Maza (zo) a la Fiesta

La Fiesta sigue desangrándose y lo peor es que quienes la dirigen miran para otro lado. Ahora ha escrito su réquiem la ganadería del Conde de la Maza y con ella se va otro símbolo de la Fiesta, por lo que estos días deberían lucir crespones negros todos los sectores de la Tauromaquia en señal de luto.

Con el Conde de la Maza desaparece una ganadería personalísima y aunque cierto es que hace años que atravesaba un profundo bache y apenas embestía jamás merecía este triste final, entre el olvido de quienes han convertido la Fiesta en su particular coto. Y lo triste no es que diga adiós esta mítica divisa, el problema es la sangría de hierros históricos que desaparecen tras quedar aparcados por las nuevas modas que dominan la Tauromaquia. Hoy, con el dolor propio, de algo tan grave vaya mi recuerdo especial para Leopoldo de la Maza y Falcó, el segundo personaje que ostentó este título concedido por Alfonso XIII en 1910 al abuelo del actual propietario.

Porque sin duda esta divisa fue la gran obra de Leopoldo de la Maza y Falcó, fallecido en 2002 y que había sido teniente coronel del arma de Caballería, hombre carismático y muy amigo de la Familia Real, grandote –de casi dos metros de altura-. Persona emprendedora e inquieta que desempeñó el cargo de alcalde de Morón de la Frontera por UCD y siempre se mostró comprometido con el colectivo ganadero ocupando cargos directivos en la Unión de Criadores de Toros de Lidia –UCTL-. Fue además uno de los primeros en buscar nuevas alternativas a la cría del toro y abrió para la explotación turística su finca Arenales, situada al lado de la misma base aérea de Morón, donde los aviones americanos pasaban sobre los toros al aterrizar.

Además, el anterior Leopoldo era un personaje con personalidad y carácter. Ahí está la ocasión que viajó a Madrid para una junta de la UCTL y fue atracado por unos delincuentes a punta de navaja; entonces, el Conde, que ya tenía sus años, con temple y medidos los terrenos hizo ademan de dejarse robar y cuando más fiados estaban los atracadores se lió a puñetazos con los tres mandándolos directamente al hospital en otra página heroica de su existencia.

Ahora, con lágrimas de nostalgia, uno recuerda diferentes momentos de esta ganadería, siempre con su sello de dura y que a tantos toreros hizo pasar un quinario; pero también hay páginas para el recuerdo gracias a faenas que han quedado ahí honrando a la divisa y firmados, escribo de memoria, por diestros de la talla de Manolo Cortés, los Campuzano, Cepeda…, más recientemente Luis de Pauloba, Oliva Soto, Pepe Moral. Pero si hay alguna que ocupa un sitio de honor entre los recuerdos vividos por este crítico fue en la feria de Salamanca de 1989. Ocurrió en la tarde del dieciocho de septiembre de 1989, donde se lidiaban toros de Atanasio Fernández para Julio Robles, Espartaco y Rafi Camino, saldándose con ¡diez orejas! Tarde donde además de la inmensa faena de Espartaco pasó a la historia por ser la última actuación de Julio Robles ante sus paisanos, marchándose con cuatro orejas en el esportón de sus éxitos. Aquel día en quinto lugar se lidió un sobrero colorao del Conde la Maza, que estaba inscrito con el nombre de ‘Buñuelo’. Fue un toro muy astifino y peligroso, manso de salida y defendiéndose en el resto de los tercios, al que tuvo que tragar mucho para torearlo en el tercio, cercano a la zona del ‘1’, jugándose la vida ante sus terroríficos pitones para protagonizar otro momento sublime de su biografía en Salamanca, al igual que años antes hizo con ‘Albahaca’, del Conde de la Corte, que dio a las a su carrera y en 1987 frente a ‘Carditieso’, un Atanasio en inolvidable trasteo. Aquella faena fue premiada con las dos orejas, pero sobre todo con la consideración y respeto de toda la afición, que se entregó a un Espartaco que se jugó la vida frente a un astifina sobrero que cogía moscas en el aire.

Ahora, que escribo este artículo con la tinta de la pena, vaya este último recuerdo al Conde la Maza, una divisa que ya entierra su existencia.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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