Puedes irte orgulloso, Vicente

Se perdió el partido de octavos contra Italia y sonó el silbato del regreso con el sueño roto de alcanzar la tercera corona continental consecutiva. Adiós con lágrimas a poder revalidar la hegemonía europea el próximo diez de julio en París y ahora que ya todo es historia queda la gratitud a una Selección que nos dio infinidad de alegrías y ha sido acaparadora de tanta admiración.

Pero más allá de finalizar la Eurocopa y quedarnos con la miel en los labios, la noticia sentimental de esta tarde ha sido la posible despedida de Vicente del Bosque a una carrera cargada de honores, digna de la máxima admiración y coronada con la fusión de crear belleza entre el balón y la caballerosidad. Hoy, si no hay nada extraño en los próximos días -él mismo manifestó que a final de la Eurocopa ponía fin a su periplo con la ‘roja’-, ha dirigido su ultimo partido quien ha sido el señor del fútbol y responsable de lograr que España soñara de felicidad cuando más lo necesitaba.

Pocos como él merecen salir ahora mismo a los medios del ruedo de la vida para recoger la ovación unánime en la hora de rubricar su magistral hoja de servicios. De cortarse la coleta para buscar la paz en su familia, porque Del Bosque ha sido un ejemplo, un espejo para mirarnos. Un sabio del fútbol que supo aupar a la Selección Nacional a ese pedestal que tantas veces soñamos y parecía imposible de alcanzar.

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Escribo estas líneas mojando la pluma en la tinta de la admiración hacía este ejemplar deportista; a quien nos hizo enamorar de ese maravilloso fútbol con el que manejó  la batuta de sus jugadores para que surgieran las mejores notas sobre el césped. Porque jamás hubo nadie en nuestro balompié que atesorase sus virtudes, las mismas que quedan en el frondoso árbol de su vida. Desde aspirante a futbolista en las calles del barrio salmantino de Bermejo y Garrido al paso por los primeros equipos modestos; la llegada al Salmantino –y aquel amistoso con la Unión en Guarda en el que ganó sus primeras cincuenta pesetas-; la época de meritorio al Real Madrid; las cesiones al Córdoba y la doble al Castellón, hasta alcanzar el primer equipo blanco. Y ahí, en aquel Real Madrid dejar la impronta de su clase en esa década que discurre desde el final del Madrid ‘ye yé’, que había ganado la sexta Copa de Europa, hasta la puesta de largo de la Quinta del Buitre en el que su toque y calidad fueron un pilar del conjunto merengue. Y también fino centrocampista de la Selección que, entonces, dirigía Kubala.

Hasta que un día, ya retirado de la pomada y de los focos, abre la puerta a la etapa de técnico con la responsabilidad al frente en esa cantera madridista que fue una mina a la hora de sacar magníficos jugadores. Y en aquel Vicente del Bosque, de rostro serio y mirada pausada, que cada mañana se desplazaba a su despacho de la antigua Ciudad Deportiva del Madrid se estaba cociendo el mejor entrenador de la historia del fútbol español tras imprimir de humildad al deporte del gol. Y el más laureado.

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Hoy, en el momento histórico de su posible adiós, rebobino la agenda de mi vida laboral para recordar una fresca mañana de finales de 1994 en la que acudí a la vieja Ciudad Deportiva del Real Madrid para entrevistarlo, ocasión en la que crucé las primeras palabras con él. Entonces, apagada una década antes la estrella del grandioso jugador que fue y aún faltándole varios años para abrazar el éxito en los banquillos, era un ciudadano alejado ya de la anterior fama de jugador que trabajaba para el club en la coordinación de la labores de cantera. Gracias a aquella entrevista que le hacía un jovencito periodista de provincias para publicarla en un diario de su tierra natal, Salamanca, que por esos días acababa de ver la luz, prendió la llama de la admiración a su persona y hoy, con las estanterías de su vida repletas de galardones y ya nadando para ganar la orilla del merecido descanso, queda el enorme afecto y respeto que guardo a quien es un caballero y un deportista ejemplar. Una admiración que ya nunca dejo de resplandecer y me dio la oportunidad de aprender las veces que estuve con él, con Vicente del Bosque, cuya amistad ha sido uno de los mejores regalos de mi carrera profesional.

Ahora se va y queda el legado de su ejemplo. Se marcha con todos los honores ganados a ley y de ellos nadie lo despojará, a pesar de tanta envidia y mala leche como la que intentaron ningunearlo en alguna ocasión, pero se estrelló contra el muro de su grandeza.

Me descubro ante él en este momento de tanta emoción y allá en los caminos de la vida cuando lo encuentre lo volveré a abrazarlo con el orgullo y gratitud de haber podido conocer a tan significado caballero. El que acaparó tanta admiración y grandeza. Porque España necesita de muchos ‘vicentesdelbosques’ para triunfar en todas las esferas de su vida.

Por ti, Vicente. Muy larga vida pletórica de salud y felicidad.
Del Bosque, Maier

En sus años de brillantísimo jugador del Real Madrid, frente a un partido contra el Bayerm, remata ante Maier superando a Beckembauer.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “Puedes irte orgulloso, Vicente

  1. Preciosa despedida a Vicente del Bosque, Paco. Con el poso que te da conocerlo hace dos décadas y ser su biógrafo. Totalmente recomendable tu libro “Vicente del Bosque. El valor de la dignidad”. Yo siempre se lo sugiero a todos los que quieran acercarse a esta bellísima persona. Lo conocí en la Universidad donde el dió una conferencia para maestros, puesto que él mismo lo fue. Gran persona, gran deportista que ha hecho que la Selección Española fuera un gran equipo unido y un referente para el resto de equipos mundiales. ¡Hasta siempre, Vicente! Gracias, Paco

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