Carta desde el cielo (homenaje a Julio Robles)

En la ofrenda floral-homenaje que, anualmente, organiza la Federación de Peñas ‘Helmántica’ coincidiendo con el aniversario de la muerte del maestro Julio Robles, se leyó un artículo ficticio que escribí poco después de su muerte en el desaparecido diario Tribuna de Salamanca, Aquel escrito, que era una carta imaginaria enviada por Robles a sus amigos, ganó un premio literario y también la publiqué en el libro que escribí sobre el malogrado diestro, en 2003. Hoy, tras ser leída por Gonzalo Sánchez García, presidente de Juventud Taurina de Salamanca, numerosos aficionados me la han pedido y por esa razón la publico en esta web.

LA CARTA ES LA SIGUIENTE:

No se si hago bien, o es abusar de lo feliz que soy, pero no me queda más remedio que transmitir mi mensaje de paz y felicidad. Todo como señal de gratitud por el cariño que recibí de vosotros durante mi existencia terrenal, durante los años que disfruté de mi profesión torera y más tarde al quedar postrado para siempre en una silla de ruedas.

Como no podía ser menos, soy muy dichoso al encontrarme con infinidad de amigos. Muchas veces, cuando voy de paseo por los senderos celestiales y saludo a viejos conocidos y aficionados que me llaman torero, no puedo menos que sentir un suspiro de alegría. Así os podréis imaginar que los días transcurren hablando de toros, rodeado por mis compañeros como con ganaderos y aficionados, además de otra gente que he conocido.

Fue especialmente maravilloso el momento de mi entrada. Aquel 14 de enero, a las cinco de la tarde, con todos los toreros dándome una ovación mientras hacía el paseíllo sobre una nube. Por momentos creí soñar cuando observé a Manolete, con su gallardía y seriedad; a Juan Belmonte, a Joselito ‘El Gallo’, también a mi entrañable padrino de la confirmación de alternativa, Antonio Bienvenida, que con su eterna sonrisa explicaba al Papa Negro y a sus hermanos Manolo y Pepote quien era yo. Allí estaban todos en medio de un estado dominado por la paz y serenidad, así hasta que al final del paseíllo, antes del encuentro con San Pedro tuvo su culminación cuando me encontré con mi querida madre a la que abracé con todo cariño y ternura, junto a ella estaba mi sobrino Juan Pablo, el que lloré tanto cuando siendo muy niño emprendió el camino del más allá y ahora era un ángel.

Fueron instantes de apoteosis, luego enseguida se corrió la voz de que había llegado y los días siguientes se sucedieron las sorpresas a medida que llegaban mis amigos. Enseguida vino a visitarme Peñita, mi fiel mozo de espadas, que desde entonces no se ha separado de mí; después Paquirri y El Yiyo, con los que toreé y disfruté por los mundos terrenales. ¡La de cosas que teníamos que decirnos! Con ellos me encontraba en cierta ocasión cuando sonó la puerta y al levantarme para abrir me encuentro al corpachón de Manolo Montoliu, con su capotillo al hombro y su elegante porte. Con Paco, José y Manolo pase la tarde rememorando nuestros años, pues tenía muchísimas cosas que contarle; como sucedió también con José Falcón, otro gran amigo al que traté mucho cuando él vivía en Salamanca y del que admiré su fuerza de voluntad y la simpatía que siempre le caracterizó.

Entrañable fue también el encuentro con don Florentino Díaz Flores, el señor Flores, al que llamo apoderado, porque me ha hecho tal propaganda que ha convencido hasta al mismo San Pedro, que no se casa con nadie, para que se haga seguidor mío que hasta me llama ¡maestro! en vez de Julio. Bueno, pues el señor Flores ahora se ha empeñado en que tenemos que ir al paraíso a torear el toro de San Marcos, no deja de insistir sobre ello en cuanto se tercia la ocasión y, al final, voy a tenerle que hacer caso como siempre, porque se las sabe todas.

Ahora, aunque siempre habló de la profesión, hay veces que me entra la morriña, sobre todo en mayo, por San Isidro, en San Pedro Regalado o en septiembre, cuando llega la feria de Salamanca. Entonces, cuando eso sucede y para matar el gusanillo, mi madre que tanto me conoce me confeccionó un capotillo de seda para lancear a las estrellas y así paso unos ratos fenomenales disfrutando del toreo. El otro día, mientras toreaba de salón escuché que me gritaban ¡olé!, levanté el mentón y vi a mi querido Manolito Escudero que estaba con Agustín Parra ‘Parrita’ ¡casi nadie han sido los dos¡ Escudero seguía con sus bromas de siempre, pero sin perder su categoría, aunque como siempre está empeñado en corregir algún defecto, porque como sabéis Manolo Escudero ha sido de los que mejor ha toreado con el capote. Por cierto que antes, cuando estábamos juntos o venía por casa como me hablaba mucho de Gitanillo de Triana, me lo presentó y quedé entusiasmado. Gitanillo está siempre con Rafael Albaicín y con Cagancho, del que tanto oí hablar a los ganaderos de Salamanca y en especial a Pilarin Coquilla, qué pedazos de toreros en la plaza, que apostura en calle, los tres siempre impresionan. Y es que éste Manolo Escudero sigue siendo igual de fenómeno.

