Un respeto a Manuel Díaz ‘El Cordobés’

Manuel Díaz, el rubiales torero de Arganda del Rey, sigue en la pomada y con el personal, ansioso, a la espera del resultado de las pruebas de paternidad. Para hacerle justicia a un hombre luchador y también para ver qué ocurre y cómo reaccionará el viejo Cordobés inmerso ahora en difíciles momentos tras la inesperada separación matrimonial con la francesa Martina.

Revolotea el asunto más allá de la prensa rosa gracias a la valiente decisión del torero, que por fín ha dado el paso adelante para dignificar a su madre y a él mismo en un reconocimiento de paternidad. Aunque existen ocasiones que el ADN no es necesario, como es el caso, porque ambos son dos clones, en el físico y en la manera de estar. Pero la oficialidad la debe rubricar un juez.

Nunca me sentí atraído por la interpretación y formas de Manuel Díaz, a quien por otro lado respeto. Ni tampoco lo vi más allá de las veces que tuve que estar en una plaza por obligaciones periodísticas, pero sí apoyo esa simpatía y carisma popular que lo han convertido en un torero del pueblo, capaz de llenar plazas que nadie lo logra. Y a la vez esa generosidad que siempre ha mostrado con los más desfavorecidos, con la gente discapacitada a la que ha dedicado atenciones y regalado mucho afecto.

Todo un personaje que tiene una mirada vivaracha, pero siempre marcada por esa tristeza que le quedó herrada desde niño con ese padre rico y famoso que no quiso saber nada de él, dando a su hijo natural el más absoluto de los desprecios, lo que ha sido una humillación que llevó escrita en su cara. Sobre todo al quedarse mudo y sin palabras en el momento que sus niños le preguntaba el motivo por el que no conocían al abuelo Benítez. Y ahí Manuel Díaz le contestaba con una sonrisa cuando la realidad es que se tragaba las lágrimas de dolor e impotencia.

Ahora a la espera del resultado escribo esta crónica con respeto al Cordobés chico (como lo llamaba el viejo Zabala), que es un tío majo y simpático, una de las personas más agradables del toreo. Y también de respeto al viejo Benítez para que al fin reaccione y sepa estar a la altura en este toro que le ha tocado bregar. Para que esos niños de Manuel Díaz, sus nietos pueda iluminársele la bombilla de su corazón en el momento que los abrace el abuelo Benítez.

Porque quien tanto ha sufrido y tuvo que luchar contra la marginación de la época al ser hijos de madre soltera merece una dignidad. Y una reposición sentimental a tanto dolor. Con todas las obligaciones y derechos.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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