Victorino, en nombre de la bravura

Ahora, que te vamos a ir a decir adiós, admirado Victorino, arrojo mi gorrilla para mostrar mi orgullo por tu legado como el ganadero más grande del último medio siglo. El más aclamado y el que ha estado casi cincuenta años en figura. Nadie fue capaz de lograr tanto en base de ese talento, inteligencia natural y sabiduría que te auparon a las altares de la admiración popular gracias al orgullo de esos ‘grises’ que cada temporada escribían páginas gloriosas en la historia de la Fiesta.

 Ahora, cuando estás de cuerpo presente, recuerdo las veces que te visité en tus fincas extremeñas con la disculpa de hacer un reportaje y realmente lo que quería era escucharte para aprender de la vieja sabiduría que atesorabas. La de hombre de campo listo como el hambre que pasó a la historia tras criar toros para emocionarnos con su bravura, erizarnos la piel con sus galopadas al caballo y la manera de humillar con el morro por el suelo. Porque la casta de tus ‘saltillos’ ha protagonizado un capítulo trascendental en la Tauromaquia para perpetuar la grandeza de una sangre tan brava en tiempos que se ha impuesto el monoencaste. ¡Qué babaridad! Por eso tu mérito ha sido aún más grande. Por la dignificación que has hecho de la Fiesta.

Soy del Campo Charro y desde niño escuché comentar tu periplo por La Nava de Yeltes, la finca salmantina que arrendaste por tierras de Retortillo para dar tus primeros pasos como ganadero. Fue en el albor de la pasada década de los sesenta, antes de hacer la maleta y marchar a Extremadura para asentarte definitivamente y crear la leyenda del más grande. En Salamanca, muchas veces me lo contaste, viviste tiempos difíciles marcados por tantas ilusiones como escasez de caudales, pero allí sembraste esa semilla para recoger tan generosa cosecha al ser sabedor que para triunfar se necesita criar el toro que pide el público. El bravo. Y ese fue tu catecismo.

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Mediados de los años 60 en La Nava de Yeltes, por tierras de Retortillo -Salamanca-, junto a José Fuentes, El Bocho -de Santi Spiritus- y el señor Tomás, encargado de la finca       

Y desde entonces el buen aficionado te empezó a considerar, a la par que llegaba un nombre sagrado a tu ganadería, Andrés Vázquez. El perfecto socio para hacer realidad los sueños y abrir la puerta a la leyenda a raíz de que el maestro de Villalpando y ‘Baratero’ se cruzaran en el camino una tarde de agosto de 1969 en Madrid. Fue el cruce perfecto para gloria de la Fiesta y anticipo de todo lo que vendría después. Mucho antes de que Ruiz Miguel se hiciera figura con los ‘victorinos’ y llegasen los Miguel Márquez, José Antonio Campuzano, Curro Vázquez –¡qué faenón el del ‘rubio de Linares’ aquel otoño de 1989 en Madrid!, Juan Mora –impresionante en la feria de Valladolid de 1988-; o más tarde El Fundi, Pepín Liria, El Tato, Antonio Ferrera, Padilla, El Cid, Diego Urdiales, Antonio Ferrera… o Manuel Escribano con su histórico indulto a ‘Cobradiezmos’ hace dos Ferias de Abril, entre otros grandes que han honrado la sangre brava de los ‘Victorinos’.

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El maestro de Villalpando, Andrés Vázquez, fue el primer diestro que triunfó a lo grande con los toros de Victorino Martín.

Andrés Vázquez encendió la mecha y, desde entonces, ya subido al pedestal y con Madrid entregado, puedes elegir para vender tus toros más caros que nadie. Entonces, al igual que ocurre a los triunfadores, quieren zancadillearte e incluso entre tus propios ganaderos surgen los peores enemigos. Muchos de ellos, que han heredado sus fincas y ganaderías, no admiten que un carnicero de Galapagar con escasos recursos se ponga a la cabeza y además das ejemplo siendo un trabajador incansable que sabes convivir entre las moquetas de los mejores hoteles con el duro trabajo de tu finca. Sin desaliento intentan el desprestigio y hasta se mofan llamándote el ‘paleto’ cuando tú eres el más listo y lo demuestras cada día. Porque, a Dios gracias, si en el toro han bautizado a dos personajes como paleto, uno eres tú y otro el maestro Domingo Ortega, que además de genial torero acabó siendo un hombre cultísimo. ¡Vaya con la contradicción que trae el deporte nacional de la envidia! Pero tú supiste estar por encima con elegancia natural.

Esta tarde de primeros octubre, cuando los robles de las riberas del río Árrago anuncian el invierno y el campo pide tanta agua, con los toros turreando por la tristeza de tu marcha y los vaqueros enlutados, me descubro emocionado ante tu viaje a la eternidad.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

6 comentarios en “Victorino, en nombre de la bravura

  1. Paco así se escribe de las grandes figuras tu mantienes la lla de esa Salamanca que agoniza sin que nadie lo evite. Y tu reconocimiento cuando va a llegar? Pero el pueblo te quiere que es lo mas hermoso. Vitorino descanse en Paz

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