El manantial cristalino de Julio Robles

Enero pliega las fiestas navideñas y nos devuelve el recuerdo del maestro Julio Robles. Aunque, realmente, el grandioso torero charro está presente todo el año y, en cualquier momento, surge su figura para hurgar en las despensas de la memoria con alguna de sus inolvidables tardes. O su personalidad. Más que nunca es ahora, en enero, cuando el volcán del roblismo irrumpe con más fuerza al celebrarse el aniversario de su muerte y con él se abre el telón a numerosas actividades. Añorado por los veteranos aficionados y modelo para gran parte de los más jóvenes, su nombre es recibido con respeto y culto en cualquier conversación al tratarse de un símbolo que a nadie dejó indiferente.

Con su raíz de Ahigal de los Aceiteros, el gran maestro charro que ve la luz en Fontiveros, hasta que siendo un niño de cinco años se traslada con su familia a La Fuente de San Esteban, la villa que ve despertar su vocación taurina bajo la admiración a Paco Pallarés, quien será su maestro y encamina sus primeros pasos profesionales. Desde entonces, en ese lugar del Campo Charro, tan identificado con él, el nombre de Julio Robles se reverenciado.

Hoy, La Fuente, tiene encendida la mecha del toreo con un nuevo matador en su censo, Alejandro Marcos y un novillero con picadores, David Salvador. Dos chavales que luchan para abrirse camino en el toreo y, cada cual con sus circunstancias, tienen idealizada la figura de Julio Robles, del que ahora se cumplen diecisiete años de su fallecimiento. Con ellos viajamos a Ahigal de los Aceiteros para rememorar la leyenda del ídolo. Primero al camposanto donde duerme el sueño eterno; después a la plaza para admirar la preciosa escultura de Luis Sanguino donada por Victoriano Valencia, su fiel apoderado, al pueblo de Ahigal de lo Aceiteros.

La tarde aunque soleada es plenamente inverniza y los termómetros apenas superan los tres grados, cuando, inmersa la conversación con Alejandro y David alrededor de Robles, van quedando atrás los pueblos de Boada, Villares, Villavieja, Bogajo, Cerralbo y Lumbrales hasta aparcar a puerta del pequeño cementerio de Ahigal de los Aceiteros. Ahí la emoción se hace presente justo en el momento de ir al encuentro de una leyenda que, por edad, ninguno de ellos llegó a conocer, sin embargo las circunstancias de su vida profesional los condujo a que, Julio Robles, esté en su pedestal de su admiración.

Alejandro era muy niño en la primavera del año 2000. Entonces, La Fuente vivió un acontecimiento con la llegada del colosal torero para inaugurar el parque que lleva su nombre y, posteriormente, pregonar las fiestas del Corpus en una tarde de muchas emociones y de reencuentros. David, por su parte, aún no residía en esa localidad. Ni ambos en sus sueños infantiles de entonces pensaban en la senda torera. Faltaba aún mucho tiempo y bastante camino por recorrer.

Ese tiempo ha pasado y el destino ha querido que ambos se hayan abrazado a la leyenda de Julio Robles. Alejandro, en su curiosidad por conocer a glorias del ayer, en viejas crónicas ya amarillentas de papel, o en los videos de Youtube empezó a disfrutar con faenas de Robles y al ver ese estilo, elegancia, personalidad, esencia… sentía un cosquilleo en sus adentros. Y a medida que conocía más él iba observando más despacio los detalles para impregnarse de su aroma, con el añadido de empezar a saber que por las mismas calles de su pueblo, las que las él corría en su infancia, lo fueron de Julio Robles. De ahí empezó a darse cuenta de tantos nexos como, salvando las épocas, los unían muchas cosas: Los dos descubrieron el toreo en un escenario común, jugaron al fútbol con gemela ilusión o se bañaron en La Poza:

“A medida que pasaba el tiempo me impresiona más, también mucha gente me hablaba de él, especialmente los profesionales y empecé a idealizarlo e incluso ya hasta pensé en tributarle mi admiración en una plaza”, señala Alejandro. A su carrera llegaron tardes en Madrid, en Salamanca, en plazas importantes; pero esa muestra de reconocimiento al maestro ya tenía fijado un día especial: “El de mi alternativa, era la ocasión soñada y coincidieron muchas cosas. El maestro en sus últimos años triunfó en plazas relevantes con un terno azul y oro que me impresionaba al verlo en las fotos, como la de un lance en Santander, la plaza de la alternativa y donde él lo fue todo. Entonces, para esa ocasión, me hice un celeste con las mismas costuras y diseño. Luego, el momento más íntimo de recuerdo a Robles llegó en el afarolado de rodillas, que fue mi particular brindis a un genio del toreo que tanto me inspiro”.

