¡A estudiar a Salamanca!

La otra tarde, sábado de ‘corridas generales’ en Bilbao, Enrique Ponce brindó a Victoriano Valencia, su suegro y apoderado, su primer toro. Ese día con el ambiente marcado por la tristeza ante la inesperada muerte del gran Dámaso González, el maestro de Chiva quiso corresponderle todo cuanto ha velado por su carrera en los muchos años que lleva a su lado. Entonces, un emocionado Victoriano tomó  simbólicamente la montera para apretarla cariñosamente con las manos y seguir la faena de su yerno al día siguiente de escribir otra página memorable en el bilbaíno coso de Vista Alegre. Seguramente en el recuerdo de Victoriano se agolpaban infinidad de recuerdos y melancolías, desde los muchos éxitos de Ponce –hace ya un ¡cuarto de siglo! aupado a pedestal de las leyendas- en esa plaza, a infinidad de vivencias protagonizadas en Bilbao en su larga actividad dentro del mundo del toro. Entre estas las ocasiones que acompañó al gran Julio Robles en sus compromisos de Vista Alegre durante la década que lo apoderó para guiarlo y asentarlo entre las figuras.

Vayan estas líneas de admiración al personaje. A Victoriano Valencia, un señor del toreo y un hombre querido allá donde estuvo. Una persona que supo defender a sus representados y saber cuándo era el momento de acelerar, de hacer una gesta, de cuidarlo y de tener siempre la palabra oportuna. O de frenar el ímpetu y la tempestad por el temple, algo que hizo con tan buena mano izquierda con el llorado Julio Robles, quien encontró en Victoriano a un padre. Y Victoriano a Julio en otro hijo más.

Sin embargo más allá del apoderamiento de Julio Robles hay un pasado muy salmantino de Victoriano Valencia, tan charro que ya lo marcó para siempre con esa tierra que él también ha sentido suya tantas veces. Fue durante el periodo comprendido entre 1954 y 1958. Entonces, siendo novillero, abandonó la Barcelona de su infancia y juventud a raíz de ser su padre destinado allí en su profesión de comisario de Policía. Entonces había comenzado Derecho en la Universidad Central y convenció a su progenitor para trasladar la matrícula a Salamanca y así tener más facilidad para prepararse en las ganaderías del Campo Charro. O sea que Victoriano Valencia fue doblemente estudiante en Salamanca, en su viejo Estudio y en esa particular universidad del toro que tiene sus aulas en las ganaderías.

Cuatro años intensos residió en la capital y aquí compartió aventura con muchos novilleros y toreros de la época. Desde los charros Victoriano Posada y Emilio ‘Jumillano’, hasta la torería andante que pasaba aquí los inviernos formada, entre otros muchos, por Dámaso Gómez, Andrés Vázquez, los hermanos Girón, Miguel Flores, Juan Posada, Joaquín Bernadó, Madrileñito… Primero se estableció en un colegio mayor y más tarde en la pensión Barragués, situada en la plaza de España, donde paraban los toreros de postín. Durante esa época fueron muchos los amigos que hizo en esta tierra, gracias a su saber estar y educación tan alejada de la mayoría de la tropa torera, por lo que bien pronto se hizo muy querido entre la mayoría de los ganaderos, desde don Antonio Pérez, don Alipio Pérez-Tabernero, los Sánchez Rico, Atanasio Fernández, Antonio ‘Sepúlveda’… y en San Fernando, Terrones, Campo Cerrado, Castillejo, El Villar de los Álamos, Matilla, Sepúlveda… tenía sus destinos fijos en la agenda de tientas.

A finales de junio de 1958 se marchó de Salamanca y a los pocos días toma la alternativa en Las Arenas de Barcelona, pero por medio vive el drama del inesperado fallecimiento de su padre. De ese tarde tan especial hay fotos brindando  al cielo envuelto en el llanto con el recuerdo vivo de la memoria de su padre. Después llegó su etapa de matador de toros dejando el recuerdo de grandes faenas en Las Ventas -en la plaza que antes cautivó gracias  al novillo ‘Carpeto’- después lo haría con ‘Malvaloco’, ‘Arábiga’ y varios toros más… aunque siempre con la cruz de la espada que restó numerosos triunfos a su carrera.

Su trayectoria profesional fue muy seguida en Salamanca, al sembrar en la besana del aprecio entre las magnífica nómina de eminencias que entonces dictaban sus lecciones en la vieja facultad de Derecho convirtiéndola en la de mayor prestigio del país, entre ellos don Esteban Madruga, los hermanos Beltrán de Heredia -uno de los cuáles don Pablo fue más tarde un magnífico alcalde de Salamanca-, Joaquín Ruiz Jiménez, Enrique Tierno Galván… Al igual que entre sus compañeros, muchos con el tiempo prestigiosos hombres de Leyes que gozaron de la íntima amistad de Victoriano Valencia. Uno de ellos fue Adolfo Suárez, compañero de curso en la época que el presidente se formaba a la vera del Tormes. O también de Alfonso Navalón, con quien compartió, además, muchas aventuras en tardes de tentadero y después un sinfín de vivencias en sus respectivas carreras. También Ramón Flores, quien más tarde sería ganadero, fue compañero y gran amigo.

Ahora que a Salamanca llega la feria y una vez más volverá Victoriano Valencia alzo la bandera de mi afecto y larga amistad con este personaje. A la de un viejo taurino feliz cada tarde que Enrique Ponce vuelve a escribir otra página de grandeza en la historia del toreo. La de un hombre sentido y familiar con el alma rota desde que hace tres años perdiese a su hijo Nano y no haya encontrado consuelo ante tanto dolor. A quien se emociona cuando alguien le recuerda a Julio Robles. En definitiva a un señor del toreo.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

6 comentarios en “¡A estudiar a Salamanca!

  1. Mi admiración por Victoriano el de las grandiosas faenas a Carpeto y Melvaloco… Mi primo, Daniel Montes, estudiante de Medicina en Salamanca, me contaba su amistad con victoriano con el que coincidió en la pensión de estudiantes

    1. Bonitas y entrañables palabras, Paco, éstas dedicadas a Victoriano Valencia.
      Hombre conciliador y sensato.Siempre intentando poner concordia cuando faltaba.Buen relaciones públicas.He sido testigo en Las Ventas,que tardaba minutos en hacer el trayecto desde el patio de cuadrillas al burladero de apoderados,en el callejón de la gente que saludaba.

  2. Victoriano Valencia, me contaba que una o dos de las más bellas faenas realizadas en Las Ventas, son suyas y ademas lo creo.
    Era muy buen y fino torero.

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