Justicia para D’Alessandro con sus dos ‘Zamora’

El gran Jorge D’Alessandro está a punto de ser reconocido con el doble trofeo Zamora que le fue arrebatado la época que nuestra gloriosa Unión Deportiva Salamanca era un orgullo de fútbol español. Aquel año del primer ascenso a la máxima categoría, temporada 1974/75, cuando el equipazo que venía de Tercera acabó codeándose con los grandes y, ya en la élite, fue reforzado por Jorge D’Alessandro y Ricardo Rezza, el inolvidable central, junto a Aguirre Suárez, otro argentino llegado del mejor Granada –aquel que temían las delanteras- y no acabó de funcionar porque enseguida se lesionó y ya no fue capaz de remontar. Pero con la base de Huerta, Robi, Sánchez Barrios, Pita… fue el equipo sorpresa del campeonato, estando a puntito de jugar la UEFA y logrando ser la defensa menor goleada de la categoría, con D’Alessandro bajo los tres palos y aquellos baluartes que formaban Iglesias, Huerta, Rezza y Lanchas.

En eso equipo y durante todo el periodo que vino después en la máxima categoría, Jorge D’Alessandro logró mitificar su nombre como un portero excepcional, carismático, con talento y mucho fútbol. De hecho durante algunas de esas temporadas era el mejor jugador de la Liga –en tiempos de excelentes futbolistas- y allá donde iba la Unión, tan querida en toda España, D’Alessandro era un mito. Era el jugador del que todos querían tener autógrafos, estrechar su mano o admirar al portento físico que superaba el 1.90 y volaba literalmente para atajar los balones más difíciles. Era un ídolo y por culpa de una internacionalidad juvenil con su Argentina natal no pudo defender la camiseta de España al cambiar las leyes. Y no pudo jugar con nuestra Selección como lo habían hecho otros paisanos suyos nacionalizados, caso del genio de Di Stefano… Porque de haberlo hecho hubiera sumado un buen número de internacionalidades, especialmente entre el final de Iríbar y la definitiva irrupción de Arconada.

Sin embargo, Jorge, siempre fue un tío positivo y entregado a los colores blanquinegros, sintiéndolos tal que rechazó importantes ofertas muy ventajosas deportiva y económicamente para seguir defendiendo a su querida Unión y siendo el icono, con sus tardes gloriosas en ese Helmántico que nunca se cansó de aplaudir; con sus heroicas paradas en el Santiago Bernabéu, donde hay fotos de Pirri y Santillana felicitándolo, en orgullo deportivo, al no ser capaces de batir al genial meta charro. O aquellos partidazos en el viejo Atocha de San Sebastián, con miles de salmantinos en las gradas que allí se ganaban la vida y la llegada de la Unión era un acontecimiento tan grande como la fiesta del pueblo. O en el antiguo San Mamés, en el mismo que una tarde se dejó un riñón tras un choque fortuito con aquel talentoso Dani, el exquisito extremo riojano que escribió una gran historia en el Botxo.

D’Alessandro llega al fútbol español en una etapa que arribaron numerosos compatriotas suyos, ejemplos de Ayala, Panadero Díaz, Juan Carlos Heredia, Scotta. Bertoni, Roberto Martínez, Óscar Más Pinino, Brindisi, Mario Kempes… Casi a su par lo hicieron otros dos excelentes porteros, Fenoy y Carnevalli; el primero de ellos además tiraba los penaltis –especialmente en su etapa en el Celta- y el segundo una leyenda de una inolvidable Unión Deportiva Las Palmas que enamoraba con su juego de toque. Sin embargo, en esa baraja, el meta charro brilló y a sus portentosas cualidades, con paradas imposibles, se sumaba su gancho popular y un carisma que subieron a lo más alto y cada temporada era de los porteros menos goleados y ahí se ganó, con todos los méritos, los dos trofeos Zamora que por politiqueos le fueron arrebatados en su momento.

Dos trofeos Zamora, un galardón de máximo prestigio, que va a ir de forma definitiva a sus manos y cuando Jorge, desde hace tanto tiempo ya tenía asimilado el revés, ha sido gracias a Ángel Martín, medico que ejerce en Albacete siempre con su corazón bombeando sangre charra y aficionado al fútbol de bandera que vela por la grandeza de nuestra Unión y su blog desde mi grada vieja es el gran rincón al que acudimos los añorantes del inolvidable equipo blanquinegro.

Jorge D’Alessandro se ganó los Zamora en las canchas de juego, pero Ángel García ha sido quien lo ha rescatado y de justicia es reconocérselo. Y es que Jorge, el Pibe, el gordo es una leyenda del fútbol, de tal importancia que, fijaos, al sufrir el percance del riñón era tal su fama que, aquel lunes inmediato, el Telediario de las 3 abrió con esa noticia, algo inimaginable y que únicamente podía hacer con alguien de tanta grandeza.

Por eso, bienvenidos esos Zamora, porque además resucitan un inolvidable momento de nuestra gran Unión y, en el momento que se oficialice, es el instante de hacer ese gran homenaje a Jorge D’Alessandro que le debe esta ciudad en le que para siempre asentó su vida, donde nacieron sus hijos y sus nietos, en la que él ha sido tan feliz. Y es que en Jorge D’Alessandro.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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