Trasbordo… llega a Medina

La obra Trasbordo en Medina llega Medina del Campo, el lugar donde se ambienta la novela y parten tantos caminos en la existencia de los protagonistas tras las vicisitudes vividas en la cantina de la estación del ferrocarril. El principal es Agustín, un antiguo legionario, natural del pueblo extremeño de San Martín de Trevejo –de ahí su apodo de ‘Mañego’, que trabaja como forestal en Puebla de Sanabria y tiene una amante –Manuela Satrústegui- en el País Vasco desde los tiempos que estuvo destinado en el Tercio en Fuerteventura. Las visitas al norte para citarse con ella las realiza en tren y, previamente, debe hacer un trasbordo en Medina, en ocasiones de varias horas, donde conoce a una atractiva camarera llamada Palmira que trabaja en la cantina de esa estación ferroviaria.

Palmira, de origen portugués y familia acomodada, debe buscarse la vida en España ante la ‘cruz’ social que significa ser madre soltera en su país. Ella es una de las protagonistas de un trío que se ve inmerso en serias complicaciones desde el momento que Manuela, la vasca, es detenida por pertenecer a la banda terrorista ETA, situación que a él lo conduce a declarar ante la Audiencia Nacional para que aclare sus relaciones con la etarra, sobre todo el espinoso asunto de un préstamo de dinero.

La trama está ambientada en los primeros años de la década de los 80 y en ella surgen numerosas vivencias desarrolladas en las calles de Medina del Campo durante el escenario social de la pasada década de los 80,  junto al resto de lugares donde se desarrolla, entre ellos está muy presente San Martín de Trevejo, Puebla de Sanabria, Valladolid, Palencia o San Sebastián.

La obra en sí “es el trasbordo de la vida misma” con vicisitudes de la vida te llevan por caminos casi siempre inesperados bajo el marco de la estación de ferrocarril de Medina del Campo, lugar que cada jornada es un mundo de sorpresas.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *