La raíz charra de Flores Albarrán

En 1919 España estaba inmersa en una grave crisis económica y social. Por entonces, ante las escasas expectativas de un futuro mejor, el Nuevo Mundo se había convertido en la meta de numerosos españoles que soñaban por cambiar la dureza de la tierra, a cambio de un precario salario, por la riqueza de Argentina, Cuba, Venezuela… países que recibían cada día miles de emigrantes de esa Europa pobre de la que formaba parte España. En Navales, un pequeño pueblo situado al lado de Alba de Tormes, muchas de las familias con menos recursos vendían sus escasas propiedades para costearse el billete a América, donde partían desde los puertos de Vigo o Santander (en ellos embarcaba la emigración de Castilla) rumbo a un destino que para todos iba a ser su particular El Dorado. Por entonces, en el Campo Charro, comenzaba a vivirse un enorme auge ganadero y familias como los Pérez-Tabernero, Cobaleda, Galache, Sánchez-Rico, Coquilla. Arranz… empezaban a saborear el triunfo que conlleva la cría del toro bravo.

En el censo de aquel pueblo de Navales también había dos hermanos dedicados a la agricultura y al trato de ganadero, ambos muy aficionados a la Tauromaquia y emprendedores a quienes la trashumancia les había llevado a conocer otros lugares. Se trata de Pedro Antonio y Francisco Flores Albarrán. El primero padre de ocho hijos, mientras que el otro permaneció siempre soltero. Pedro Antonio y Francisco Flores Albarrán, un buen día, al igual que aquellos que emprendían el viaje a América, deciden vender sus propiedades, pertenencias y todos los enseres de Navales para buscar de mejorar su futuro como agricultores y ganaderos en tierras de Jaén, influyendo también que Pedro Antonio era víctima de unas  dolencias producidas por los fríos del invierno salmantino que le provocaban fuertes dolores, por lo que le recomendaron ir a vivir a un clima más cálido, pero que no fuera al pie del mar debido a la humedad. De esa forma llegaron a tierras de Jaén, a una finca muy cerca de Andújar llamada Cabeza Parda, que adquirieron por la fabulosa cantidad de 425.00 pesetas de la época, lo que provocó que entre las gentes de la zona de Jaén se hablase durante años de aquella operación echándose las manos a la cabeza, porque para todos era una locura.

Establecidos en sus nuevos dominios, los Flores Albarrán, que llegaron a Andalucía vistiendo de charros, a la usanza de la época, se asentaron, fueron aumentando el patrimonio y crearon una ganadería que durante muchos años ha ocupado un respetado lugar en el mundo del toro a pesar de tener un devenir muy cambiante. Primero compraron reses a ganaderos de la zona, concretamente vacas de Pellón y Romualdo Jiménez, y mas tarde un nuevo lote, ahora un lote de Samuel Flores, al que compraron el hierro en 1.925 e ingresaron en la Unión de Criadores de Toros de Lidia. En su nuevo actividad pronto logran cartel, hasta que llega la Guerra Civil y las tropas republicanas asaltan la finca en varias ocasiones y dejan prácticamente exterminada la ganadería.

Varios años después, en 1.945 deciden rehacerse al compran vacas al viejo Samuel Flores, que tenía la finca Los Alarcones muy cerca de Cabeza Parda y se aumentan por otras compradas a Germán Gervás, también vecino. Y aquí comienza esta mezcla tan peculiar, a esas vacas samuelas desde 1.968 y durante cerca de un lustro son cubiertas por un semental de Ana Carolina Diez Mahou, llamado Guitarrero. Más tarde, en 1.971, se compra a la misma ganadería Cerrajero, que al morir al año, es comprado Venturero, comenzando ya a sacar sus propios sementales, produciéndose desde entonces un cruce por absorción.

Años después, llegado el cambio generacional, los ocho hijos solo quedaron como ganaderos Juan Antonio, Daniel y Pedro, siendo los toros de los Herederos de Flores Albarrán muy del gusto de distintos toreros, entre ellos la familia Bienvenida, protagonizando además un hito en un mano a mano formado por dos miembros de esa gloriosa dinastía. Se trata de la corrida inaugural de la temporada 1.960, en Las Ventas, con Antonio y Juan Bienvenida en el cartel, tarde donde se produce otro hecho que ha quedado en los anales, al anunciarse por primera vez el peso anunciador de las reses, siendo el primero en salir a la arena y por tanto anunciado su peso, el inscrito con el nombre de Clavito.

Hoy la finca se llama Medianería y dentro de ella está la primitiva de Cabeza Parda, en el corazón ganadero de Jaén, en una zona magnífica donde muy cerca pasta la divisa de Ramón Sorando o de Jacinto Ortega, además de la citada de Samuel Flores en Los Alarcones y también relativamente cerca está la finca La Virgen, donde se asentó el grandioso torero Luis Miguel Dominguín y vivió los últimos años de su vida. Allí, esta familia originaria del pueblo salmantino de Navales lleva un siglo engrandeciendo el arte de criar de toros y con el recuerdo vivo de Pedro Antonio y Francisco Flores Albarrán, aquellos de hermanos que, vestidos de charros, se establecieron muy cerca de Andújar, donde siempre tuvieron presente a su querido pueblo y también a la Virgen de la Natividad, patrona de Navales, de la que son devotos y a la que se encomendaban cada vez que embarcaban una corrida.

Pedro Antonio Flores Albarrán y su esposa rodeado de siete de sus ocho hijos

Porque ni los viejos Flores Albarrán que emigraron, ni tampoco sus herederos olvidaron su origen natal –donde están emparentados con varios ganaderos y diferentes personajes conocidos de la sociedad charra-, a la cuya capital siempre regresan por septiembre. De hecho ayudaron en diferentes obras, por ejemplo en la restauración de la parroquia de San Silvestre tras el incendio que la destruyó el dos de agosto de 1941, donde aparte de financiar las obras también regalaron una imagen de una imagen de Nuestra Señora de Navales, que salió en procesión por primera vez de manera solemne el día 8 de septiembre, de 1.942, día de la Virgen día de la Natividad.

Ahora esta divisa, que acaba de cumplir un siglo en tierra de Jaén, tiene como representante de la ganadería Pedro Luis, siendo su primo Juan Antonio Flores Benayas quien lleva la gestión administrativa de una divisa de la que también son dueños otros primos, todo ellos de la tercera generación. De una divisa donde sus propietarios sueñan con volver a lidiar de nuevo en La Glorieta, como testimonio y homenaje a Pedro Antonio y Francisco, quienes todas las noches soñaban con su querido Navales y cada mañana, al romper un día se encomendaban a la patrona, la Virgen de la Natividad.

 

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

5 comentarios en “La raíz charra de Flores Albarrán

  1. Preciosa historia, Cañamero.
    Me gusta mucho que escribas así, sobre diversos personajes que la mayoría desconocemos.
    (Con todo respeto: -y salvando las distancias- me recuerdas, inevitablemente a Navalon.)

  2. Admirado Paco
    Me gustan todos tus libros y todos tus articulos.
    Éste dedicado a la ganaderia de los Flores Albarrán me encanta, por lo espléndidamente documentado que está.
    Un fuerte abrazo amigo.

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