Treinta años de periodismo y toros

Lejos quedan aquellas ferias de los ochenta. Tiempos de reinado del Niño de la Capea, de Julio Robles, que despertaba el volcán de su plenitud artística. El Viti, el gran señor y maestro del toreo salmantino, llevaba ya unos años retirado y asomando su figura a La Glorieta –ya con la inconfundible cabellera plateada-, para ver las corridas desde un palco y recibir tantos brindis de admiración de los toreros. Época del viejo Manzanares, de la irrupción de Ortega Cano, de la explosión artística de José Miguel Arroyo, de Espartaco en lo más alto y el más taquillero de entonces, de los hermanos Campuzano –la clase de José Antonio y el poderío de Tomás-; del cartel de los banderilleros que llamaban el ‘salvaferias’, con Esplá, Mendes y El Soro –reciente aún su rabo en Salamanca a ‘Guindito’, un ‘lisardo’ de Benjamín Vicente- y otra veces con Morenito de Maracay. O de Juan José, que tan buenas tardes dio en la feria, bien en San Mateo con las cornalonas corridas de Guardiola o El Conde la Corte, o esas otras ferias que, junto al Niño de la Capea y Julio Robles, compuso un bonito cartel charro ¡Qué recuerdos!

Ahora acaba de finalizar otra feria charra y escribo con la tinta de la nostalgia. Casi sin darnos cuenta nos hemos metido ya en el medio siglo y al mirar atrás resulta que se suma la friolera de treinta años escribiendo de toros. Y parece que fue ayer aquella feria de 1987 cuando escribí en las páginas de El Adelanto por primera vez sobre el ciclo septembrino –antes había sido corresponsal para La Gaceta Regional en mi pueblo-. Desde entonces ya ha llovido y han pasado tantas cosas que nada de lo actual tiene que ver con la realidad, porque ese ciclo charro de hace tres décadas era un lujazo gracias a un ambientazo taurino que se extendía desde la mañana hasta la madrugada.

De aquella a la actual cualquier coincidencia es mera casualidad. La de hogaño ha perdido encanto, atractivos, número de festejos y el incomparable ambiente que se respiraba en Salamanca. En esa época el Gran Hotel marcaba el pulso taurino con sus salones abarrotados con gente de solera, desde viejos toreros como los Bienvenida, Parrita, Manolo Escudero, Julio Aparicio,  Amadeo dos Anjos…, ganaderos foráneos de nombradía como Manolo Martín Peñato, los Miura, algunos Domecq… departiendo con amigos y conocidos. Era frecuente la figura de reconocidos aficionados que venían de todos los puntos de España, el sur de Francia y la vecina Portugal para disfrutar del ciclo gracias al prestigio tan grande que gozaba y más allá del Gran Hotel el excelente ambiente se entendía en las barras de La Calleja, el Plus Ultra, Mi Vaca y Yo… o los cercanos Florida y D’Angelo de la plaza de La Libertad, sin olvidar tantos y buenos restaurantes con sabor taurino, el Valencia, el Río de la Plata, El Mesón o La Riojana (hoy Casa Paca) donde había que reservar con antelación una mesa. Al igual que en otros más económicos y que era un placer disfrutar de su exquisiteces, entre ellos los desaparecidos El Dorado, el Roque o el Gorro Blanco.

En esos tiempos uno se comía el mundo y era un lujo leer todas las crónicas. Desde las nacionales con las pluma de Barquerito, José Antonio del Moral, Suárez Guanes, Mariví Romero, Núñez, Carabias… a las locales con Perelétegui –en El Adelanto- y de Don Lance o David Montero –en La Gaceta Regional-, medios existentes entonces –años después llegaría Tribuna y su lujosa sección taurina que, de la mano de su director, Carlos Velasco, se convertiría en una referencia-. Alfonso Navalón no asomaba por la Salamanca y prefería Albacete para luego irse al calor amigo de Logroño y aquella ejemplar feria de San Mateo se convertía en un puerto de primera a finales de agosto para llegar entrenado a la dura meta del Pilar. Un año más tarde, la familia Núñez Alegría contrató a Navalón para escribir en la feria septiembre pagándole la fabulosa cantidad de 500.000 pesetas.

La capital provinciana bañada por el Tormes vivía aún en el esplendor ganadero con los grandes señores que convirtieron en leyenda nuestro Campo Charro. Marcaban señorío y personalidad Juan Marí Pérez-Tabernero y su hermano Antonio Pérez; sus primos los ‘Alipios’, con Javier, Alipio, Fernando, Ignacio…; Atanasio Fernández; los Galache, con los hermanos Paco, Salustiano y Eusebia; los Cobaleda; los Sánchez Rico -Carlines y José María- que vivían sin vivir en ellos la ocasión que toreaba alguno de los hermanos Esplá en La Glorieta; los Muriel, los ‘Dionisios’, entonces de moda sus toros y que llegaban cada tarde desde Villavieja de Yeltes; José Matías ‘El Raboso’, listo como el hambre con su aspecto rústico y siempre acompañado de su hijo Domingo; los Fraile, que aún hermanados -salvo Juan Luis- ya disfrutan del éxito con el hierro del Puerto de San Lorenzo. Y alguno más que se olvida de manera involuntaria en esa Salamanca ganadera de postín.

Entonces el Barrio Chino daba sus últimas boqueadas y La Margot, reina de ese lugar de lujuría, ya había muerto dejando vacías la barrera que compartía con esa otra dama de postín llamada Dolores Campos ‘La Mara’, quien conocía tantas intimidades de la gente del toro. La Mara , que más tarde regentó el pub Boston de la plaza de San Justo, siguió acudiendo varios años más, en ocasiones tocada con su sombrero cordobés, hasta que acabó desertando de su afición.

Los ochenta, taurinamente, en Salamanca fueron un lujo y los más afamados reventas llegaban una semana antes de comenzar el ciclo sabedores de inmenso negocio que hacían en esta feria, donde en ocasiones se vendían las entradas hasta por cinco veces sobre el precio de su valor real, junto a ellos llegaba otra tropa de trileros y carteristas que andaban cada tarde al acecho de despistados bajo al amparo de la una feria inolvidable. Una feria que traía los más populares nombres de la prensa nacional y, uno de esas mañanas, Atanasio Fernández los invitaba a comer a Campo Cerrado, su finca y en la misma que se instalaba Paquirri cuando toreaba en La Glorieta, lo mismo que hicieron antes muchos toreros. También era tradicional la comida ofrecida a la prensa por Alipio y María Lourdes –la última gran dama del Campo Charro, como bien señaló Juan Miguel Núñez al pregonar la finalizada feria en el Casino de Salamanca-, un matrimonio tan querido por los taurinos y que tanto bien hicieron a quien llamó a sus puertas.

Escribo este artículo con la tinta de la nostalgia cuando ya se empiezan a peinar las primeras canas y pareciendo tan milagroso como casi imposible que haya transcurrido tanto tiempo por muy joven que uno empezara este oficio. También lo escribo desde la tristeza de ver cómo esta Fiesta se pierde y, sin remedio, sigue su particular cuesta abajo abrazada a un triunfalismo que es otro de sus graves males, sin respeto al toro, ni tampoco al público que se ve obligado a pagar precios insultantes por las entradas. Y lo peor es que dentro de otros treinta años no seguiremos contándolo, porque ni la Fiesta seguirá -si esto siga así-, ni tampoco  estará servidor.

COLETILLA FINAL: Por cierto, ahora también echo la vista atrás para recordar la plaza de toros luciendo una enorme publicidad de los tractores ‘John Deere’ en las barandillas de las andanadas. Entonces hicimos una campaña de prensa para retirarla y que luciera su esplendor, sin disfraz alguno. Bastaron unos artículos para que recuperase su belleza, porque entonces el periodismo tenía peso y fuerza, tan lejos del actual al servicio del triunfalismo. Ahora ha vuelto la publicidad y además, parte de ella, es de la minera Berkeley, una empresa que explotará minas de uranio y construirá un cementerio nuclear para matar al Campo Charro y con él esa dehesa donde se cría el toro bravo. No son más contrariedades de este mundo sin rumbo que hemos alcanzado.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

36 comentarios en “Treinta años de periodismo y toros

  1. ¡Viva! por una glosa buena,precisa y sentida de Paco Cañamero.
    Al leerla he vuelto a revivir unos bonitos años.La feria de Salamanca era una de las punteras de plazas de segunda de la geografía Hispana y a veces superior en carteles y ganados a plazas de primera como Valencia ó Cordoba.
    Ver a aficionados de Madrid por decenas,los mismos reventas….
    Ver llegar a Robles,serio,ensimismado sin pararse con nadie y solo pendiente de traspasar el portón del patio de cuadrillas.Normal,allí,durante un par de horas esperaba “El duelo a las 6 ”
    Ver que el ruedo Manzanares y Robles se fulminaban con la mirada y saber que luego habían cenado juntos.
    Tiempos,benditos tiempos Paco.
    Gracias por este Nodo bueno.

  2. Que bonito es hablar , escribir ,desde el sentimiento y con la nostalgia de un tiempo pasado que en esto si que el pasado fue mejor …gracias Paco por ese recorrido que haces por el pasado que tan buenos recuerdos nos trae de unas ferias donde lo taurino era respetado y tenía un lugar preferente. ..treinta años amigo tu empiezas a peinar canas,algunos ya peinamos el pelo blanco, gracias de nuevo …que bien lo describes… Que bonito lo haces.

  3. “Niño, sube a la suit dos anisetes, que hoy vamos a perder los alamares…… (Sabina).
    Así es, Paco. Yo fui abonado junto con mi padre todo ese periodo. Y sí, esto ha degenerado en exceso. Es normal que recuerdes esa etapa con cariño y admiración.

  4. Paco! Y qué suerte hemos tenido los aficionados los aficionados de poder leer todo lo que tú has escrito. Sigue igual, no cambies nunca y gracias por todo.

  5. Los que los conocieron, mi padre y mi hermano eran unos grandes aficionados al mundo del toro. Su casa parecía un museo taurino, jejeje. Sólo faltaba un toro disecado, pero de lo demás, uffff. Carteles, fotos de toreros, libros, coleccionables y periódicos. ..muchos periódicos.
    Dice Cañamero que lleva treinta años escribiendo de toros, pues de hace treinta no sé, tendré que mirar, pero de hace veintimuchos, tenían recopilados todos los cuadernillos de la Feria de Salamanca!!
    A ver si los encuentro y leo lo que escribía Cañamero por esas fechas.

  6. Sentida y emotiva crónica reflejada desde el conocimiento y la nostalgia de haber vivido tiempos mejores, taurinamente hablando. Le deseo pueda hacerlo muchos años más.

  7. Enhorabuena buena por esos 30 años, pero sobre todo por escribir siempre siendo tu, con errores y aciertos, pero siempre fiel a una filosofía y ética periodística.

  8. Muchas felicidades Paco por esos 30 años. Mereces un homenaje. Un recuerdo para Ángel el alemán, que seguro que le hubiera gustado felicitarte. un abrazo

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