Matar al mensajero

Siempre fue un ‘modus operandi’ de la violencia –verbal o física- por quien no supieron defenderse con la razón, el talento y la inteligencia. Ni mucho menos con la ironía, algo que únicamente atesoran mentes privilegiadas. De un tiempo a esta parte ya nadie admite críticas en el camino de lo políticamente correcto y a los poquitos que aún denuncian –supervivientes de una época- tratan de cerrarles las puertas y aislarlo para tratar de echarlo, en definitiva buscar su inanición. El ‘sistema’, en ves de arreglar tantos desaguisados como tiene pendientes, busca apagar la luz de los pocos críticos independientes que aún siguen honrando a la profesión. Y casi nadie admite crónicas que no sean triunfalistas y con el elogio por bandera, crucificando a quien denuncia algo que está mal a todas luces. O que reivindique novilladas en los ciclos feriales. O más casta en el toro. O exigir una bajada del precio de las entradas, o la aplicación del actual IVA, cuando tantas empresas mantienen el mismo precio embolsándose ilegalmente un dineral –entre ellas Plaza1, del palabrero Simón Casas-.

Ahora está de moda cerrar las puertas los periodistas y a críticos taurinos que atacan al obsoleto ‘sistema’ que rige los hilos del toreo. A quienes están en contra del torito ‘cómodo’ y despuntado que se lidia en tantas plazas por las figuras; del triunfalismo que se promueve a cualquier precio y del todo vale para dar orejas (desde estocadas caídas, hasta faenas escasas de contenido e interminables en la muleta). No admite nada que los pueda molestar, a ellos y a sus intereses. O remas a su corriente del todo tan bonito –se torea mejor que nunca- o ya eres un enemigo apuntado por su dedo. ¡Qué diferencia de los Choperitas, de Manolo Chopera, de Miranda, de Bernal, del viejo Zúñiga aún en activo-…! Aquellos eran señores y siempre tenían la mano izquierda de buen trato con los medios.

Mientras hay una lista que crece de críticos humillados, maltratados, ninguneados… Y de eso este crítico sabe mucho, bastante ha debido soportar injusticias y al final siempre nos han dado la razón, sin salir de este camino. Esa lista no ha dejado de crecer y, ahora, tiene a su última víctima al profesor zamorano Fernando Primo, a quien el empresario negó la acreditación para cubrir los festejos de la finalizada Feria de San Pedro en El Día de Zamora. Primo, que es una excelente persona, gran aficionado y siempre buscando el lado positivo, cometió el terrible pecado de ser justo y defender la presencia en los carteles de Alberto Durán, el único matador zamorano en activo. Lo reivindicó con educación y buenas formas, con estilo, todo en las antípodas del trato que ha recibido. Y a Primo lo honra defender a Durán, que además de un torero con mucha clase y recuperable merece un sitio en los carteles de Zamora.

                                    El crítico taurino Fernando Primo

 Por eso, ante la particular caza de brujas emprendida por el ‘sistema’ contra la poca prensa independiente que va quedando, llega el momento de alzar la voz. La Fiesta tiene muchos más problemas que resolver y desde luego el triunfalismo no es el camino de aparcar todos los males.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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