Curro Vázquez y su adiós a Las Ventas

Plaza1, la empresa adjudicataria de Las Ventas, con Simón Casas al frente, sigue naufragando en la gestión de Madrid y ahora intenta buscar un golpe de efecto con la implantación de un sorteo para la Feria de Otoño, hecho que entraña tantas dudas, más aún conociendo a este Casas que es todo palabrería. Ese sorteo que sería lo ideal y necesario en condiciones normales, siempre y cuando entrasen dentro de él todas las figuras. Porque el pretendido ahora ¡ es una tapadera para ocultar la nefasta gestión del francés y su socio, la ‘viajera’ Nautalia, al frente de la plaza y además las figuras, fieles a la línea de los últimos años, huyen de dar la cara en Madrid.

A nadie escapa que, a medida que transcurre el tiempo, las dudas sobre los haceres de esta empresa que está tirando por tierra el prestigio y la seriedad de Las Ventas; además, según fuentes próximas a la empresa de Madrid, desde hace tiempo saltan chispas entre el responsable de la ‘viajera’ y Simón Casas, quienes van por caminos separados, con pensamientos opuestos y han comenzado las primeras deserciones.

De momento, el primero en salir por la puerta ha sido Curro Vázquez, tan importante en el staff, quien ha desembarcado de esa empresa. Hace unos días, en unas escuetas declaraciones afirmó no sentirse cómodo. De hecho hace tiempo no era feliz, prueba de ello es que en la confección de los carteles de San Isidro se quitó del medio ante la avalancha de llamadas que recibía para encajar a este u aquel torero. Muchas eran de amigos vinculados en su etapa de torero, de gente que jamás le tendría que decir que no y ahora lo llamaban para buscar un sitio en los carteles. Abrumado y sin poder dar respuesta a quien jamás le podía decir que no, abandonó esa responsabilidad para dedicarse con exclusividad a la función que figuraba en el pliego.

Sin embargo, Curro Vázquez, un torero que basó su carrera en Las Ventas y conoce mejor que nadie esa plaza y su afición, hace tiempo que dejó de compartir los planteamientos de Simón Casas. Curro, un hombre prudente, no podía estar cómodo entre la palabrería del francés. Y eso que se conocían desde chavales, coincidieron en los ruedos de novilleros ya a finales de la lejana década de los sesenta e incluso el gabacho lo apoderó en alguna etapa, junto a Roberto Espinosa, lo que derivó en una buena relación. De hecho los toreros de Curro Vázquez siempre estaban perfectamente colocados en las plazas de Casas. Sin embargo, ahora, las cosas no marchaban, con muchos planteamientos e ideas que no encajaban en la forma de pensar de Curro.

Curro Vázquez, que conoce tan bien Las Ventas, no podía permitir tantos atropellos.

Seguramente no le hizo ninguna gracia formar parte del staff de la empresa que se cargaba la temporada madrileña con su inmenso legado de rica historia, al cerrar a cal y canto las puertas de Las Ventas durante los domingo veraniegos. Y eso a alguien que toreó tanto en esos domingos y vio emerger a muchos compañeros que llegaron a figuras –Ojeda, Palomar, Ortega Cano…- bajo la canícula del estío madrileño, no le debía hacer gracia alguna. Más al ver cómo tantos toreros de ahora y con posibilidades pierden nuevas bazas de relanzar su carrera por la nefasta gestión de una empresa de la él formaba parte. Y entre eso, las liquidaciones a los matadores modestos y otros desórdenes que jamás deberían producirse en Las Ventas han provocado el primer desembarco de una marea que ahora pretende distraer la atención con la novedad del sorteo para la Feria de Otoño.

Además, Simón Casas, con tanta fama de palabrero y vendehúmos, desde hace tiempo tiene en Roberto Piles, el taurino francés, en su mano derecha. Piles, con despacho en Las Ventas, es un hombre fuerte del organigrama y quien cada vez con más fuerza dentro de las aguas revueltas de esa empresa que naufraga llamada Plaza1.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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