Destino La Glorieta: La semilla del futuro

Las noches del jueves en La Glorieta tienen un sabor especial, con esencia y paladar taurino, convirtiéndose en el gran acontecimiento de la temporada charra. No hay nada más hermoso que ver de bote en bote los tendidos y las gradas por un público joven y entusiasta, de familias enteras, de aficionados, de profesionales… para disfrutar con los primeros pasos de los toreros del mañana. El certamen, conocido como Destino La Glorieta, fructificó gracias al talento y afición de Víctor Soria –quien enseguida encontró el sí de su casa, La 8 salmantina y, a continuación, el patrocinio otra entidades- para buscar nuevas alternativas en la Fiesta, lejos de la sota, el caballo y el rey, tan habituales como monótonos en las plazas. Hoy aquel sueño de un joven periodista –que además es un todoterreno y culto, que ha roto en un brillante profesional-, se ha convertido en un acontecimiento nacional. Porque hoy a nadie del todo pasa de largo esa promoción, nacida en la capital charra, para buscar nuevos valores y que ha superado todas las expectativas.

Vaya nuestra enhorabuena por sembrar una semilla que prenderá en los nuevos aficionados, quienes han encontrado su particular banderín de enganche en el encanto de estas noches salmantinas bautizadas con el sugestivo nombre de Destino La Glorieta.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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