Las mentiras de Berkeley rayan el delito

Las mentiras de la agónica Berkeley rayan el delito. Llevan semanas publicitando a bombo y platillo que el cien por cien de los habitantes de Retortillo están a favor de la polémica mina. Otra mentira que los desacredita y coloca en ese escaparate de las indecencias, de haceres mafiosos y de suciedad de cuanto rodea sus ‘actividades’. Una mentira más grande que todas sus falsedades, porque Retortillo, un pueblo pequeño con una población cifrada en 204 habitantes (según censo de 2017) no está plenamente identificado en ese proyecto. De hecho, en la multitudinaria manifestación del sábado en Vitigudino solamente de Retortillo había contabilizadas dieciséis personas que acudieron para decir ‘no a la mina’. Dieciséis se desplazaron, pero hay otras muchas que también son contrarias al proyecto que felizmente ya muere. Por lo tanto esa mentira puede ser hasta un delito por engaño y manipulación de datos, un ‘modus operandis’ del que Berkeley y sus directivos mandamases –Bellón y Colilla- son especialistas en nadar en las aguas turbias de la manipulación y la falsedad.

 

Cierto es que hay otra parte de esa población que los defiende –trabajadores junto a sus familiares- y hasta si hace falta alza la voz, algo que ocurrió el pasado verano con la fiesta programada con motivo del final de etapa de una etapa ciclista. Porque para ello, la minera, utiliza la vieja táctica de quienes someten al pueblo llenándole la barriga y entonces esos estómagos agradecidos son un arma a su favor. Eso ocurrió este verano con gentes a quienes han cegado con sus promesas después de agasajarlos -¡y todos uniformados!- con raciones de arroz bomba y tintorro como si se tratase de la minas Bodas de Caná. Después llega todo lo demás. Lamentable.

 

COLETILLA FINAL: Por último no quiero dejar para de largo mi admiración por José Pinto, el ganadero de Casillas de Flores aupado al pedestal de la popularidad gracias a su talento y cultura batiendo récord de permanencia en programas televisivos. Pinto, charro noble y comprometido con su tierra, acude a los actos contrarios a la mina con el conocimiento propio de todo lo malo que guarda ese proyecto y hasta en varias ocasiones ha sido el responsable de leer un manifiesto. Siempre con palabras que transmiten clase y esa nobleza para defender lo nuestro, para no caer en manos de especuladores y para tener la dignidad de no dejarse vender. Algo que a tenor de lo publicado cayó mal a un medio de comunicación vendido a la minera y que siempre ha ignorado al pueblo y a su lucha, para ponerse el servicio de quien viene a destruir esta tierra. Como no podía ser menos la reacción en defensa de Pinto inundó ayer las redes sociales para defender a este ganadero de Casilla de Flores, hombre de inmensa cultura y que siempre lleva a Salamanca y sus valores en la bandera de su vida.

 

 

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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