¡Gracias a Portugal y sus nuevos Viriatos!

Los portugueses otra vez más nos dan lecciones. El país irmão, -¡ay Portugal!, ¿por qué te quiero tanto?- de nuevo sale en defensa de estas comarcas tan cercanas a la raya que pretende pisotear el dinero sucio de una multinacional australiana. De esa Berkeley que quiere clavar sus afilados dientes llenos de veneno sobre el Campo Charro y ya ha provocado un gravísimo e irreparable daño medioambiental. Ahora, cuando más falta hacían, han unido sus fuerzas con los distintos colectivos que rechazan el proyecto de la mina de uranio y del futuro almacén de residuos nucleares que matará amplios en el mismo corazón de la charrería. Han dicho basta a un proyecto que, cada día, tiene más enemigos a medida que la gente conoce lo negativo que será. Por esa razón nunca nos cansaremos de dar las gracias a nuestros entrañables vecinos, quienes tanto han sufrido por la explotación de cotos mineros de uranio, que ha llevado tanta muerte y pobreza entre sus gentes.

Lo más grande que ha ocurrido a la defensa del Campo Charro es el apoyo lusitano, con estos descendientes de aquel pastor llamado Viriato que liberó a España de la expansión de Roma. Y lo hacen por solidaridad y también al darse cuenta que el leonino proyecto de Berkeley verterá sus residuos al Douro poniendo en peligro la riquísima zona vinatera situada en las dos orillas del río; al igual que la navegación por estas aguas, convertidos en uno de los grandes atractivos del Portugal interior, que también queda en serio peligro. Gracias de corazón y también a tantos amigos extremeños que desde el primer día se han sumado a esta lucha, donde destacada la figura de Ángel Hernández, ex alcalde socialista del pueblo de Gata y luchador por los grandes valores de esa preciosa comarca, es un puntal frente a estas movilizaciones contra la mafia de Berkeley, siendo además la persona que movió Roma con Santiago para que este proyecto, con todas sus maldades, se conociese en Portugal.

Ahora, con toda la maquinaria en marcha, Berkeley, está más arrinconada y tratando de buscar un golpe de efecto, ya a la desesperada, tras haber sido desacreditada en su nido de mentiras.

Por cierto para los agoreros y pesimistas, que haberlos haylos, al comentar la enorme manifestación que el sábado candó, con más de 5.000 personas, las calles de Salamanca decían que ese proyecto minero ya no se paraba alegando la inversión realizada por Berkeley. Pues bien, hay muchos antecedentes de grandes obras paradas por la presión social. Muy cerca de esta zona están los restos y ruinas del lugar de la construcción de una central nuclear de Moral de Sayago, detenida cuando ya se habían invertido cientos de millones –entonces de pesetas-. También cerca, aunque ya en Portugal, se encuentran los restos de la presa del río Coa, donde había contratados más de 500 trabajadores y la Comunidad Europea la frenó porque la anegación de las aguas traería la desaparición de las pinturas rupestres del Coa, un tesoro que hoy es una enorme fuente de ingresos para la zona. No nos olvidemos de la vizcaína Lemoniz y toda la polémica surgida. Tampoco de la enorme presión social de los sanabreses para lugar por su lago cuando sobre él se proyecto un enorme embalse.

Restos de la antigua construcción de la central nuclear de Moral de Sayago

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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