No hará falta deciros que yo por la caza me sentía fascinado. Durante el invierno aprovechaba el descanso taurino para ir de montería y disfrutar del campo; ahora también me gusta pensar en aquel pasado y hablar de tantos momentos en unas esperas que a veces se hacían eternas. Por eso, aquí en el cielo, me he encontrado con muchos compañeros de monterías, pero existe uno muy especial al que admiré en la plaza por su personalidad y valentía. Me refiero a Luis Miguel Dominguín, con quien además tuve el honor de compartir la última tarde que se vistió de luces. Fue en Barcelona y yo no se porqué tuve la intuición de brindarle un toro. Ahora hemos vuelto a sentir esos momentos, aunque con Luis Miguel de lo que más hablamos es de caza, de las amanecidas que compartimos en la sierra de Cazorla o en Alcaraz. Como recuerdo, de vez en cuando imaginariamente apuntamos al lucero del alba, aunque Luis Miguel siempre se empeña en decir que es el número uno, yo no me enfado, lo dejo que sea feliz, él siempre tuvo mucho orgullo, aunque a mí durante un tiempo me pasó igual, pero ya redimí las penas. Como podréis imaginar, aquí no existe la maldad, esas cosas por las que nos pegábamos en la tierra, en esta otra orilla todo es armonía.

Luis Miguel está siempre con su cuñado Antonio Ordóñez, también con Henmingway y con Orson Welles, aunque otras veces se junta con Pablo Picasso, pero como ya digo con quien más disfruta es con su cuñado Ordóñez, al que adora.

Decía antes, que mientras hacía el paseíllo celestial presencié la imagen de Manolete, en la bienvenida de mi llegada, pero desde entonces no lo volví a ver, lo que ciertamente me mosqueaba. Por eso, en una ocasión que me fui de tertulia con Juan Mari Pérez-Tabernero, aproveché para recordarle que, como mi ídolo era Manolete, tenía especial interés en conocerlo. Entonces, Juan Mari que está casi siempre con su padrino de alternativa, Marcial Lalanda, también con Domingo Ortega, El Estudiante y  Antonio Márquez me lo ‘arregló’ y, a la mañana siguiente, mando que me dijeran para acudir en tal momento a tal sitio.

Donde me dijo, allí estaba, inquieto y nervioso, con mucha antelación. Justo antes de llamar, me abren la puerta y lo primero que descubro es otra feliz sorpresa al encontrarme nada menos que con don Atanasio Fernández (cómo será de importante éste hombre que lo seguimos llamando ‘don’), que se encontraba junto a su hijo Bernabé y los hermanos Paco y Salustiano Galache, ganaderos que me conocieron en mis principios. Con ellos departía cuando irrumpió Manolete. ¡Qué impresión! a pesar de haber visto infinidad de fotografías suyas, de vídeos y de lo mucho que me hablaron de él los ganaderos de Salamanca, nada tenía que ver con la elegancia, porte y señorío del que hacía gala.

Nada más saludar a Manolete cumplí otra ilusión, porque nunca pude ocultar que de los que están en esta orilla fue al que más admiré. Como recordaréis quienes estuvisteis en mi casa, en el palco de la plaza había tres grandes fotos en blanco y negro de mi terna ideal: Manolete, El Viti y Julio Robles. Luego, me sorprendí porque le han contado cómo fue mi vida en los ruedos, además me dio las gracias por aquella tarde que fui a la plaza de Linares, poco después del cincuentenario de su muerte a depositar un ramo de claveles blancos justo en el lugar donde ‘Islero’ lo corneó de muerte. Ahora, como nos hemos hecho amigos vamos a quedar más veces para hablar y una tarde también torearemos de salón, para estar preparados por si algún día les da por organizar una corrida, algo de lo que cada vez tengo más esperanza, sobre todo cuando nuestro patrón San Pedro Regalado sale al encuentro y nos jalea: ¡Ole ahí los toreros buenos! Ya sabéis que a los artistas nos gustan los piropos y cuando te dicen eso te creces.

Además, en el próximo cónclave celestial, San Pedro Regalado va a tratar la propuesta de una feria para que toreemos de salón; como es algo especial, el pregón lo va a disertar nada menos que don Juan Belmonte,  que como hacía en la tierra está todo el día rodeado de los intelectuales, como Valle Inclán, Pérez de Ayala, Sebastián Miranda, Díaz Cañabate, Cossío, aunque de vez en cuando llama a Joselito o a su hermano Rafael. No creáis que Belmonte tiene tanto énfasis al toro, lo justo, aunque es un filósofo genial.

En otra ocasión me llamó Juan Luis Fraile, con quien disfruto para que lo acompañara y presentarme a Graciliano Pérez Tabernero, que aunque apenas le interesan los toros, sí al menos se preocupa por saber qué fue de su ganadería. Pasamos con él la tarde y relatamos infinidad de anécdotas. Nos acompañó Felipe Hernández Zaballos y Chema ‘Rodeo’, de Ciudad Rodrigo, que es un gran teórico del toreo, a pesar de que, en ocasiones, sigue empeñado en hacerme rabiar. Con Graciliano disfrutamos de unas horas estupendas, mientras descubrí que se trata de un ganadero con un magnífico concepto de lo que debe ser el toro bravo.

Antes os hablé de Paquirri y de Yiyo. Ahora, dado el mucho trato que tuvimos, nos gusta reunirnos con frecuencia. Así, una tarde hicimos ‘novillos’ y marchamos hasta el paraíso, que está lleno de animales y es precioso, además hay pastores, vaqueros y muchos caballos. Aquel día, cuando llevábamos varias horas caminado sentí un vuelco en mi corazón desde el momento en el que a nuestra vera aparece un toro ‘burraco’, entonces me acordé del capote que me hizo mi madre y sentí rabia no tenerlo allí. Como pensé que sus intenciones eran las de cogerme busqué resguardo, entonces noté una reacción pacífica mientras se acercaba lentamente. Yo me quedé asombrado cuando presenciaba sus ojos humedecidos. ¡Díos mío, si eres ‘Timador’!, dije a viva voz. Y él asintió con su cabeza, mientras se acercaba aún más hasta arrodillarse frente a mí, con su cara empapada por las lágrimas que caían de sus ojos.

Intuí lo que quería y le dije: «No tengo nada que perdonarte, te criaron para ser bravo y vender cara tu vida, cumpliste con tu obligación y desde entonces nuestros nombres van unidos»; a la vez que le decía eso arranqué de una encina un ramón y se lo ofrecí con la mano izquierda, mientras lo comía lentamente empecé a trazar un natural con garbo y naturalidad. Entonces me sentí tan realizado y me di cuenta que todo lo tenía hecho. Después besé a ‘Timador’, él me lamió las manos y lentamente marchó hasta desaparecer de nuestra presencia no sin antes lanzar un largo turreo que me recordó las tardes de tentadero en Campo Cerrado; mientras, alcé la mano y le dije: «Adiós, hasta siempre ‘Timador’, amigo».

Después regresamos al cielo, aunque yo en el camino no dije ni palabra, pues iba nervioso y muy feliz, como flotando en una nube. Al llegar, Paquirri que se había adelantado para dar la noticia, me alzó en hombros y así me paseó durante varias horas. Mientras, la gente salía a la calle y me gritaban: ‘Torero-torero’.

FIN

Gonzalo García, presidente de Juventud Taurina en el momento de leer la carta.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

45 comentarios en “Carta desde el cielo (homenaje a Julio Robles)

  1. Siempre en mi corazón y la carne de gallina, cuando te veo o leo algo sobre ti, mi gran amigo y admirado torero. Te quiero y no puedo llegar a creer que hoy se celebre un dia así

  2. Cañamero cuando escribe…lo hace con mucho sentimiento es muy sensible a la h de escribir,,trata de no herir los sentimientos de nadie..Si has leido …aquella mñna de diciembre veras que es todo sensibilidad y ya ves la carta desde el cielo,,igual…..

  3. Que pasada de carta Enhorabuena,,,,yo recuerdo a su madre esperando la llamada de julio veniamos desde el bar de mi tio paulino a decirle como transcurría la faena ,ella rezando a el cielo para q a si hijito de el alma no le pasara nada ,,,,gran familia gran torero

  4. Paco… Preciosa carta escrita con un Gran Sentimiento, Emociona. Un Gran Recuerdo al Maestro Julio Robles… Orgulloso de Nuestra Salamanca.
    Me gusta mucho el Recuerdo, que has hecho a Grandes Maestros del Toreo, Ganaderos y Intelectuales.
    Y muy Especial a José Falcón.
    Gracias

  5. Impresionante, Paco. Qué magnifica y sentida escritura, mucho más que una pieza literaria, esta carta por trascripción del añorado Robles.
    Te dieron ya un premio, pero, créeme, mereces muchos más reconocimientos. Te has metido en el alma del torero para contarnos su estilo de vida en el más allá, haciéndonos mucho más fácil y hasta algo placentero el final que a todos nos ha de llegar. Ese buen ambiente en el Cielo es la meta deseada por todos los que creemos en Dios y somos aficionados al toro.
    Un gran abrazo, con mi reconocimiento,
    Juanmi

  6. Buenos dias. Yo soy citricultor creo que lo sabes y despues de leer tu espectacular carta escrita supuestamente por Julio Robles de tu puño y letra me siento emocionado y fustrado por no tener esa facilidad de comunicacion que tu tienes enhorabuena pero a la vez me siento muy orgulloso de ser amigo tuyo y poder hsblar con tigo y que medes algun consejo aunque deves de recordar que soy citricultor y lo que tengo es una aficion desmedida por la tauromaquia. Saludos. Por cierto estoy preparando una exposicion fotografica que expondre en la plaza de toros de Valencia en la feria de Fallas. Ya te cuento amigo

  7. La verdad es que estuviste fino y elegante, con mucha torería, en este artículo que te sacaste de la manga con una imaginación muy elegante. Como siempre Caña hay que felicitarte porque lo has hecho de diez. Fuerte abrazo.

  8. Como siempre, excepcional!!!
    Gracias a esos aficionados que te han pedido que lo publiques, pues gracias a ellos he podido leer esa hipotética carta de Julio y gracias a tí por haberla escrito.
    Gracias, gracias y gracias!!!

  9. Extraordinaria carta homenaje al Maestro Robles, seguro que su espíritu en el cielo la leyó emocionado y desde allí te da las gracias igual que te las damos todos los que te leemos, un abrazo Paco

  10. Muchas gracias Caña!. Hoy estuve en la glorieta en el homenaje al maestro Robles estuve escuchando en vivo y en directo está Magna carta!!.. no me aparecía tu voz!.. pero aunque yo me encontraba en la parte trasera del silencioso tumulto!.. entendí que eso no lo había escrito el maestro Robles!. Enhorabuena Caña!.

  11. Gracias Paco. Bonito homenaje. Gran persona y gran figura del toreo. Deseo que el mundo taurino y la fiesta nacional , no vaya en declive.

  12. La termino de leer, una vez más, mi enhorabuena, ha habido momentos, que he sentido como los pelos, se me erizaban, al mismo tiempo que sentía un escalofrío, raro en mi.
    Paco, me ha gustado.

  13. De esta carta que es de verdad muy bella, yo tengo el original del periódico y que expuse hace años en la semana cultural junto a carteles taurinos, fotografías, motivos taurinos etc. Enhorabuena Paco.

  14. QUERIDO AMIGO PACO:
    NUNCA HABÍA LEÍDO NADA MÁS HERMOSO QUE ESTA CARTA. ME EMOCIONA ENTERA ESTA MARAVILLA LITERARIA. BIEN SABES CÓMO QUISE YO A JULIO, QUE FUE OTRO HIJO PARA MÍ Y IEMPRE RECUERDO ESOS TRÁGICOS MOMENTOS DE LA ENFERMERÍA DE BEZIERS CUANDO ME DECÍA, «VICTORIANO NO ME DEJES MORIR…». EN MI NOMBRE MIL GRACIAS POR ESE TESORO.
    VICTORIANO VALENCIA

  15. A Paco Cañamero le doy las gracias por esta maravillosa carta, aunque ya en su día la leí se me ponen los vellos de punta y es como si le estuviera oyendo a él, vuelvo a darte las gracias y un fuerte abrazo!

  16. Es un placer recordarte año tras año, te fuiste muy pronto y a penas pude verte torear, pero la impronta que has dejado en el mundo taurino, Salamanca y España es latente, por ello, he asumido con mucho gusto leerte hoy la «carta desde el cielo» escrita por Paco Cañamero.

    GLORIA ETERNA, MAESTRO ROBLES.

  17. Acabo de leerla Paco, no se porque pero según la leía, en mi cabeza lo iba viendo todo.
    Preciosa la carta que incluso he tenido que parar varias veces porque se me atascaba en la garganta.
    ¡¡Enhorabuena Paco!!

  18. No se puede escribir mejor
    Esta carta es consecuencia del enorme respeto , cariño y admiración por la persona de Julio. A todos nos conmueve la lectura, y por un momento, también creemos estar paseando entre las estrellas.
    Felicidades por enlazar palabras de forma tan hermosa como lo has hecho en esta ocasión.

  19. ¡Enhorabuena! una delicia de carta con una sensibilidad asombrosa, no es para menos el recuerdo del Gran Maestro Julio Robles lo llevaremos siempre en el corazón y en nuestra mente.

  20. ¡Enhorabuena! una delicia de carta con una sensibilidad asombrosa, no es para menos el recuerdo del Gran Maestro Julio Robles lo llevaremos siempre en el corazón y en nuestra mente.

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