Mi homenaje a Uceda Leal

Uceda Leal es un símbolo de distinción en la torería actual. Uno de los más puros y solemnes intérpretes, sin olvidar que es el mejor estoqueador desde los tiempos, ya lejanos, de Paco Camino. Un lujo de la Fiesta actual, a pesar de esa imagen fría que en ocasiones lo acompaña. Pero lo cierto es que es un diestro completísimo con capote, muleta y espada, ya impregnado por el poso de la madurez y acompañado de unas formas naturales que son un tesoro. Además de ser el manantial de una fuente que debe servir de inspiración para las nuevas hornadas.

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Siempre fue un torero al que seguí. Ya lo hice en sus días de novillero y con el que no me importó hacer kilómetros para verlo en las plazas, lo que me permitió que disfrutase en directo con algunas de sus más cantadas y celebradas faenas. Con las que hurga el alma de aficionado ante la pureza y la cascada de torería con la que mueve su templada y majestuosa pañosa. Porque Uceda Leal es mucho más que un grandioso estoqueador; es un brillantísimo intérprete del toreo a la verónica y un botón para mostrar en el clasicismo de su muleta.
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Ahora lo acaban de homenajear un grupo de amigos en el madrileño restaurante Lhardy con motivo de sus veinte años de alternativa. Marco ideal en el emblemático local del más solemne Madrid a su torero más castizo de los últimos años, al que aún le quedan tantas faenas de brillo que regalarnos en esos momentos que ilumina los ruedos con la magia de su arte. Porque él mismo es ese prototipo del diestro que en la madurez deja aún más poso que en la novedad de los primeros años, sencillamente porque el buen aficionado nunca se cansa de verlo y siempre hay algo nuevo que regala su arte para deleitarse. Para sentir esa innata torería que tiene en Uceda Leal a uno de sus protagonistas. Con solemnidad, siempre y su propio sello de distinción.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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