Alejandro Mora, el sueño de un niño torero

Ya sueña con volver a torear. Con transmitir esa esencia y personalidad que convierte a Alejandro Mora en uno de los novilleros más referentes del futuro. Ya lancea en la soledad de su habitación faenas de tronío y su deseo ya no es otro que regresar a su Plasencia para completar la recuperación. Y por delante ese invierno que es la base de los toreros, cuando se preparan y ponen a punto la despensa de su capacidad. Ya solo espera que la nueva temporada sea la de su consagración definitiva con esa tarde que arranca en Garlin donde pondrá a todos de acuerdo con esa clase que atesora, fiel herencia de su linaje, que es palabra mayor en el toreo.

Alejandro Mora, el último eslabón de ese dinastía tan torera que fundase Pepe ‘Mirabeleño’ y tiene al maestro Juan Mora en la máxima referencia, ya sabe lo que es superar el dolor de la cornada. Y la herencia de esas cicatrices que son medallas y la hacen sentir con más pasión ese torrente de torería que corre por sus venas. Ya vio esa cara de la moneda en Hinojosa de Duero o en Alba de Tormes, previos a este tabacazo sufrido en Zaragoza, en La Misericordia de la capital maña en pleno ciclo del Pilar, en la plaza donde su tío Juan dejó tantas veces la esencia de su torería. Donde otra feliz tarde de la ‘pilarica’, aún novillero, regresó a Madrid con la cuadrilla y a la mañana siguiente se incorporó al servicio militar en Colmenar Viejo. Allí en esa Zaragoza tan querida, la de la Virgen del Pilar y la que tiene a ese doctor Val Carreres en un auténtico ángel de los toreros, quien ahora con sus manos de oro ha hecho un nuevo milagro con  el tremendo cornalón sufrido por Alejandro Mora.

Y ya espera la vuelta Plasencia para respirar esos aires del Jerte que tanto reconfortan al espíritu, con los viajes a las ganaderías del Campo Charro y extremeño para poner a punto la reaparición, que será el pistoletazo de salida para que otro Mora esté en los grandes carteles.  Y es que Alejandro, aquel crío que un día toreó por primera vez en la finca salmantina de los hermanos Cambronell,  merece todos los honores. Y que el toro le debe tanto como entrega ha tenido.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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