¡Otra vez juntos!

A Ramón Santiago Patino, en su muerte.

Me extrañó no verlo este año por la Feria de Salamanca, sin saber que ya estaba herido de muerte. Desde hacía un tiempo, el mal que roía sus entrañas mermaba su vitalidad y él preparaba su sereno adiós a la vida con la entereza de un toro bravo que se niega a cobardear. Sin venirse jamás abajo y con un montón de proyectos desde el faro de su afición taurina. Con sus ganas de vivir buscaba el sol de la tarde para salir de casa caminando por las calles de Lumbrales, al encuentro de algún amigo para hablar de toros y sentarse en una silla donde se supo ganar el respeto de los patriarcas.

Con Ramón, ¡gran amigo Ramón! se ha ido el mejor ‘roblista’ que conocí. El más fiel y también el más cabal. Una figura de los aficionados, que también las hay, como existen de los toreros, banderilleros o ganaderos. A quien nunca le hizo falta alzar la voz, porque solamente con su presencia, su mirada limpia y esa sonrisa, tan noble y picarona, se supo ganar el afecto de todos. Desde una tasca de los pueblos arribeños, hasta en las moqueta de los mejores hoteles, Ramón tenía guardado un sitio en las tertulias de quien sabe de toros, con conocimiento y sentido de la causa.

Lo recuerdo desde hace muchos años, con lealtad y nobleza a su afición, en la época que su querido Julio Robles ya había ascendido al olimpo de las figuras. Por los días de Santiago, en Santander; de San Isidro, en Madrid; de abril, en Sevilla y por medio el montón de viajes que hizo a Cáceres, a Plasencia, a Zamora, a Palencia, a Zaragoza… para seguir en primera línea el día a día de su afición y aplaudiendo a su querido torero, a quien vio crecer y disfrutó plenamente de su intensa carrera. La misma que, en su particular cuenta, se inició el Jueves de Ascensión de 1969, con la programación de un festival para arreglar el tejado de la iglesia de Lumbrales, en la que fue presentación en Lumbrales del espigado novillero de Ahigal. Desde entonces ya fue un fiel seguidor, admirador, amigo, confidente… del gran Julio Robles. De quien estuvo pendiente de todo y conocía su carrera al dedillo. Con las datos y  precisión de una computadora; con el sentimiento de quien fue vivo testigo de esa página gloriosa del toreo.

Por aquella época nació una amistad que solo se le llevó por delante los gélidos vientos de la muerte; los mismos que esta mañana de San Antón llamaron a su puerta para dejar toda una existencia en las despensas del recuerdo. Ahora, el volver a Lumbrales siempre estará viva la figura de esta gran personaje, de un líder que acaudillaba a una tropa de magníficos aficionados y sabía ser el mejor anfitrión del forastero, “pedid un vino que voy a casa a buscar un cacho y echamos la merienda”. Y Ramón era feliz invitando a sus amigos para hablar de toros, hasta lograr que sus ojos, pequeños y vivarachos, se humedecieran al rememorar aquella faena de Robles al Atanasio en San Isidro, “al que mejor toreó en Madrid”. O un día de mucho calor en Plasencia cuando logró que toda la plaza saliese toreando de salón tras cuajar un trasteo de hitos históricos. Y tantas más. Pero lo grande de Ramón es que siempre supo escuchar y dar sitio al contertulio o amigo en una existencia que abría más puertas. Porque guardó mucha admiración y máximo respeto por Antonio de Jesús –también íntimo suyo-, por El Viti –fue un extraordinario vitista-, por Juan José, por Juan Diego y ahora estos últimos años tuvo tanta debilidad por Alejandro Marcos que, cuando ya muy impedido, no podía viajar a verlo, a la caída de la tarde llamaba para ver cómo había estado.

Ahora quedamos huérfanos de este personaje de leyenda. De Ramón Santiago, quien fue la máxima referencia del ‘roblismo’ y pasó por los caminos de la vida con su saber estar, con respeto y la educación innata de los hombres curtido en los caminos de la palabra.

Coletilla final: Hace varios me regaló este poema que hoy preside un lugar de honor en mi despacho.

A PACO CAÑAMERO

                                                                       La Fuente de San Esteban

rica en toros y toreros.

Tiene también un periodista,

que es Paquito Cañamero.

 

Cronista reconocido,

escritor de talento,

aficionado de tronío.

Su punto ‘el de Cañamero’.

 

Rebelde en su cometido,

como lo fue su maestro.

Verdades dice en coloquios,

en tertulias y en periódicos.

 

Lleva el sello poderoso,

del cronista verdadero.

El que no es de servilismo,

el de objetivo y sincero.

 

Éxitos reconocidos,

tiene en su haber Cañamero.

Libros al Viti y a Robles.

San Sebastián gran certamen.

Biografía de Navalón,

de quien tanto aprendió y sabe.

 

Entrevistas con talento,

tienen sabor viejo y nuevo.

Donde existe el contrapunto,

y el punto de Cañamero.

Hijo de pueblo noble,

donde se hicieron toreros,

tres destacadas figuras:

Pallarés, Juan José y Robles.

 

Y con ese saber taurino,

con su pluma brinda al cielo,

dejando para la historia:

El arte y la torería.

De dos que ya están muertos.

 RAMÓN SANTIAGO

                                      (LUMBRALES)

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

19 comentarios en “¡Otra vez juntos!

  1. Que pena!!! Cuando yo era pequeña, Ramon iba por los pueblos comprando corderos. Siempre tenía un ratito para tomar una cerveza con mi padre y hablar de toros. Los dos eran grandes aficionados, uno del Viti y otro de Julio Robles.

  2. Muy bonito, Paco. Una pena, se ha ido un aficionado, el cual siempre estuvo a nuestro lado para lo que hiciera falta como Asociación y lo que pudimos aprender de sus comentarios. D. E. P.

  3. Lo dejas bien claro Paco:Se va un elegido, un aficionado cabal, era un placer escucharlo. Hace 2 años compartimos tu y yo un rato muy agradable despues de un festival en Lumbrales. La ultima vez q lo vi. Decanse en paz .

  4. Querido Paco,no puedo expresarte con palabras el profundo agradecimiento por tu precioso artículo dedicado a Ramón . En él, envuelto en su gran calidad literaria está presente la sinceridad , el sentimiento y el profundo conocimiento de la personalidad de mi marido; y ello hace que al releerlo una y otra vez, las fibras, ahora más sensibles del corazón se desborden porque siento más cercana su presencia.
    Sé que Ramón estará disfrutando de todo cuanto comentas, y será feliz con el reconocimiento que le dispensas como persona y aficionado a la Fiesta, pasión de su vida hasta los últimos momentos de su existencia.
    Gracias en nombre de mi hijo. La pena se hace más llevadera con aportaciones como la tuya.
    AGRADECIMIETO INMENSO PACO .
    Un abrazo.
    Teruqui

  5. Muy bien expresado y contado cómo era Ramón. Lo traté muchas veces y puede corroborar lo que dice. Lo echaré de menos cuando vuelva a Lumbrales o en la plaza de toros de Salamanca. DEP, Ramón.

    1. Quiero mostrar mi gratitud por todos los comentarios surgidos al leer la brillante semblanza que Paco dedicó a mi marido. No podré olvidar esas palabras que me han emocionado y consolado en estos momentos difíciles. Ramón estará muy contento comprobando vuestras muestras de afecto.
      Saludos y un abrazo
      Teruqui Robledo

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