Juan Carlos Martín Aparicio, un charro ligrimo

En Salamanca, más dados a echar zancadillas que a ayudar, a entorpecer que facilitar salir a flote, por fin van a rendir un homenaje de admiración a Juan Carlos Martín Aparicio. Al gran Juan Carlos, de Carreros. Al singular ‘Jujujuancarcarlos’. A un hombre que guarda en los almacenes de su memoria el gran legado del Campo Bravo. A un escritor costumbrista, de fina pluma, con arte en la palabra y un singular gracejo que lo ha convertido, desde hace ya mucho años, en un maestro.

Es el Bolsín Taurino Mirobrigense quien ha alzado la bandera de la justicia con Juan Carlos para llevar a cabo este homenaje ¡pocos son tan merecidos! a quien es una leyenda entre los escritores taurinos; a un hombre apasionado del campo, ganadero que mantiene el legado de sus antepasados en ese museo que ha convertido su casa de Fuenterroble, al lado de Sancti Spíritus, donde también mata su gusanillo criando toros bravos. Me encanta tener que escribir esta página del Bolsín, que ha sabido con la tecla del reconocimiento y esté haciendo algo grande, a la altura que merece el protagonista, gracias al buen hacer de Miguel Cid, el patriarca; de Sito Sevillano, de José Ramón y de Antonio Risueño. No es para menos y lleva, lo menos un mes, el gran Antonio Risueño, el cura de vocación taurina, sin parar de allá para acá trenzando los lazos de este homenaje, hilando detalles en el particular puzle para que el homenajeado viva un día de esos que quedan enmarcados en la memoria.

Mucho antes de ser amigo de Juan Carlos ya lo admiraba. Casi desde que tengo uso razón leía sus reportajes camperos. Sus crónicas de campo de Salamanca, del madrileño, del extremeño –cuando en Extremadura había muy pocas ganaderías-, o del portugués, que tanta magia y grandeza atesora; mas allá de los toros recuerdo sus reportajes en un diario local sobre pueblos y comarcas. También un magnífico libro editado por la Diputación de Salamanca titulado ‘Gentes y Costumbres’ que debería leer quien quiere conocer la idiosincrasia de lo charro, porque es un libro fundamental para conocer el legado que atesora esa tierra.

 Qué pena da que, ahora, apenas le den sitio a quien es la voz de la experiencia del Campo Charro ganadero, a quien más sabe y tanto puede enseñar. A quien conoce todos los intríngulis de un pasado glorioso. Y además lo sabe contar con ese deleite y gracia que únicamente tienen los grandes escritores.

Enhorabuena. amigo Juan Carlos y felicidades al Bolsín Taurino por hacer justicia con quien tanto lo merece.

 

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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