La Tauromaquia es del pueblo

Cuenta que en cierta ocasión, recién finalizada la Guerra Civil, le preguntaron a Juan Belmonte por Joaquín Miranda, un antiguo banderillero de su cuadrilla que dejó el toreo e hizo fortuna con su carrera política llegando a ser gobernador civil de Huelva. Entonces, el pasmo de Triana, con su rictus serio y su voz tartamudeante respondió:

– Deggeegegenerando.  Dededegegenerandoooo.

Aquel Joaquín Miranda no sería el primer torero que se dedicó a la política, previamente lo hizo Luis Mazzantini, personaje ilustrado que antes de buscar fortuna en el toreo fue ferroviario y alcanzó el rango de jefe de estación en la toledana Santa Olalla, una vez que se retiró se dedicó a la política y llegó a ocupar importantísimos cargos, entre ellos el de gobernador civil de Ávila y Guadalajara.

Después y en cada época no faltaron profesionales que tuvieron en sus manos el bastón de mando, porque la Tauromaquia y la política siempre vivieron cerca. Era el ejemplo de Eugenio Fernández Angelete, fallecido el pasado verano y decano de los toreros en sus últimos años de vida, quien durante más de tres décadas, comprendidas entre el franquismo y la democracia –aquí ya por el PSOE-, fue alcalde de Baños de Montemayor, el precioso pueblo extremeño, situado ya en los límites con Castilla, famoso por sus termas.

Entre otros ostentó cargos públicos defendiendo al PSOE el gran torero Gregorio Sánchez, quien fue teniente de alcalde de Talavera de la Reina en las primeras legislaturas democráticas y acabó desistiendo porque en la política había mucha suciedad, algo contrario a un hombre tan recto y honrado como él.

Ya asentada la Democracia han sido numerosos los matadores, banderilleros, picadores que han estado en política, algo natural y defendiendo sus pueblos, ciudades y también a la Tauromaquia desde diferentes tendencias –Paco Herrera, que fue rival novilleril de El Viti; Julio Robles, alcalde de Ahigal de los Aceiteros, su pueblo; José Luis Palomar, concejal de Agreda…-. Además, en cada elección siempre había toreros que se dejaban ver con algún partido y eran simpatizantes de él, como pasó con Antoñete con sus ideas de izquierda  –de la izquierda cabal añorada hoy- nacidas en la hambruna de la postguerra y tan afín con Tierno Galván, Múgica, Corcuera, Felipe… en su dorada reaparición que lo convirtió además en icono de la movida madrileña.

Ahora, con tanto revuelo generado por unos cuantos toreros que entran en política, hay que recordar que no es nuevo, porque el toreo siempre tuvo inquietudes y las han demostrado para bien. Y aquí también hay que puntualizar que muchos van en las listas y sin posibilidad de salir, más que nada como apoyo. Es el caso de Salvador Vega, que cierra la lista popular en Málaga, lo mismo que hizo Andrés Vázquez en Zamora en la última legislatura que se presentó Antonio Vázquez. Las posibilidades reales de ser parlamentarios de la Cámara Baja las tienen dos; se trata de Miguel Abellán, número doce en la lista madrileña del PP y Serafín Martín, el tercero en la de Barcelona por Vox. Por ese Vox que tantas simpatías despierta hoy entre los profesionales del toro (hay otros dos banderilleros candidatos: Pablo Ciprés, en Huesca y José María Tejero, en Córdoba).

Desde hace tiempo, Santiago Abascal, el presidente de esa formación, encontró un filón después de que la Tauromaquia fuera zarandeada por la izquierda radical, en muchos casos con la contemplación de un PSOE, un partido que, desde la época de Rodríguez Zapatero, ha atacado en numerosas ocasiones a la Fiesta. Abascal, que aunque ahora vaya a los toros nunca tuvo gran interés por ellos, no ha hecho más que decirle a los taurinos aquello que querían escuchar y además lo hizo escoltado por Morante de la Puebla,  ayuda fundamental en su sorpresa andaluza. Abascal ha sido más listo que los demás y buscar ese montón de votos que tiene el toreo y nadie se quiso dar cuenta. Hasta la sorpresa de las elecciones andaluzas.

Me parece perfecto que los toreros se impliquen socialmente. Pero debe quedar claro que la Fiesta está por encima de cualquier ideología y en ella siempre tuvieron sitio todos, aunque la actual izquierda sea tan olvidadiza. Porque desconoce su propia historia, como ese capítulo llegado con la legalización del PCE y se celebraron varios festivales para buscar ingresos y antes, en la clandestinidad, ese partido comunista recibió dinero para subsistir de los hermanos toreros Pepe y Domingo Dominguín. Y por medio mil ejemplos que ahora, en estos tiempos tan confusos, quieren olvidar. Por esa razón que nadie se confunda cuando ahora la quiere encerrar en el cercado de Vox, porque la Tauromaquia es grande y está por encima de ello.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “La Tauromaquia es del pueblo

  1. Muchos toreros de la posguerra cuando torea an en mejico llenaban la caja de resistencia para q mejorase su vida los exiliados políticos

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