Adiós al señor Víctor, que hizo gala de la bonhomía

Del señor Víctor siempre recordaremos la bonhomía y hospitalidad que hizo gala, junto a la simpatía que regaló a quien se acercó a él durante su longeva existencia, porque era una de esas personas que contribuía a realzar su lugar de residencia. Lo recuerdo detrás de la barra del comercio grande de la Plaza, el de Francisco García, el llamado señor Quico y que más tarde pasó a manos de su hijo Modesto, ya con el nombre de Sucesor de Francisco García. Allí durante 50 años fue la persona de confianza, desde que cada mañana abría la trapa hasta que la cerraba al final de la tarde, siempre con exquisito trato a quien se acercó para consultar algo, recomendando al detalle la más adaptado a la necesidad del cliente, virtudes que le hicieron ser un hombre tan respetado y  llegó a contar con la amistad de tantísima gente. Conocía hasta el más mínimo detalle del sector de ferretería, hasta el número de piezas de una correspondiente medida en un determinado peso. También en las mañana de los domingos por las calles de La Fuente, después de regresar del huerto –cultivaba los mejores tomates del contorno- y casi siempre rodeado de algún familiar o la cuadrilla de amigos para hablar de la vida con el respeto que se supo ganar dando una vuelta por los bares fieles a la sana costumbre de tomar unos vinos.

                          Junto a su hijo Juan Carlos, en una foto reciente

Aficionado a los toros disfrutó plenamente de la Fiesta y supo admirar el arte de Pepe Luis Vázquez, el de Manolete -a quien además vio torear en varios ocasiones en Campo Cerrado-, de Antonio Ordóñez, de su amigo Jumillano, de los hermanos César y Curro Girón, tan habituales en el Campo Charro y a quienes trató con frecuencia, a Julio Aparicio y por encima de todos a Santiago Martín El Viti siendo un apasionado vitista y rendido admirador de la figura de El Viti, el maestro de la vecina villa de Vitigidino. Y más aún, el interés por la Tauromaquia aumentó a raíz de la magnífica baraja surgida en La Fuente de San Esteban, gracias a Paco Pallarés, Juan José y Julio Robles. Y hasta se ilusionó en los albores de los setenta cuando su hijo José Dani quiso ser torero y durante un par de años fue habitual en carteles de la provincia, porque para él sus hijos fueron la debilidad, siendo un gran padre y abuelo, pendiente de los detalles para tratar de allanar el camino de la vida, con el consejo justo y oportuno.

                           Cuando entrenaba al equipo de La Fuente en tarde triunfo

Si fue un distinguido aficionado a los toros, nunca quedó atrás la pasión por el fútbol, donde incluso fue el entrenador del equipo local en un tiempo que fue la referencia deportiva en esa comarca. Después estuvo muy arraigada su pasión a los colores blanquinegros de la Unión Deportiva Salamanca, de la que recordar históricas alineaciones de los años de la postguerra… con la leyenda de Pruden, junto a Joven, Nano, Dámaso… O tiempo más tarde fue rendido admirador de Abilio, para muchos el mejor jugador nacido a la vera del Tormes, hasta vivir momentos de máxima felicidad como la noche primavera de 1974 que, ante el Betis, el histórico gol de Sánchez Barrios aúpa a la UDS por primera vez a la máxima categoría y la ciudad sueña despierta ante la conquista de un hito hasta entonces inimaginable. Sin embargo, en su corazón también guardó una inmensa admiración por el Barcelona a raíz de la llegada de Kubala al conjunto culé y que ya nunca abandonaría. Porque el señor Víctor era fiel a sus ideas, siempre progresista y que todo el mundo pudiera vivir, al orgullo de la familia, al trabajo donde sumó medio siglo siendo un operario ejemplar. Pero por encima de todo a la propia existencia, dejando tallada su humanidad con la bonhomía y señorío que supo impregnar en todos sus pasos.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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