El trato de Maestro es algo muy serio

El Viti paseo Duele ver cómo se ha tirado por el desagüe la expresión de maestro y ahora se denomine así a cualquiera que se viste de luces rompiendo algo tan sagrado en la liturgia taurina. O lo que es un sello de garantía en la profesión y que nunca se debe perder entre quien ha hecho méritos para gozar de tal distinción, hoy perdida entre la confusión de vaivenes que asolan a la tenebrosa noche del toreo. ¡Qué daño están haciendo toreros fracasados o veteranos en labores de apoderados y orientado mal a muchachos a los que no saben explicarle la grandeza y verdad del toreo! ¡Pero qué daño histórico le hacen al sagrado arte de la Tauromaquia!

Para ser maestro no hace falta haber sido figura del toreo, ni tan siquiera torero de relumbrón. Maestro es quien enseña por sus formas e interpretación, deja escuela y la gente se fija en él, aunque de muchos ni se acuerde la gran masa. Por ejemplo hubo un torero gitano del pueblo de Camas llamado Salomón Vargas sin apenas relieve, aunque quedó el gusto y la torería de la que hacía gala. A Salomón -hermano de Gitanillo de Camas, tío del malogrado peón Ramón Soto Vargas y emparentado con el actual Oliva Soto- la gente lo llamaba ‘maestro’, pero además con reconocimiento, porque en sus honores está el de haber enseñado a torear de capa a dos toreros tan distintos y geniales como fueron Curro Romero y a Paco Camino. Después Camino ya se perfeccionó con Vicente Vega, hermano de Gitanillo de Triana, gloria del lance a la verónica.

Maestro fue Manolo Escudero, al que un cornalón quitó en el momento de irrumpir a figura. Pero tenía tal maestría con el capote del que todo el mundo quería imitar sus lances. Maestro del temple fue Dámaso González y otro Dámaso -Gómez- casi olvidado fue otro maestro grande; como el maestro del toreo al natural ha sido Antoñete, mientras que del empaque y la prestancia lo tuvo en Antonio Ordóñez; maestro siempre fue Rafael Ortega, pero a la hora de matar nadie lo hizo como él. O la inteligencia de Luis Miguel. Y hubo más, antes y después. ¿Verdad, Pedrés? Porque Pedro Martínez fue la raíz de grandes toreros que vinieron después, como Dámaso, Ojeda, Manili… Y es que claro que los hubo, pero estos son ejemplos de este artículo escrito desde la desazón que sentida con el abusivo uso de ese término.

Curro Vázquez y De la Rosa

Curro Vázquez y Juan Luis de la Rosa, en una tarde toros en Almería.

No hay nada más bonito que a un torero lo llamen ¡maestro! si de verdad y lo merece. ¡No la frivolidad actual! Le ocurre a Santiago Martín ‘El Viti’, relevancia torera y señor allá donde está que tiene la máximas consideraciones; o Andrés Vázquez, que dejó impronta de muchas cosas y ambos de torear siempre con la espada de verdad, que muy poquitos lo han hecho desde que Manolete trajo el fraude de la ayuda alegando una lesión en la mano. Como hace en esta época Juan Mora, torerazo que es el verdadero prototipo de lo que es un maestro en esta segunda década del siglo XX.

Los maestros son muchos más si están apoyados por la leyenda más allá de su aportación. Como una faena cumbre de la que habla todo el mundo. Pero sobre todo aportar, haber amado la profesión, buscar los canales de verdad y la pureza, también ser consecuente con la responsabilidad. No creo que entre en un lugar Julio Aparicio -cuando lo digo a secas me refiero al padre- y nadie lo llame ¡maestro! cuando ha sido capaz de torear tan bien y con tanto poderío, incluso a su hijo del mismo nombre, que fue el exponente de la clase, pero le faltó continuidad, aunque dejó para la posteridad una faena histórica en Madrid. La del toro ‘Cañego’ en San Isidro de 1994 donde brotó la inspiración para regalar una obra perfecta. En aquel San Isidro otro maestro, Curro Vázquez, dejó la impronta de su calidad en dos faenas para enmarcar, una a un Alcurrucén y otra a un Valdefresno.

Hoy llaman maestro a cualquier torero que se ha vestido de luces en un claro desdén a lo que es un orgullo de la Fiesta. Ser maestro es algo grande de verdad y desde luego un título íntimo tras haber marcado y dejado una huella en el más hermoso de todos los artes. En el de la Tauromaquia.

Paula (corto)

Perdón a tantas maestros que se me olvidan, que los hay y grandes. Pero esta columna está para denunciar que ahora llaman maestro a todo aquel que se viste de torero. Incluso hasta algunos que hicieron daño a la profesión hoy son distinguidos con el título de ¡maestro! en otro abuso que tiene gran parte de su culpa en los propios profesionales. Porque muchas veces tiran, con desdén, la gloria de la profesión al desagüe. Al no cuidarla y provocar la tienen la confusión de vaivenes que asolan a la tenebrosa noche del toreo.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

14 comentarios en “El trato de Maestro es algo muy serio

  1. Que comentario tan agrio, si no le gusta que a tal o cual torero les llamen maestro pues publique la lista de los nombres de los que si se les puede llamar asi.
    Mas vale que sobre el respeto a que falte, en ninguna otra profesión existe tanto respeto a las jerarquías o a la antigüedad y eso se debe conservar y aumentar, a quien llamarle maestro? Eso ya es de cada quien

  2. Conforme con todo lo dicho por Cañamero en el artículo.Va a costar reconducir y poner en valor el significado de MAESTRO en el convulso mundo de los toros.

  3. Paco ahora se le llama maestro hasta un novillero sin caballos que está empezando, claro para que lo vuelva a llamar para ir con él la proxima novillada ; para mi hay grandes maestros que han sido y son banderilleros , terceros y picadores .

  4. Tienes toda la razón del mundo Paco, pero eso pasa en todo, en el toreo, en tu oficio y en el mio. Hoy se llama maestro a cualquiera. Y arte a cualquier cosa.

  5. Completamente de acuerdo. Creo que ocurre cuando se pierde la perspectiva y faltan, por un lado, comunicación de lo que está bien o mal ejecutado y por otro, humildad, y en este mundo hay mucha vanidad.

  6. Totalmente cierto,te felicito xk si hubiera más periodistas como tú , llamando a las cosas x su nombre,la fiesta nunca moriría así se la están cargando pero desde dentro,tanto k la aman es MENTIRA,solo kieren llevárselo crudo todos los k andan alrededor.A los verdaderos aficionados nos han hechado xk no les conviene k le descubrimos todos sus trucos de Tahúres.

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