¡Tiemblan los gitanos de Benlliure!

Sí, vuelven a temblar al igual que aquella tarde valenciana de finales de julio de 1978 cuando bajaron los ángeles para emocionarse con el toreo de Manolo Cortés, el genio de Ginés, tras cuajar a un Miura para el recuerdo en el coso de Monleón. Sus lances pedían poetas y sus naturales aún iluminan la mirada de quien los recuerda gracias a esa obra maestra que inspiró el viejo Zabala en una crónica histórica: ‘Y temblaban de emoción los gitanos de Benlliure’. Esos gitanitos que  han vuelto a temblar –ahora de pena- al abrirse las puertas de la eternidad para este coloso parido en el Aljarafe sevillano. Para el más gitano de todos los payos. Porque Manolo, que era payo, toreaba con el sentimiento de los gitanos.

A Manolo Cortés, ¡MAESTRO! no lo dejaron ser primera figura en su plenitud artística, la que llegó a finales de los sesenta y se alargó durante la casi totalidad de los setenta. cuando tuteó a los grandes y rubricó el perfume de históricas faenas, más que en ningún otro sitio en Madrid y en Sevilla, en ambas con triunfos de clamor y tardes para el recuerdo selladas con su exquisitez. ¡Ay aquellos días que iluminó el abril sevillano! El de la Puerta del Príncipe tras cuajar al lote de Carlos Núñez; el quite al ralentí y parando el tiempo a otro toro de Carlos Núñez el Día de la Hispanidad de 1977, el mismo que debería tener un azulejo en La Maestranza; o la artística faena a un ‘samuel’ con dos guadañas en la media luna de sus pitones. O a los Miuras, fijos durante una larga etapa en la agenda de sus contratos. Porque Manolo, siendo un toreo artista  y de embrujo al apartarlo de las ‘comerciales’ fue encasillado con las llamadas ‘duras’. Y aquí aunque ya fuera más complicado poder interpretar su toreo, fue capaz de dejar un reguero de éxitos tan importantes que en el último medio siglo nadie ha cuajado a los de Zahariche con tanta clase como él. Por eso, en la hoja de servicios de Manolo Cortés, hay seis o siete enmarcados entre los pilares de su carrera.

¡Y en Madrid! Esa Monumental de Las Ventas siempre esperó a ese coloso desde que lo sacó en hombros el San Isidro de su confirmación y ya para siempre supo que atesoraba el toreo más hermoso. Desde entonces nunca faltó a su cita con Madrid dejando un ramillete de faenas para el recuerdo en una trayectoria tan longeva donde, incluso una tarde de septiembre de 1989, ya en su decadencia y coincidente con la confirmación del salmantino José Luis Ramos, cuajó como sueñan los ángeles un toro de Los Bayones y, en plena éxtasis, hasta un ‘gachó’ se arrancó desde el tendido para cantar una soleá a quien están rindiendo un homenaje al arte del toreo… Al más bello de todos los artes.

Y si Madrid junto a Sevilla fueron sus plazas de cabecera en esa lista no puede quedar fuera Valencia –plaza que lo vio tomar la alternativa y triunfar tantas veces-, ni Barcelona o Bilbao, al igual que Pamplona o El Puerto, Málaga… Ni las francesas de Dax y Bayona con tantas aplausos en su haber. O las del otro lado del Atlántico con Lima, Bogotá, México… Y muchas más.

Torero de leyenda, de aficionados, de disfrutar siempre, ahora lloramos al hombre que se ha ido, pero nadie borrará la huella de su excelso arte. La huella de un genio del toreo que dejó la  impronta de su artístico capote –de sus fuentes bebieron muchos, entre ellos su paisano y discípulo Fernando Cepeda. También la de sus muletazos largos y profundos, con el empaque y personalidad de un genio que supo beber en las fuentes de Rafael Ortega, de Ordóñez –siempre cercano a él-, de Camino, del Viti, a quienes tanto admiró. Con la torería que mostraba en los andares, la manera de andar por la plaza y ese vivir en torero que lo identificó. De quien ayudó a un montón de chavales para impregnarles los patrones de la pureza, verdad y la grandeza, porque el ‘pingüi’ nunca casó en la forma de vivir de este grandioso maestro que se ha ido a la eternidad para lidiar el toro de San Marcos.

¡Adiós Manolo Cortés! Ya están de fiesta los angelitos celestiales para aplaudir por bulerías tus lances, mientras aquí vuelven a temblar –ahora de pena- los gitanitos de Benlliure.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “¡Tiemblan los gitanos de Benlliure!

  1. Buen artículo Paco.Torero apartado pronto de las ferias.Siempre fue más esperado por la afición que ganas tuvo el empresariado que complacer a aquélla.Como en tantos casos.
    D.e.p.Manolo Cortes.

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