David Salvador escucha atentamente. Su caso fue semejante al de Julio, porque también marchó a vivir a La Fuente a la edad de cinco años y ambos trabajaron de camareros. “Empezaba a torear y por el bar de mi madre venían muchos aficionados que me hablaban de Julio, incluso gente muy cercana que habían sido seguidores suyos. Eso te va creando una grata inquietud hacia el personaje, que aumenta a medida que vas conociendo más el mundo del toro. Después ya me apodera Leandro y me habla mucho de toros, con enorme pasión de Julio Robles y la influencia que tuvo para las generaciones posteriores, de los artista tan grande que fue y la personalidad que tuvo. Ahí pues te das cuenta ya tanta admiración como le guardas nada más escuchar pronunciar su nombre”, indica David Salvador.

La emoción se palpa en los dos toreros postrados, con el rostro serio, en el conjunto funerario. En esos instantes seguro que en sus adentros imaginan a aquel Robles que no conocieron, pero hoy su recuerdo viaja con ellos de sus vidas artísticas. Y tal vez lo imaginan por las calles de La Fuente jugando al toro, como hicieron ellos casi cincuenta años después. Es el sentimiento gemelo que tienen al observan la preciosa escultura de Luis Sanguino llena de vida, de movimiento, de luz, en un trincherazo interminable que nos hace volver a sentir al querido y añorado maestro. A aquel Julio Robles que es como ‘el rayo que no cesa’ de Miguel Hernández.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

17 comentarios en “El manantial cristalino de Julio Robles

  1. Un reportaje de los que se deben enmarcar. Enhorabuena a Paco por ser incansable en el reconocimiento a Julio Robles. Y un orgullo que Alejandro y David guarden tanta admiración a Julio Robles

  2. Buena tardes, Paco Cañamero mi toreo sin duda, una figura que marcó época del toreo más reciente. Julio Robles TORERODEEPOCA

  3. Gracias Paco una vez más por este sentido artículo lleno de nostalgia que mezclas con la esperanza de nuevos brotes taurinos de esa zona del campo Charro.Recuerdo tus artículos de como te llegó la noticia del fallecimiento de Julio, todo sentimiento y pesar.He releido recientemente tu libro y aplaudo tu decisión, seguro que premeditada. de no extenderte mucho en su triste final.
    Un abrazo Paco y buen invierno.

  4. Paquito, qué buena memoria y qué buenos sentimientos tienes. Robles, desde arriba te lo va a tener muy en cuenta. Y ese detalle de marcarles el camino a Alejandro Marcos y a David Salvador, toreros en ciernes, es también definitivo. Porque es bueno que los jóvenes apunten al futuro mirando y valorando que fue el pasado. Y ahí lo has bordado otra vez. Enhorabuena y un fuerte abrazo.

  5. Brillante homenaje al grandioso torero Julio Robles. Me gusta Paco la unión que haces entre el ayer triunfal, ya lejano, de Julio y el hoy con la esperanza del futuro de Alejandro Marcos y David Salvador. Yo también deseo que la ilusión de esos jóvenes se cumpla.

  6. Paco: muy emotivo para mí que coincidí en muchas tapias con él y más tarde fue mi referencia como figura del toreo. Descanse en paz y tú recibe un abrazo

  7. Brillante artículo dedicado a Julio. Los que le quisimos en todos los momentos, desde sus inicios , agradecemos tu recuerdo al amigo , al torero que personificó el arte de torear como solo él sabía interpretar ; y sobre todo a la persona. Algo ha tenido Julio Robles cuando su recuerdo perdura y reverdece cada aniversario.
    Nuestra admiración hacia él era comparable al cariño que le teníamos. Ramón sobre todo. Tú lo sabes Paco.
    Un abrazo.
    Teruqui

  8. Nuevamente, Paco Cañamero hace merecido al grandioso torero Julio Robles. No en forma de fosil para el recuerdo, si no como estimulo para el futuro. Al mostrar a la afición esos dos muchachos q quieren y pueden ser toreros. Y al mostrar a Alejandro y David el rastro del sacrificio y la gloria. Gracias Paco.

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