El Rubio, leyenda del toreo a caballo

A José Luis Cáneba lo llaman El Rubio por el color jaro de su pelo. Y con ese apodo ha pasado a ser uno de los personajes más queridos del ámbito taurino después de ser durante más de 30 años fuera uno de los mejores picadores Salamanca, cuna de grandes varilargueros.

Fue uno de los legítimos protagonistas de una época donde la mayoría de las figuras tenía a sus órdenes a picadores charros. Era el caso de su primo Victoriano Cáneba, los hermanos Aurelio y Juan Mari García, Salvador Herrero, José Manuel, la dinastía de los Matías, Victoriano ‘El Legionario’, los hermanos Rivas…

La hoja de servicios de José Luis Cáneba goza de todos los honores. De tanto relieve del que da fe que está adornado con nombres como El Viti, Camino, El Cordobés, Amadeo dos Anjos, Andrés Vázquez… por medio también hubo años en los que toreó por libre, consolidándose como un importantísimo torero a caballo. Así hasta el día que Julio Robles llama a sus puertas y entonces, El Rubio encuentra al torero por el que siempre había suspirado y halla además a  uno de los hombres más importantes de su vida.

Al lado de Julio Robles, Cáneba, un hombretón de anchas espaldas, manos de gigante y un corazón de oro, vivió los 15 años más importantes de su carrera. Sobre todo cuando cada temporada, el matador crecía hasta llegar a lo más alto del toreo en la década de los 80, consolidándose como uno de los mejores y más completos toreros de la época dejando una añoranza que sigue viva entre quienes disfrutaron con su arte.

Así, a su lado vivió muchos de los más importantes triunfos de Robles, entre ellas las inolvidables tardes de Madrid, de Málaga, de Almería, de Valencia, del Puerto de Santa María, cada septiembre en Salamanca, Valladolid o Logroño. O las memorables de Zaragoza, o de lugares más modestos, pero que siguen vivos en el corazón, como la vecina Plasencia, en cuya feria, Robles dictó lecciones de su arte. Y cerca, pendiente de todo, El Rubio, profesional de la puya que marcó escuela y tuvo el honor de picar algunos de los toros más importantes del llorado maestro.

Así, disfrutó de las tardes que Robles rivalizó al lado de Manzanares, de la histórica de los quites con Ortega Cano que pusieron la plaza de Las Ventas boca abajo o el pique que tenía en el ruedo con El Niño de la Capea -tan bueno para dividir apasionadamente a esta afición y levantar la feria- o con tantos otros toreros que, cuando toreaban con él se venían arriba.

Ahora pasea por Salamanca entre al cariño y afecto de sus miles de admiradores. Casi siempre está al lado de su íntimo Juan Mari García, picador de leyenda, o de otros amigos que también vivieron la pasión del toreo y con quien recuerda tardes de ilusiones en todas las plazas de España, Francia o América, como aquel año que se trajo de la feria colombiana de Cali todos los premios tras dictar una lección de toreo a cabello. Fue tan importante que cuando regresaba para el patio de caballos, con la plaza puesta en pie, lo hizo saludar con el castoreño durante varias veces tras protagonizar un tercio de quites del que se habló durante muchos entre la afición quiteña.

Aunque entre los ecos de su triunfal carrera no puede quedar apeado el nombre de ‘Baratero’, el mítico toro de Victorino Martín que lanzó a la fama a esa divisa, despertó la carrera de Andrés Vázquez e hizo figura a José Luis Cáneba ‘El Rubio’ tras protagonizar un histórico tercio de varas del que se habló durante años entre la afición madrileña.

Además es un hombre orgulloso de su estirpe. De su padre Antonio Cáneba, instalado en tierras charras desde su Jerez natal como domador de caballos hasta llegar a ser un cotizado picador en lujosas cuadrillas. O de su hermano Antonio, desaparecido hace varios años, quien fue un magnífico profesional; también Felipe, aunque éste de efímera carrera o su primo Victoriano, pero todos con tanta profesionalidad que supieron dejar el nombre de Cáneba a la altura de las mejores dinastías y ser una de las referencias del toreo a caballo durante la segunda mitad del siglo XX. sin-titulo-35

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “El Rubio, leyenda del toreo a caballo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *