Gracias, querido Jorge D’Alessandro

Querido Jorge: En este día de emociones solamente te digo que toda felicidad que vivas es poca. Porque tu felicidad es la de toda Salamanca y de los seguidores de aquella Unión de la que fuiste estandarte y, al igual que El Cid, sigue ganado batallas después de muerta.

Aunque por el trabajo no pude estar esta mañana en el madrileño IFEMA en uno de los momentos más importantes de tu vida deportiva, sí estuvo allí mi alma y mi corazón. Me fastidió no acudir y más en algo tan importante para tí, que nunca me has fallado, pero sabes que la disciplina de un trabajo es como un entrenamiento, algo sagrado y al que nunca se puede faltar. Y hoy he sido más dealesandrista que nunca, que ya es decir. Además no veas qué orgullo en la ciudad donde la gente no hablaba de otra cosa. Y todos con la grandeza de lo que supones, de lo que quieres a Salamanca y de lo que significas para la inolvidable Unión y para las gentes de esta ciudad en la que tantos aplausos lograste, de la que son tus hijos y tus nietos. Esa Salamanca de la que hiciste tuya la canción del genial Rafael Farina. Porque tu, querido Jorge, fuiste por todos los campos con un botón charro prendido en tu corazón.

Y causando admiración, tuteando al Madrid, al Barcelona y a todos los grandes. Siendo el temor de Cruyff, de Quini, de Santillana, de Satrústegui… de magníficos delanteros que sabían la dificultad de marcar un gol contigo en el marco. Y tantas tardes memorables, con aquellos partidos en el viejo Atocha, donde la gente disfrutaba porque el espectáculo estaba en ti y en Arconada -que aprovechó para felicitarte en este día tan especial y decir que además de un porterazo eres una gran persona-. O en San Mamés con el Chopo Iribar, en ese San Mamés donde una vez…. O aquel día que se puso en pie todo el Santiago Bernabéu para tributarte una de las emociones más bonitas que se han visto en una cancha tras el recital de paradas que protagonizaste y al finalizar los jugadores del Real Madrid te dieron la enhorabuena y Pirri, el gran Pirri, después de darte un abrazo dijo que la Unión tiene a un genio bajo los palos. Y en todos los demás estadios dejaste tu impronta, porque fuiste la figura de una época de oro que además sembraste tanta humanidad.

Y reflejaba aquella vez de San Mamés cuando parecía que se truncaba tu carrera y todos los niños lloramos de pena ante nuestro ídolo roto. Pero tu que eras capaz de vencer todas las leyes de la física en el siguiente partido de la segunda vuelta, de nuevo contra el Bilbao, ya estabas ahí para volver a regalar tanta gloria a tu querida Unión. ¡Cuántos recuerdos, querido Jorge!

Hoy, cuando los medios han empezado a rebotar la fotografía del momento que recoges el premio he vuelto a ser aquel niño del que eras ídolo. Aquel niño que pasaba tan inquieto la jornada del sábado a la espera de la llegada del domingo para ir el Hemántico, acompañado de su padre y jalear a esa Unión donde tú eres el rey. Porque en esa Salamaca de nuestra infancia los niños queríamos ser D’Alessandro. Aquel D’Alessandro que hoy ha recibido el tributo de los Zamora ganados sobre las canchas y lo más importante, ha dado los dos títulos más grandes que logró esa Unión que, como El Cid, sigue ganando batallas después de muerta.

Gracias por todo, Jorge y por ser como eres.

PD. No puedo olvidar en esta distinción a Ángel Martín y su blog Desde mi grada vieja, que ha hecho posible esta bonita realidad. Mi admiración a Ángel, amigo, del querido pueblo charro de La Sagrada y médico en Albacete que siempre vive con tanto ardor el recuerdo de su querida Unión. Gracias Ángel.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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