Gonzalo Caballero, un respeto

Gonzalo Caballero es un torero de acero. Un hombre que se viste de luces con el sentimiento que siempre ha alimentado su grandeza. Con toda la verdad por delante, entregándose al tributo al toreo, a ese arte que desarrolla en libertad, dando siempre la cara y con la responsabilidad que implica su vocación. Sin buscar jamás un brindis al sol, sino poner toda su inmensidad humana al servicio del toreo, arte al que tanto han honrado y ahí quedan, como las medallas de los soldados más valerosos, las cicatrices que luce para engrandecer la Tauromaquia.

Es un orgullo Gonzalo. Es un orgullo su entrega y su pasión. Y no es nuevo, ya son muchas las veces que lo ha hecho dejando siempre su esencia de ser un torero diferente y de valor desmedido. No hace tanto nos emocionó con una estocada en San Isidro que parecía sacada de aquella inferida por Machaquito a un Miura para inspirar al genial Mariano Benlliure la creación de ‘la estocada de la tarde. Y cada día vuelve a crecer su leyenda gracias a esa entrega y pasión. Por eso hay que descubrirse ante este Gonzalo Caballero que honra al toreo, como ayer en Pamplona donde antes del percance ya se ganó para siempre a esa plaza y después, tras la cornada, su nombre ha quedado escrito en el sentimiento de toda Navarra.

Ayer, cuando un toro taladró sus carnes, Gonzalo volvió a dar otra lección. Herido de gravedad mató al toro, desmadejado y el rostro pálido acabó con el Escolar con el sol haciendo un alto en su particular algarabía en señal de respeto a este torerazo que ya ha ganado para siempre a esa tierra de alma noble. Y aquella gente que por la mañana se juega la vida en sus encierros por la tarde cesó su algarabía en consideración con este chaval madrileño que fue capaz de silenciar la fiesta del sol con la sinceridad de su valor.

Ole Gonzalo Caballero, porque artistas como él dan luz a la Fiesta y pronto disfrutará de su premio con su nombre en las ferias. La grandeza del toreo es la emoción y ahí Gonzalo, con su corazón de acero, se ha ganado todos los honores y su libertad.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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