Juan Mora, 35 años de torería

Treinta y cinco años atrás, Sevilla, vivía un luminoso Domingo de Resurrección. La corrida de la tarde, desde hacía unos pocos de años, ya era el gran lujo de la temporada hispalense. Cartel de marcada sevillanía en ese escenario perfumado por el azahar de los naranjos en primavera, de los soles que abren el definitivo telón al buen tiempo y adornan de gala al acontecimiento. Esencia de Manolo Vázquez, embrujo de Curro Romero y la bienvenida de Juan Mora para tomar la alternativa y recibir el testigo artístico del que viene avalado.

Juan Mora, placentino y emigrado a Sevilla por mor de los negocios taurinos de su padre –el gran Pepe ‘Mirabeleño’-, desde muy niño respira los aires taurinos de esa bendita tierra. Y ya no quiso ser otra más que torero, tanto que incluso la primera rivalidad la tiene mucho antes de debutar de corto en La Algaba. Fue en los Salesianos de Triana, en la etapa de escolar, cuando su compañero de pupitre lo miraba de soslayo. Poco después aquel compañero –Emilio Muñoz, en los carteles- fue un torero grande, con esencia belmontistas y sabor barroco, muchas veces compañero de cartel y, sobre todo, amigo fiel.

El hijo de Mirabeleño llegaba hecho y con amplio rodaje a ese momento tan especial. Con cientos de novilladas y dejando esa esencia de arte que tanto comentaban aficionados y profesionales. Atrás quedan los entrenamientos en la placita del Canelo, de Santiponce, en la misma que presenció cómo Paco Camino se preparaba para su reaparición; también las veces que acudió a La Maestranza y vio triunfar a S. M ‘el Viti’, ya en el final de su carrera – a ese Viti que conoció de niño la vez que acompañó a su padre a la finca del maestro para compararle una corrida-; el arte de Manolo Cortés, la tarde que puso abajo La Maestranza con el capote; los consejos de Rafael Ortega, quien toreó con más pureza que nadie y fue un as de espadas; las charlas en el complejo ‘Piscina Sevilla’, donde escuchaba a los grandes peones de la capital hispalense; la admiración por su padrino Manolo Vázquez… todo en medio de una larga carrera novilleril donde sembró todo lo que vendría después.

Aquel tres de abril de 1983 llegó al patio de cuadrillas Juan Mora, de reluciente blanco y oro, con la sonrisa de sus veinte años, de novillero figura. Como padrino Manolo Vázquez, el maestro del sevillano barrio de San Bernardo que vivía una reaparición soñada y ¡por fin! su tierra se le había entregado para darle su verdadero sitio y quitarle el antiguo sambenito de “el hermano de Pepe Luis”. Y testigo Curro Romero, palabras mayores, ya en su alianza íntima con esa fecha tan taurina en La Real Maestranza. En los corrales toros de Carlos Núñez y ‘Arriadito’ es el de la ceremonia, frente al que dejó la semilla de su sabor artístico el nuevo matador.

Fue el inicio de la grandiosa carrera de un artista que supo beber de las aguas más cristalinas del toreo. De quien acabó siendo una referencia y, herrado con el sello de maestro, goza de la distinción de ser el último lujo de este arte. De un hombre que se vistió de luces para dignificar y hasta un año mató entera la camada de Victorino tras cuajar a la perfección a un toro de ese divisa en Valladolid.

Son treinta y cinco años. ¡Casi nada! Tres décadas y media de un espejo que interpretó tantas veces como todos sueñan. De un hombre noble que ha sabido cultivarse en los caminos de la vida. De quien una tarde lluviosa de la feria de Jaén nos puso en corazón en un puño tras sufrir un cornalón que estuvo a punto de apagar la llama de su vida. De Juan Mora, torero y señor, que tantas veces nos ha apasionado con la magia de su arte. De quien hace grande a la Tauromaquia y, justamente hoy, hace treinta y cinco años recibía la alternativa. FELICIDADES.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

5 comentarios en “Juan Mora, 35 años de torería

  1. hace 30 años mas o menos le vi cortar una oreja en Madrid y ahora pensando me doy cuenta que antes Madrid exigía mucho mas, corto una oreja en una faena que hoy en día hubiera sido sin duda de dos. Ni un pañuelo hubo para pedir la segunda oreja.

  2. Paco bonito artículo. Desconocía esa anécdota referida a Emilio Muñoz. Algunas veces, el trianero, se ha referido a él con mucho afecto. A ambos los vi mano a mano un otoño en Madrid y ese día el de Plasencia salió en hombros. Gran torero y bonito detalle de esos recuerdos.

  3. Me gusta tu comentario Paco. Como siempre que leo algo tuyo nos ilustras. Te admiro por eso, por el amor a la tauromaquia y como no…por ser mi paisano.

  4. Para mi,es de las personas más importante en mi vida…mi gran y querido hermano desde pequeños unidos y él es ha sido y será…un ser maravilloso, luchador por su profesión, pero bueno y humilde..en todos los sentidos….gran torero, pues lo llevamos en la sangre…y él ya consagrado, como maestro pues tiene todos los méritos…para que así sea…..GRAN TORERO PARA SIEMPRE….ENHORABUENA….

  5. No recuerdo el año, sería por finales de los 90, en la plaza de Cáceres toreaba Juanjo, como lo llaman sus amigos de Plasencia y uno de ellos, el profesor ” Chinato” Faustino Rozalén, escribió está coplilla que, a mitad de la faena, mientras el cuerpo de Juan se rompía con los mejores naturales de la tarde, entonó, acompañado por la guitarra flamenca, el cantaor cacereño Simón Garcia, El Niño de la Ribera:

    Cuando Juan Mora torea
    Se escribe en el aire un verso
    Y en este verso se encuentran
    La Macarena y el Puerto.

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