José Luis Mateos, el adiós a un hombre bueno

José Luis Mateos, el conocido por Saquito, al igual que su padre, tenía el don de la alegría, de la imperecedera sonrisa, de la amenidad… Por eso contaba con tantos amigos y allá donde estaba nunca pasaba inadvertido. Taurino de sangre y profesional, profesional del sector de seguros bancarios, futbolero de pasión que siguió por toda España a su querida UDS y al Atlético de Madrid, hombre mundano a quien encontrabas en cualquier rincón de la ciudad o la provincia, donde menos imaginabas, para recibirte siempre con un abrazo. Ese era el gran José Luis Saquito, un personaje. Un hombre de bien que se fue sin decir adiós. Con el hachazo traicionero de un infarto cuando tanto le quedaba por vivir, por sonreír, por seguir regalando su bonhomía.

José Luis era hijo del popular Silvestre Mateos, conocido por Tito Saquito y miembro de una familia muy conocida, muy salmantina y querida en todos los ámbitos sociales. Al padre comenzaron a llamarlo saquito debido a llevar siempre con él unos saquitos de jabón que representaba en sus tiempos de agente comercial y de ahí ya se le conoció siempre así y pronto lo utilizó como nombre artístico, porque entonces en el toreo encajaban muy bien este tipo de apodos. Tito Saquito, aficionado que comenzó a ver festejos en La Glorieta desde muy niño, pronto se decantó por los toros siendo ayuda y más tarde uno de los eficaces mozos de espada que ha dado Salamanca, además de ser un hombre pendiente de todos los detalles para que nada falte en el espectáculo. De su categoría profesional da fe el hecho que estuvo, entre otros muchos toreros, a las órdenes del mismo Julio Robles durante dos temporadas, en el periodo comprendido entre Ángel Peña Peñita y Paco Calzada.

Bebiendo de esas fuentes, José Luis Mateos y criándose entre capotes, muletas, estoques, esportones… pronto lo tuvo claro y aunque desde muy joven comenzó a trabajar en la aseguradora de Caja Rural, donde desarrolló una larga carrera profesional, enseguida se convirtió en un magnífico mozo de espadas que trabajó para toreros de la talla de Pascual Mezquita, Celso Ortega, Rui Bento, Jorge Manrique…y más tarde la mayoría de los chavales que pasaron por la Escuela de Tauromaquia.

Pero además de los toros era una persona que ponía todo el entusiasmo a cualquier actividad, desde ser el alma de una peña del Atlético de Madrid; de la peña taurina de Eduardo Gallo, de cualquier iniciativa allí estaba él. Siempre con su sonrisa y repartiendo esos abrazos que tanto vamos a echar de menos. Porque se ha ido, además de un gran taurino y un salmantino de pro, una excelente persona.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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