condesa- se quedaban pequeñas y se suspiraba por una mayor para poder ver, sobre todo, a Manolete. Precisamente fue el coloso de Córdoba quien la inauguró el cinco de febrero de 1946 alternando con El Soldado y Luis Procuna frente a una corrida de San Mateo. Y también Manolete fue el primer torero en cobrar un millón de pesetas, aunque hay que puntualizar que cobró en dólares y entonces con la peseta tan baja en la época de la postguerra- al cambio alcanzó el millón. El que si llegó a cobrar un millón fue, siete años más tarde, el salmantino Jumillano, entonces un dineral con el que se compraba un finca.

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Lo mismo sucedió en los años 60, 70, 80 y hasta alcanzados los 90 –aquí llegó la ruina de esta plaza vino de manos del doctor Herrerías, quien nunca captó el interés de la afición y lentamente desertó del ‘embudo’-. Entonces era habitual esa entrada en La Monumental de México, por lo tanto anoche no fue nada histórico, era recuperar tiempos de esplendor. Lo que si hubo fue un torero que revolucionó el ambiente al igual que ocurría en décadas pasadas. Y esa es la realidad, no la que mucha prensa de hoy, por ignorancia o por servir a la causa, nos quiere vender.

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Y con esa corrida en la que el tópico de ‘tarde de expectación, tarde de decepción’ se hizo patente hay que examinar las causas del fracaso. De momento la afición –mucha de ella llegada desde España- se decepcionó, una vez más, con el toro que se lidia ahora en La México y ahí, con el torito comercial y falto de emoción, fallaron las gentes de José Tomás en no estar a la altura del interés internacional que levantó su presencia y que incluso superó al de su reaparición en Barcelona en junio de 2007. Falló el toro y también en el último que ya se vino abajo y esto en él es llamativo al ver que la tarde se le fue de vacío y sin embargo le ponía nombre de triunfo el manito Joselito Adame, la figura actual de México, que es un exponente de trampas y ventajismos de esta época.

Y lo que ha sido y es, un torero colosal –sobre todo el de las temporadas 97, 98 y 99-, no se lo quitará nadie al de Galapagar. Esa medalla es suya y con ella ha entrado en la historia, pero devaluada en su vuelta -y eso que desborda todas las previsiones las veces que torea- al no rivalizar con las principales figuras en las plazas de mayor categoría con el toro de verdad. Y todo con el privilegio de contar con un sistema que publicitaba cada movimiento que hace como no lo ha tenido nadie y contribuye a engordar su mito. Como tapar que no le televisen las corridas, porque está claro que si se le televisan y la gente ve el toro al que se enfrenta en dos tardes se diluya su leyenda.

Ojalá la tarde gris de ayer le sirva para cambiar el chip y este 2016 comparezca en 10 o 12 tardes en la temporada europea. Sería su mayor ayuda a una Fiesta herida y atacada con balas desde diferentes trincheras. Y el mejor puente para despertar a la afición. Pero con el toro que de relieve a esas corridas que, desde su vuelta, muchas veces son becerradas sociales.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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