La revolución de Marco Pérez

No se habla de otra en el planeta de los toros –así bautizó el genial Cañabete a este mundillo- que del alboroto organizado en Ávila por el pequeño Marco Pérez. Por el nuevo niño prodigio que enamoró con su naturalidad y desparpajo. Con el toreo tan asimilado que fue capaz de provocar tal éxtasis a los tendidos hasta acabar bajo los gritos de ‘torero, torero! para tributar tanto como se había ganado Marco. Ese Marco que está en boca de todos y con su nombre sin parar en las redes sociales donde hasta lo han convertido en la ¡máxima esperanza del futuro a sus 9 años!

No es fácil llevar las riendas de quien está empezando a vivir, es solamente un niño y, sin ser él consciente de ello, en su inocencia infantil ya carga sobre sus espaldas con tal alta responsabilidad. Marco, al menos ahora, no es un niño normal que va al cole y tiene sus aficiones, no. Él sale en la televisión, las figuras del toreo lo idolatran, la gente se saca ‘selfies’ a su lado al reconocerlo por la calle y ello lo ha conducido a ser un fenómeno social. Por esas razones se antoja complicado llevar con tacto las riendas de su carrera. Además de triunfar, algo que deseamos, se sumarán un montón de advenedizos e interesados al carro de los elogios. Sin embargo, ¿qué ocurriría si es al revés y como ha ocurrido con tantos otros queda en el camino? En eso también hay que pensar para alguien de tan corta edad.

De momento con Marco hay muchas cuestiones en su incipiente carrera. Por un lado la gente está deseando verlo y de hacer caso sus mentores a tantas peticiones no tardarán en quemar su proyección al perder la frescura de la novedad. Y eso si, cuando salga otra vez a la plaza hacer como ocurrió con otros niños prodigio –caso del Juli, Ponce o antes Juan Pedro Galán o incluso Emilio Muñoz- deben rentabilizar quien es capaz de emocionar a miles de personas. Ahora es la perla de la cantera y un diamante en bruto al alza, motivo para medir los pasos con mesura, sabiendo que es un niño y pueda crecer con naturalidad para si un día no funciona en el toreo –al igual que han ocurrido tantas veces- debe tener otros caminos en la vida y no convertirse nunca en un juguete roto.

En ese punto para que lo asesoren tiene al mejor maestro en su padre. En aquel Vicente Pérez, de Ciudad Rodrigo, quien en sus inicios de novillero -allá por el final de los ochenta- en una novillada de promoción celebrada en Las Ventas la espada privó de un gran triunfo, pero no de infinidad de elogios y titulares. Aquel día, Vicente se convirtió en una ilusión y durante meses disfrutó del estatus de novillero de campanillas con nuevos amigos que llegaron su lado; los mismos que volaron al evaporarse los ecos del triunfo en una lección moral que ya nunca se olvida.

Tras aguarse aquellos primeros éxitos conocí y traté mucho a Vicente Pérez a raíz de recibir ayuda de Pedro García Bernardos –tío y primer inspirador de Alejandro Marcos- y frecuentar La Fuente de San Esteban, pueblo donde su saber estar y bonhomía le hizo contar con numerosos amigos. Después, ante la falta de oportunidades y la saturación de ‘ponedores’ de la época, Vicente se hizo banderillero y al encarrilar su carrera un grave percance lo obligó a plegar para siempre el capote de brega. Fue en el festival homenaje a Julio Robles celebrado en la primavera de 1992 en Salamanca al lidiar el último de la tarde, un Paco Galache que correspondía a José Ignacio Sánchez y recibir un tremendo porrazo contra el burladero del ‘1’ que dañó gravemente una de sus rodillas. Aquel percance lo obligó a tomar nuevos horizontes, montar un negocio y, lo más importante, formar una familia. Desde entonces apenas volvió a las plazas, aunque si siguió atento de lo que ocurría en el toreo y siempre estuvo cerca de José Ramón Martín, el matador mirobrigense y profesor de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, de quien es íntimo amigo.

Desde entonces, aunque hayan transcurrido tantos años, Vicente es consciente de cómo es el mundo del toro y de tantos intereses como hay por medio. Por eso en él tendrá la mejor lección este pequeño Marco. Por eso, ojalá que llegue a ser esa figura que quiso ser su progenitor para saborear tanto esfuerzo, dolor e ingratitud como llevó él en su lucha. Pero que lo hagan todo con mesura y sin volverse nadie loco con la golosina de este niño que a años 9 años ha enamorado a toda la afición con su naturalidad y desparpajo.

Vicente Pérez, el padre de Marco Pérez, en sus años en activo

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “La revolución de Marco Pérez

  1. Enhorabuena Vicente, espero y deseo que tu hijo el dia de mañana sea un Ponce ó Juli……está en buen camino,.un fuerte abrazo.

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