Haga gestas, Juli

Se le espera, Juli, que haga algo importante este año más allá del particular sota, caballo y rey ganadero en los que ha encontrado su particular mina para hacerse rico. Piense en los aficionados que aún quedan –raza en vías de extinción- o lea la propia historia de la Tauromaquia, tan rica ella, para darse cuenta que los grandes maestros hacías varias gestas a lo largo de la temporada para seguir aupados al pedestal de figura. Por eso todo el mundo se rendía a antes ellos y les daba trato de héroes.

Hoy los tiempos han cambiado y cada uno lo cuenta según le va, aunque es verdad que en estas aguas tan turbias que traen las corrientes de la Fiesta usted ha sacado un buen rédito. Ahora la gente ya no exige después de haberla amaestrado para aplaudir a las figuras y pedir las orejas, algo que se ha convertido en el fin prioritario de la corrida. el llamado triunfalismo que tiene en usted el primer exponente . Con pena ya no hay esos Joaquín Vidal, Alfonso Navalón, el viejo Zabala … que ponían firmes a quien se salía de la línea de la verdad para buscar el abuso o el trapazo, aunque nos queda Antonio Lorca como tabla salvadora. Encima, para dulcificarlo aún más, el público hasta mira para otro lado cuando llega la blasfemia del atentado a al pureza de la suerte suprema llamado ‘julipié’ que ha patentado, aunque en este revoltijo y con el norte perdido algunos insensatos hasta le dan premios en las ferias.

Por esas razones, Julián, haga gestas de verdad y pegue un puñetazo para reivindicarse. Pero no una tarde para tratar de callar bocas, hágalo cuatro o cinco veces en la temporada. Haga gestas que convenzan a su detractores –e insisto aprenda a matar con decencia-. Vea la historia y a los grandes. Que alguien le diga que el viejo Pepe Luis, gloria bendita del toreo, siempre pedía la de Miura en el domingo que cerraba la feria de Sevilla; o que Antonio Ordóñez iba a San Isidro con los Pablo Romero; o que El Viti un año llegó a Madrid con una de Miura y otro año con la Victorinos, además de otras corridas serias; o que Manzanares recuperó el cartel con una de Miura en Valencia; o que Paco Camino escribió muchas páginas de su grandeza con toros de Santa Coloma, lo mismo que nuestro Robles; o que el Niño de la Capea cuando quiso demostrar que era la máxima figura de su época se anunció en solitario en Las Ventas con una de Victorino para triunfar ruidosamente y poner a todos de acuerdo. Y de esos ejemplos hay que aprender. Nunca de su comodidad en la particular sota, caballo y rey que ha buscado.

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Además es algo grandioso querer hacerse rico por los caminos del toreo con la exigencia que se debe tener y las barreras que se deben superar, para abrir las puertas del respeto. Por eso duele que usted, Juli, buscase camino más fácil y menos curvo sin exigencias y con exceso de aplaudidores a su servicio que hasta censuran a quien osa criticarlo. Porque eso no tenga presente que para consagrarse y tapar bocas debe hacer gestas desde ya y sin dejarse escapar una temporada más. Que el toreo es eso y en definitiva lo que permanece para el mañana. Debe cambiar el chip por respeto a la propia Tauromaquia -la de verdad, no la del triunfalismo- e ir a Bilbao dando la cara. Por ejemplo en la Victorino Martín y en otra un mano a mano con Ponce para ver cuál de los dos es el rey del Botxo, Esa sería una forma de ayudar a levantar esa decaída feria que para usted ha sido tan rentable –ha cobrado mucho más de lo que ha producido- y, ¡ojo! también se le reconoce lo bueno que hizo en esas arenas negras e incluso aquella cornada que le partió la boca en las ‘corridas generales’ de 2001. Pero mira ahora con ese futuro tan poco halagüeño.

Por ello esté a la altura de la alta responsabilidad que representa y más en su caso que tantas veces ha pedido respeto para sí mismo y su carrera. Haga lo mismo con el aficionado, que es una figura, pero de un paso adelante y traiga esas gestas de las que se hablan den el futuro, que ese es el camino del respeto. El de verdad, Juli, lejos del habitual sota, caballo y rey.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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