Antonio Ferrera, ¡qué ganas de aplaudirte!

Admirado Antonio Ferrera:

Escribo estas notas minutos después de ver salir por la puerta grande de Madrid a tu amigo Miguel Ángel Perera; a tu paisano, que ha defendido su sitio de figura para demostrar a la gran empresa, al llamado sistema que deben seguir contando con él en los carteles de las ferias. Porque además ahora están nerviosos porque acaban de brotar con tanta fuerza dos torerazos que se han ganado un sitio de postín, el cacereño Emilio de Justo y el sevillano Pablo Aguado, que debe refrendar su colosal tarde en Sevilla para protagonizar una nueva época en la Fiesta y dar el vuelvo tan necesario. Aunque el mundo empresarial sigue a lo suyo y mirando para otro lugar, como ocurrió el domingo en Valladolid donde Matilla –ese que dicen ser tan listo e ignoro dónde se lo verán- se rió literalmente de la clientela lidiando un indigno saldo que fue un atentado a la grandeza de la Fiesta. Cuando más falta hace demostrar que se deben hacer las cosas bien y mimar al público para que siga yendo a las plazas. Porque si a esta Fiesta le quitamos la emoción no es nada; y la emoción llega del riesgo de ver a un hombre jugarse la vida enfrente a un toro bravo e íntegro de pitones. No esa nueva matillada. Y tú que para ganarte tu sitio te has ganado un sitio con corridas tan serias lo sabes de sobra.

Mientras llegó el martes y a mediodía cuando andábamos ya metidos con las apostillas previas a la subida del telón de San Isidro corrió tu nombre como un reguero de pólvora por las redes sociales y los medios lanzaron la noticia, con la cautela que merece y el respeto que te has sabido ganar como toreo. Pero aquí ya sabemos que esta sociedad es tan amiga de opinar y hablar, más si el asunto se sale de cotidiano, por eso preferí no hablar, ni escribir. Y lo hago ahora, pasados unos días para mostrar tanta admiración como siento por ti y lo mucho que te he valorado. Desde aquel Ferrera de los inicios con tanta prisa para triunfar, a aquel otro que descubrimos una tarde de feria en Salamanca al cuajar un toro en unas líneas tan ortodoxas que a todos nos sorprendieron; o el del Pamplona, que cortó una rabo tras sufrir un palizón y acabaste con el pantalón de un monosabio.

Pero lo mejor llegó tras ese parón que vino al lesionarte un brazo en la plaza balear de Muro; ahí fue el Ferrera templado, artístico, inspirado y siempre con tanta torería, ¡cuántas tardes emocionado al tendido! Y me alegré aún más cuando desde meses antes de descolgar el vestido de luces ese genio del toreo llamado Juan Mora, que tantos os admiráis mutuamente, jamás se cansaba de alabar tus virtudes y decir que eras un elegido para honrar con arte y grandeza nuestra Fiesta. Y eso comprobamos en la vuelta prodigiosa con las grandes tardes de Sevilla, de Madrid, de tantas plazas. O de ese Montalvo que indultaste en Salamanca la pasada feria y te sirvió para llevarte la admiración de la afición charra.

Por eso te hiciste acreedor del premio Excelencia del Toreo, de Glorieta Digital, que únicamente galardona a maestros que son espejo y fuente para beber las nuevas generaciones. En aquella gala arropado por la Salamanca taurina hablaste con tanto cariño del arte que representas con tanta verdad, nada más que tu querido amigo y compañero Javier Castaño te entregó la distinción. Y luego hasta te emocionaste con las bellísimas palabras que te dedicó Juan Mora.

Por eso y por tantas cosas buenas que has regalado estos años. Por tanto como nos queda que aplaudirte y dedicarte crónicas que te has sabido ganar ya estamos deseando verte en San Isidro para recibirte con la mayor de las ovaciones antes de desgranar toda tu añeja torería  para gloria y grandeza de nuestra Fiesta. Te lo mereces y gracias por ser tan gran torero

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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