López Chaves, al servicio de la grandeza de la Fiesta

Había expectación en Vitigudino, porque ver los victorinos siempre es un aliciente, además también se acartelaba López Chaves en esta nueva etapa de su carrera donde ha resurgido como un torero nuevo, importantísimo y con el poso de la veteranía; el resto también sumaba de cara al aficionado, especialmente el albaceteño Rubén Pinar, otro torero recuperado, mientras que Leonardo Hernández, el elegantes rejoneador, era el perfecto complemento para los muchos amantes que el arte de Marialba tiene en La Gudina y comarca.

Sin embargo hubo algo que sobró e indignó a los aficionados. Se trató de la presentación de los toros, indigna a todas luces para ser lidiados en una corrida de toros -¡que es algo muy serio!-, con cuernas indecorosas, donde había bizcos, acucharados, cornicorto, cornivuelto…, además de presencia muy desigual. Alguien dirá es que era Vititgudino y qué más queremos, pues no, cuando se anuncia un espectáculo taurino, sea donde sea, hay que tener unos mínimos de rigor. Y es que un ganadero del prestigio de Victorino Martín no puede lidiar por lidiar, porque toros como los de ayer siempre se sacan para festivales o se matan a puerta cerrada. Jamás en un espectáculo donde la gente paga un alto precio por la entrada. Fue la nota gris de la tarde y más viniendo de una leyenda, de quien ha engrandecido el campo bravo, de quien siempre buscó la emoción y jamás debe manchar con la tinta de la decepción su glorioso nombre, santo y seña de la bravura.

 

Y en esa paraje se salvó el buen fondo que tuvieron, además de tener al público a favor. Un público deseoso de aplaudir y de pedir orejas, peticiones que eran atendidas de manera muy generosa desde el palco. Pero dentro de la nefasta presencia y del triunfalismo hubo una feliz laguna de torería que la protagonizó López Chaves, un torero al que ahora da gusto ver en la plaza, con la seguridad y el sentido del temple, de los terrenos y las distancias.  Un torero que es el digno heredero del José Pedro Prados El Fundi y que engrandece los carteles. Muy bien en su primero donde inició la faena sobre la diestra con buen son y luego con la izquierda hubo temple y ligazón, mando y mucho oficio. La pena que no lo matase. Sin embargo lo mejor llegó en su segundo, donde vimos al López Chaves contundente y torero, seguro de sí mismo y sabiéndolo transmitir en esos momentos donde se vive con el aroma del poso. A ese segundo de su lote, de nombre Alevoso, que tuvo muy buen son, el de Ledesma lo recibió con diez verónicas como diez soles, abrochado con una torerísima media, después hubo otro quite con solera. Luego, ya con le muleta, llegó una particular sinfonía donde los acordes tocaban las notas de un torero grande que llegó a todo el mundo y supo hurgar, porque cuando alguien vive el momento de Domingo López Chaves es para disfrutarlo. Y para servir a la grandeza de la Fiesta.

Arrojo y entrega fue la tarjeta de visita de Rubén Pinar, un magnífica profesional; sus dos faenas fueron diferentes, más profunda en su primero y más enrazada la de su segundo y que cerró plaza, frente a un toro que no humillaba y protestaba en el engaño. Pero el albaceteño no se amilanó y tuvo claro que iba a salir en hombros.

La corrida tuvo el complemento de Leonardo Hernández, quien a nadie decepcionó. Frente a su primero, muy parado no pudo hacer más que acabar con él con profesionalidad. Pero fue en el segundo, un monteviejo muy noble y repetidor incansable a las cabalgadura, donde se lució a dos pistas, en quiebros, en banderillas y hasta mató perfecto. Por lo que se ganó los máximos trofeos –algo exagerados-, porque hizo disfrutar al personal montado sobre Calimocho, Titán

Y ya cuando se sol se ocultaba sobre los horizontes de la hermosa Lusitania, la terna salía en hombros, la mayoría felices de disfrutar de ese torerazo llamado López Chaves, que está al servicio de la grandeza de la Fiesta y decepcionados porque Victorino Martín no puede ensuciar su nombre con esos toros.

……………………….FICHA DEL FESTEJO……………………………..

Ganadería: Se lidiaron dos toros de Monteviejo, para rejones, el primero soso y muy parado, mientras que el segundo, de nombre Crujidor tuvo una gran calidad y fue premiado con la vuelta al ruedo. Y cuatro de Victorino Martín para lidia ordinaria, dispares de presencia y en general con buen fondo y nobleza; destaco el quinto, de nombre Alevoso, que fue premiado con la vuelta e incluso se le pidió el indulto.

Leonardo Hernández: Silencio y dos orejas y rabo

Domingo López Chaves: Ovación con saludos y dos orejas y rabo.

Rubén Pinar: Oreja y Oreja.

La plaza registró media entrada en tarde de mucho calor.

FOTOS: MIGUEL CORRAL (ARRIBES AL DIA)

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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