¡Viva La Huebra!

Rompió el paseíllo a la hora en punto y las ilusiones estaban inmaculadas en los tres chavales, dos de casa y un mexicano. En esos momentos y los anteriores nadie se explicaba el motivo de dejar fuera a Manuel Diosleguarde, quien por lógica era el componente ideal para haber confeccionado un trío charro sobre las arenas de La Glorieta. Con ese Diosleguarde que salda sus actuaciones con triunfos convertidos en golpes en la mesa de la reivindicación. Pero son las cosas del toreo y sus intereses. Luego, a medida que la tarde fue cayendo el toro repartió los sitios para dejar a Antonio Grande en el de auténtico protagonista gracias al legítimo triunfo que supo ganar.

Volvía David Salvador sediento de un triunfo ante sus seguidores, amigos y aficionados. Necesitaba un éxito que revalorizase su carrera y con él poner a todos de acuerdo, pero ya se sabe aquello de el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone, porque en su lote no tuvo opción de redondear un triunfo grande cuando más falta hace. Rabioso de ira en su segundo, tras ver cómo su primero no transmitía por la falta de fuerzas y el segundo enseguida empezó a defenderse, se tiró a matar sin espada en un acto de coraje y de fe. De torero. De garra –aunque en alguna ocasión pecó de abulia-. Al final se marchó andando, con la cara cariacontecida porque era la ocasión adecuada para salir en hombros y quedar situado para el año que viene el la ‘pol’ de su escalafón. Pero, ¡ojo!, no nos equivoquemos que este tipo de toreros hay que saber esperarlos y darle su tiempo; sobre ellos no van las prisas –ni falta que hacen-. No hay más que ver tantos maestros que necesitaron años y años hasta cuajarse -¡bien cerquita los hay!-. Por eso, David merece el respeto de quien hay que esperar, porque tiene la moneda del buen toreo y el don del clasicismo. Y algún día, más pronto que tarde, llegará.

Fue el día de Antonio Grande, al igual que ocurrió el pasado año en la novillada. Y no es causalidad, ni mucho menos porque estamos ante un chaval de tremendas condiciones, de empaque y ambición, de inteligencia y de portento. Llegó desde San Muñoz, ese bello pueblo del Campo Charro bañado por el Huebra y cuna de grandes aficionados, entre ellos su abuelo, el inolvidable Chanote, que fue un hombre con rumbo y señorío que se distinguió como taurino y roblista –de hecho en su bar habitualmente colgaban fotos del maestro Julio Robles que le regalaba-. Y Antonio Grande, para gloria de los suyos y esperanzas torera local, que es otro nuevo botón charro a la esperanza, salió a recibir a su primero con bellas verónicas; ahí, aunque el torete perdió varias veces las manos el chaval mostró oficio y buen hacer, sobresaliendo sobre el resto una serie arrebatada y ligada sobre la diestra que fue el culmen de su trasteo. Después, en la lotería del sorteo, a sus manos fue el de mejor calidad –el quinto- y lo aprovechó de principio a final. Porque los mejores toros deben ir a manos de buenos toreros. Lo recibió con un racimo de magníficas verónicas ganando terreno para rematar con una media cerca de la boca de riego. Lo llevó al caballo con un bonito galleo, muy jaleado. Con la muleta destacó ante un novillo colorado y de armónica cuerna, enclasado y que humilló a sus telas. Muy bien en el toreo en redondo sobre la diestra, con un Antonio Grande muy solvente y en ocasiones hasta artista. También al natural, llevándolo largo y rematando muy bien hasta atrás. Cuajó una faena larga, bien estructurada, dando los tiempos y provocando los olés que tuvo el enorme remate con cuatro grandiosos naturales, que fueron carteles de toros para matar de estocada hasta la bola. Dos orejas legítimas y de ley que le abrieron de par en par la Puerta del Toro y lo convierten en el primer triunfador de la feria. Y mucho más importante en un seria promesa, porque en La Huebra se puede estar cociendo un gran torero. Ojalá lo consiga y que el inolvidable Chanote se emocione muchas tardes desde su palco celestial cuando se reúna con su admirado Julio Robles para ver torear a su nieto Antonio Grande.

Por el compincheo de la nueva empresa, de corazón azteca llegó Diego San Román en un sitio que debió ser para Manuel Diosleguarde. El chaval atesora oficio y conocimientos, también experiencia al manejar el capote, que lo hace con soltura y suficiencia. Su primero se rajó y el segundo, el sobrero, que le dio una espeluznante voltereta al comenzar la faena de muleta, también se vino abajo enseguida, mostrándose él decidido sin más.

Al final y rodeado de chavales de su pueblo, de alumnos de la escuela taurina y de aficionados, a Antonio Grande, el triunfador del día y protagonista del primer aldabonazo, lo sacaron en hombros y su cara era el verdadero espejo de la felicidad.

—————————————FICHA DEL FESTEJO———————————————

Ganadería: Se lidiaron novillos de José Cruz, el tercero fue devuelto y se corrió turno, saltando en sexto lugar un sobrero del hierro titular. Novillada desigual y floja excepto el 5º, de gran clase.

David Salvador: Ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso.

Antonio Grande: Oreja tra aviso y dos orejas.

Diego San Román: Ovación con saludos en ambos.

Entrada: Un tercio de plaza en tarde veraniega.

Cuadrillas: Se desmonteró Jesús Fernández  tras parear al cuarto.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “¡Viva La Huebra!

  1. Amigo y gran Periodista Paco Cañamero eres todo un fenómeno te admiro por tu buen hacer , llevando nuestro campo charro siempre en tu palabra hablando escribiendo y comentando , como nadie lo sabe hacer ,mi enhorabuena alos toreros de nuestra tierra y a muy especial Antonio Grande

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