Antonio Risueño, el cura de los toros

Hoy mando mi brindis  a una gran persona. A un amigo mirobrigense, cura y taurino, que se llama Antonio Risueño, que es una ‘rara avis’ de estos tiempos marcados por el egoísmo, porque él solamente se levanta para hacer el bien y hacer uso de la generosidad. Época que tantos tratan de de hacerse notar sin saber que son iluminados de bombillas fundidas.

Me descubro ante su cultura, sabiduría y señorío, en estar siempre ahí cuando el sol brilla en la cara o en días oscuros espantados por los cierzos de la traición. Antonio es fiel asimismo. Bien sea desde el púlpito cantando misa o en una plaza de toros disfrutando de su pasión taurina. Porque los toros es la mayor ilusión que tiene y el motor más importante de su ocio.

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Sujetando con firmeza el timón y tratando de igual a igual a todos, pero más cerca del débil y necesitado que del poderoso. Ese es Antonio Risueño, un caso de aficionado, que muchos domingos acaba la celebración y se despoja de las ropas sacerdotales para coger el coche y desde sus territorios de la sierra de Gata marcha a Madrid para ver una corrida dominguera. O a Sevilla. O a Bilbao… si se tercia para seguir a algún torero de su interés.

Señor siempre, amigo fiel de quien es su amigo, jaranero si se tercia como buen mirobrigense, Antonio Risueño, que además es bolsinista con rigor y saber hacer, ya vive estas fechas con la emoción del Carnaval. Desviviéndose para que sus amigos forasteros lleguen a Ciudad Rodrigo y se sientan en casa, con calderilla en el bolsillo para que no falte nada e invitar a una ronda de vino siempre abrazado a la alegría y el buen hacer.

Por el orgullo de haber encontrado en las sendas de mi vida a personajes de esta categoría humana mando mi brindis. Siempre a este Antonio Risueño, cura y taurina, que ya vive su Carnaval.
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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

3 comentarios en “Antonio Risueño, el cura de los toros

  1. Suscribo todo lo que dices, Paco. Yo también me enorgullezco de tener un amigo como Antonio. Por encina de todo, una buena persona. Que al fin y al cabo, es de lo que se trata en la vida, por lo menos en mi escala de valores. Nadie podrá decir nunca, «Antonio me a hecho daño intencionadamente» .
    Te doy las gracias, Paco, por este detalle con nuestro amigo Antonio.

  2. despues de algun tiempo tratandole me entere que era cura me salio del alma le dije joder antonio eres muy buen tio pero no pareces cura eres un cura de la secreta

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