Berkeley ensucia las tardes de toros

Hace veinticinco años la plaza de toros de La Glorieta de Salamanca alcanzaba su centenario. Por aquellos tiempos la organización del ciclo era rotativa, dos años para Manolo Chopera con su empresa Martínez Flamarique y los otros dos para los hermanos José Antonio y Javier Chopera, los Choperitas, denominados comercialmente Martínez Uranga, ambos donostiarras, pero muy afines a la provincia, donde eran propietarios de fincas y gozaban de amistades. Con ambos al timón se vivió la edad de oro de la feria charra y lo más granado de las figuras tenía una cita en septiembre en Salamanca, cierto es que con Manolo Chopera -se preocupaba más por el toro y siempre fue el primero que abría la puerta y el último en marcharse. Los Choperitas era Javier –un gran señor- y José Antonio –un bont vivant con su afición marinera-, pero contaban con un buen equipo, al igual que su primo Manolo.

Uno mira el transcurrir del tiempo y queda perplejo de la velocidad que se deshojan los años, dejando el poso, la experiencia y veteranía de quien ya ha vivido tanto. Por aquel entonces, para solemnizar el centenario, se llevó a cabo una enorme restauración en la plaza quela llevó a su declaración de BIC, con categoría de monumento, además de eliminarse la publicidad estática que cubría los palcos de gradas y andanadas. De esa forma durante casi dos décadas, La Glorieta, se pudo disfrutar con toda su belleza.

Últimamente ha regresado la publicidad, siempre más discreta y hasta aquí se comprende. Porque en la Fiesta haya que buscar recursos ajenos, en este caso publicitarios, al igual que ocurre en todos los deportes y mayoría de los espectáculos. Sin embargo, en ocasiones, en esa publicidad es engañosa acaban dándote gato por liebre al venderte realmente lo contrario. Es el caso de Berkeley, la multinacional australiana que pretende poner en marcha minas de uranio y oferta en sus campañas publicitarias trabajo y prosperidad, cuando la realidad es que el futuro que traerá –aunque cada día está más lejos de ser realidad su asesino proyecto- es justo lo contrario: destrucción, desertización, cáncer y muerte. Serán empleos efímeros para unos pocos de años y dejar después esta tierra convertida en un solar envenenado.

Y eso no es lo más grave. Lo peor es que esas minas matarán el hábitat del toro bravo, la dehesa. De hecho, si ese proyecto de Retortillo prosperase, a bote pronto, quedarían afectadas un montón de ganaderías de bravo, las situadas en un radio en torno a unos cuarenta y cinco kilómetros del lugar de la extracción y del almacén de elementos radiactivos, que si echan la cuenta observarán que son la mayoría de las asentadas en la provincia.

Por cierto, ayer en Salamanca se celebró un acto de la Unión de Criadores de Toros para hablar de un asunto tan llamativo como ‘Toro sostenible’, que analiza su futuro en el turismo, la gastronomía, al igual que su hábitat en la dehesa… Sin embargo allí nadie planteó el grave problema que se avecina para esta tierra y su ganadería brava. Porque ahora mismo los ganaderos, junto a sus diferentes grupos, ya tenían que estar posicionados en contra de esa barbaridad.

Y es que hay que decir quién es esa empresa que tanto se publicita, cuando su realidad es que, en poco tiempo, acabará en con el elemento primordial de la Fiesta y con un icono del Campo Charro, el toro bravo. Y aunque el dinero sea muy goloso estas situaciones hay que pensarlas y no tragar con todo, porque en este caso se  está firmando el adiós de la dehesa. ¿Se imaginan que Bildu patrocina una publicación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado? ¿O que Sito Miñanco fuera el presidente de los damnificados por la droga? ¿O que un bodega tenga el mecenazgo de una asociación de alcohólicos? Pues lo mismo.

Al menos los piensos y los tractores que lucía La Glorieta antes de 1993 eran herramientas para la labor del campo. Sin embargo, no lo olvidemos, Berkeley viene a arrasar el Campo Charro y su zona ganadera. Que es muy distinto.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “Berkeley ensucia las tardes de toros

  1. Bravo Paco!!! Gran verdad, valiente y honesto. Berkeley fuera!!! Como taurina siento vergüenza en la plaza de salamanca. Ganaderos de bravo luchemos por nuestra dehesa y nuestro futuro!!! Y la mierda para Australia!!!

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