¡Que no maten a Albacete!

Albacete acaba de bajar el telón y ahora quedan las deliberaciones alrededor de su feria en honor a la Virgen de los Llanos. Es el momento de recrearse en lo bueno y también atajar de raíz los males que puedan haber surgido o ‘modas’ que pretendan establecerse y que, a la larga, no son más que para beneficio de unos pocos. Es decir del ‘sistema’ que vive ajeno al sentimiento del aficionado y ha construido una particular república independiente con unos toreros y ganaderos resguardados bajo su paraguas, aliándose con otros empresarios para monopolizar los restos de la Tauromaquia y repartir este pastel que aún sigue generando tanto dinero.

Ojalá Albacete ponga freno a las ‘modas’ que han tratado de implantarle en esta edición. Porque esa plaza se ha caracterizado por ser una isla de seriedad, ajena al triunfalismo y el toro mocho hecho a medida para las figuritas. Albacete nunca se apeó de las cosas bien hechas, de precios acordes –nada que ver con los astronómicos de Salamanca, por ejemplo- y de lidiar hasta ahora un toro serio que nada tenía que ver con los que salían por las plazas de segunda –dominadas ya en su totalidad por la fiebre del triunfalismo, decir que todo es muy bonito y repetir la prensa publicista que hoy se torea mejor que nunca-

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Cada tarde de feria estaba pendiente de Albacete a través de la crítica de allí –un reducto con varios jóvenes que escriben de verdad y con conocimiento, en las antípodas de la prensa portalera- y realmente hubo cosas que llamaron la atención y encendieron la alarma de la preocupación. Una la facilidad con la que se premiaban las faenas de las figuras, otra como poco a poco se va reduciendo el toro para imponer el del ‘sistema’ y por último la dictadura de expulsar de la plaza a quien protesta, lo que es algo intolerable en el espectáculo taurino y más apropiado en las dictaduras. Eso es un punto negro y proporcionado por esta taurino que quiere matar al mensajero y no permite que nadie se haga eco de tanta tropelía.

En el punto agradable me alegra infinitamente el doble y rotundo triunfo de Rubén Pinar, el torero de Tobarra. Pinar ha sido tratado muy injustamente por las empresas a raíz de romper con llamado Santiago López, quien tanto daño la hizo a su carrera, al igual que otros toreros apoderados por él; por otro lado ya dejó en San Isidro la muestra de su actual momento y ahora en su tierra lo ha refrendado. Lo importante es que le den sitio, pero ese es el dilema de la Fiesta actual cerrada por unas figuras –cansinas en muchos casos- y con las ferias repitiéndose casi siempre los mismos nombres, años tras año. Pero Pinar debe estar ahí, porque se lo merece y además es un torero que nada tiene que ver con el de sus inicios. Hoy más asentado y con una cabeza privilegiado merece un sitio en las ferias.

Ahora, cerrada ya la feria, la seria afición manchega, que sigue llenando la plaza cada tarde, debe plantarse y exterminar las malas semillas que le han sembrado y además alguien debe refrescarle su caso con el otras ferias que se han perdido para que no ocurra con ellos. No olviden en la siempre querida Albacete que hasta hace una docena de años únicamente competía con ella la feria matea de Logroño; pero la capital riojana a raíz de promover la nueva plaza de La Ribera dio paso al triunfalismo, olvidó su antes serio toro y exigente para convertirse en un ciclo más que tocó fondo en los últimos años con la deserción masiva del nuevo coso de la siempre sabia afición logroñesa –hoy apenas se cubre media plaza-. Porque la feria actual nada tiene que ver con la del ayer, con esas tardes para el recuerdo en La Manzanera que daba, pero exigía.

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Aspecto que presentaba ayer Logroño. Y eso que se lidiaba Victorino Martín, con máximo cartel en La Rioja. La foto es de la vuelta al ruedo de Curro Díaz uno de los mejores y más puros intérpretes del toreo actual, tras cortar una oreja.

Tanto el Logroño de antes, como Albacete eran plazas de verdad, muy lejos de la comodidad de Salamanca, de Murcia o Valladolid, plazas con las que competían al celebrarse en las mismas fechas. Hoy Logroño cae en picado -ayer un cuarto escaso de entrada-, al igual que Salamanca, mientras que Murcia también pierde. Este año se ha salvado Valladolid –aunque han eliminado a la novillada- por la contratación de José Tomás, pero es un espejismo, porque en los últimos años la capital castellana también tenía un aspecto desolador e incluso en mayo ya no programó su tradición mini ciclo de San Pedro Regalado. A ver qué pasa en Pucela en el futuro ya sin José Tomás. Ojalá me confunda, pero la realidad manda y lo grave es que nadie ataja los problemas de la Fiesta. O llega con nuevas ideas que alimenten la llama de la pasión para volver a llenarse las plazas.

Y es que Albacete es el último lujo del toreo y el mejor escaparate tras Madrid y Sevilla; por eso no se puede permitir que salga de sus exigentes chiqueros el medio toro. O que expulsen a quien protesta con razones. Porque Albacete debe seguir siendo el resulto de la verdad y la mejor afición.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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