En Zamora, por San Pedro

Volver a Zamora por San Pedro es un acontecimiento. Esa fecha, la hermosa ciudad castellana, muestra todo su esplendor, siempre con la solera de sus viejas piedras. Por San Pedro toros en Zamora, también la tradicional feria del ajo y un montón de encantos alrededor de su fecha más festiva, la que guarda el tesoro de sus tradiciones. Nunca me canso de decir que en mis rutas por los caminos ibéricos ir a Zamora siempre es especial, de hecho cada visita es un todo un acontecimiento. Volver a pasear por el dédalo de sus hermosas calles, saludar a tantos amigos, paladear su exquisita gastronomía o reencontrarse con lugares cargados de magia y donde has desarrollado una inolvidable parte de tu vida es un regalo.

Ahora, en estos días de San Pedro, nunca falta la visita con el tono festivo que merece. Porque en el calendario anual de festejo s taurinos siempre cobra especial esplendor las corridas que acoge en estas fechas el coso de la calle La Amargura, templo torero que décadas atrás, en el esplendor taurino de la ciudad, vibró apasionadamente con su Andrés Vázquez, con El Viti –como en todo el orbe también ídolo en la vecina tierra-, con Camino, con El Cordobés e inmediatamente con El Niño de la Capea, Julio Robles o Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’, durante muchos años habitual en una plaza donde, en la mayoría de las veces, costó tanto colgar el ‘no hay billetes’. Y mira que en esa fecha, la afición Zamora se refuerza con numerosas gentes llegadas de Valladolid, León y, especialmente, de Salamanca para no perderse el día de San Pedro.

El público no respondió en la medida de la exigencia de un cartel de fuste

En esta ocasión, al calor de un cartel de las llamadas figuras –Morante, Juli y Manzanares-, también se preveía una de las grandes tardes, de las que marcan un hito en la ciudad llenando sus calles, sus restoranes… Sin embargo, entre otras cosas, a esas horas invitaban más a estar bajo la frescura del aire acondicionado que no en el horno de los cuarenta grados que se había convertido el coso taurino, aunque por esas fechas uno recuerda numerosas corridas en Zamora con un calor infernal. Pero en esta ocasión –olvidándonos de las fechas que vivimos- esa es la razón esgrimida para que con un cartel tan atractivo apenas se cubriera media plaza. Y se quiera reconocer o no, con el gancho de esa terna, ver los tendidos con ese aspecto es que algo no cuadra. Y ahí está la interrogación que más quebraderos de cabeza da. No obstante, entre el público asistente, se dejaron ver un montón de caras conocidas en las barreras y tendidos, entre ellos la flor y nata de Bilbao, con parte de la Junta Administrativa –Javier Aresti, a la cabeza- en el acontecimiento y teniendo de anfitrión a un zamorano bilbaíno de excepción Alfredo Echevarría, el actual marqués de Villagodio, quien fue el último eslabón de una ganadería de tanto éxito y protagonista de páginas memorables a mediados del pasado siglo ¡aquella faena de Pepe Luis en Valladolid! ¡los triunfos de Luis Miguel!, hasta que en 1982 fue vendida a Sayalero y Bandrés desapareciendo de los campos de Coreses aquel emblema ganadero y cerrando Zamora la página más gloriosa de la su página ganadera.

                               La Feria de Ajo, otra tradición zamorana de San Pedro

 

¡Malo tener que recurrir a la añoranza! Sin embargo la entrada si dio margen a varias a lecturas. La primera es que de nuevo se demostró que dejar fuera de los carteles de San Pedro al único torero de la tierra, a Alberto Durán, ha sido un error. De acartelarlo no hubiera habido menos público, posiblemente más al amparo de un matador tan querido por sus paisanos y quien merece ser apoyado por la organización taurina. En todos los lugares se apoya a los espadas locales, en todos menos en Zamora y se debe exigir la presencia de este joven matador. Más visto lo visto con las llamadas figuras.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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