Julio Robles, 44 años de la alternativa

En el momento de  tomar la alternativa Julio Robles, su apoderado Paco Gil baraja varias bazas, pero finalmente opta por Barcelona. La Ciudad Condal vive su esplendor taurino, con llenos en los festejos programados y sus dos plazas, La Monumental y Las Arenas, ofreciendo atractivos carteles todas las semanas. Sin las exigencias de Madrid, a pesar de que tenía una afición entendida, en esa época, se cobraba buen dinero y entre los turistas había expectación para ver actuar a los toreros de moda.

La alternativa se celebra el 9 de julio de 1.972, tarde calurosa con el nuevo matador, vestido con el tradicional blanco y oro de estas ocasiones, anunciado con reses de su paisano Juan Mari Pérez-Tabernero. Remata un magnífico cartel encabezado por Diego Puerta, que hace las veces de padrino y Paco Camino, en las labores de testigo, en el que fue uno de los grandes acontecimientos de la temporada barcelonesa.

‘Clarinero’, marcado con el número 71 fue el toro de la alternativa, frente al que Julio Robles mostró sus buenas maneras, a pesar de que en algún momento tuviera dudas fruto del nerviosismo, aunque al final logro dar la vuelta al ruedo.

“Aquel día fue muy feliz para mí y también para los míos. Se había conseguido una meta que en mis principios era un sueño. En los días de niño iba a Campo Cerrado para ver tentar a Paco Camino ya me sorprendía su estilo, sus formas y sin embargo, allí estaba de testigo de mi alternativa. Lo mismo que Diego Puerta, el padrino y al que tenía muy idealizado por su amor propio y casta. Salieron a por todas, a buscar el triunfo, sin dar tregua a nadie, por eso era consiente de que allí comenzaba la verdadera guerra y poder llegar a ser figura iba ser algo muy difícil, por lo que tenía que salir a por todas. Por eso, gente como Puerta y Camino eran figurones del toreo y continuaban, año tras año, en lo más alto. Recuerdo que mi primer toro se lo brindé al público y el segundo a mis padres”.

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Ese año aún le da tiempo a torear veintidós corridas de toros, en las que el éxito se alía a él en plazas de Bilbao, Salamanca o Valladolid. Precisamente en esta última el diecinueve de septiembre de 1.972, un toro de Paco Galache al que desoreja le infiere una de las ocho cornadas que sufre en su carrera. Toreaba con Dámaso González y Antonio José Galán, dos coetáneos suyos. Pero lo más importarte es que su bautismo, bañado de sangre sirve para que, durante los siguientes años fuera el torero foráneo de más cartel en esa plaza, como bien resaltaba José Luis Lera, el extraordinario crítico local y buen amigo, en las páginas de ‘El Norte de Castilla’.

“Torero grande siempre…, artista clásico, largo, hondo, dominador, poderoso, elegante, su toreo poesía; por encima de todo, una arrebatadora plasticidad. Intérprete puro del toreo a la verónica de los últimos tiempos, su muleta escribió hermosas páginas de temple y cadencia. A partir de su debut, fue torero de culto en Valladolid, donde la afición inició un idilio con el diestro”.

Aquella temporada, en la que Robles vive momentos muy importantes, tuvo otra jornada realmente espectacular. Fue el trece de septiembre en su debut de la feria de Salamanca, en la que comparte cartel con su padrino Diego Puerta y José Luis Galloso, otro compañero de generación, en la que se lidian toros de Dionisio Rodríguez. De nuevo, Robles sorprende a sus paisanos con dos actuaciones pletóricas en la que corta  tres orejas y rabo, saliendo en hombros hasta la Puerta de Zamora, a cargo de sus viejos amigos de La Fuente de San Esteban y Ahigal de los Aceiteros.

La cornada de Valladolid pone punto y final a la temporada, porque tarda varias semanas en recuperarse. Después comienza a asistir a los tentaderos del Campo Charro, en los que ya era el diestro más solicitado por su buen hacer en las faenas camperas. Aquel invierno se prepara intensamente y en los días libres o que no adquiere otros compromisos marcha de cacería, de manera habitual, a los pagos de Ahigal de los Aceiteros para practicar ese deporte. Sobre todo si va a ‘tumbar’ perdices, que le encanta, porque todavía no ha descubierto la caza mayor, algo que poco después le cautivará por completo.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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